SANTO DOMINGO.- La reciente declaración del secretario de Hacienda, Vicente Bengoa, restando importancia al déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos, estimado para el 2008 por el economista Carlos Despradel en el orden de los US$4,000 millones, debido a que será financiado mediante la cuenta de capital, permite afirmar que el uso de esta fuente de financiamiento a los déficits externos constituye la política oficial del Gobierno al respecto.
Esto así, porque una declaración similar había sido emitida anteriormente por el gobernador del Banco Central en el Centro León de Santiago y en consonancia con lo consignado en el Informe sobre la Economía Dominicana para el 2007 que elabora y publica esta institución.
Ante esta situación, hay que preguntarse hasta dónde es conveniente que el déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos sea sistemáticamente financiada con la cuenta de capital y cuales son los efectos internos en la economía nacional, sobre todo si se tiene en cuenta la vulnerabilidad que provoca la denominada inversión en cartera de la cuenta de capitales de la balanza de pagos en una economía cuya reserva monetaria neta o líquida no es tan tranquilizante como pregonan las autoridades.
A diciembre del 2007, según el Informe citado, estas sólo garantizan 35 días laborables de importaciones ante un nivel de importaciones nacionales de US$11,289 millones anual frente a reservas netas de US$1,625 durante los 250 días laborables que tiene el año. Las reservas no son tan holgadas como intentan hacer creer las autoridades.
La inyección de US$100 millones anunciada por el Banco Central constituye una intervención inicial insinuante de otras para deprimir los precios de bienes de consumo importados en el contexto electoral, pero el agotamiento de las reservas netas puede encontrarse al doblar de la esquina.
Ponderando que un asesor técnico de la Secretaría de Economía acaba de admitir lo que ya era percibido por protagonistas del debate económico nacional relativo al agotamiento de los recursos fiscales para sostener la caravana de subsidios instituidos por el gobierno dentro de la presente campaña electoral, la economía y las finanzas públicas están expuestas a quedar completamente exhaustas al término del período electoral.
Pero aún son el agotamiento de las reservas netas en este corto plazo, como de hecho se ha admitido el agotamiento de los recursos fiscales, se impone cuestionar la política oficial de seguir ordinariamente financiando los déficits en la cuenta corriente de una balanza de pagos presionada por el crecimiento de importaciones de bienes de consumo frente a exportaciones moderadas por la caída o lento crecimiento de la producción nacional.
Para el año 2007, siempre según el informe del Banco Central, el déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos fue de US$2,231 millones, siendo el componente principal el correspondiente al balance del comercio exterior de bienes que ascendió a US$6,580 millones como consecuencia de importaciones totales por US$13,817 millones y exportaciones que incluyen zonas francas por US$7,237 millones. Gracias a estas zonas francas, al turismo y a las remesas, el déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos pudo reducirse en unos US$5,000 millones.
Una parte del déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos fue financiada por Inversión Extranjera Directa (US$1,698 millones), lo cual implica un efecto positivo por tratarse de la adquisición de activos (terrenos, edificaciones, equipos, maquinarias) y orientada hacia proyectos generadores de bienes y servicios en sectores como turismo, comunicaciones, energía. La diferencia de US$533 millones fue financiado por capitales o inversiones en cartera, según las autoridades.
Esta cifra prácticamente coincide con los US$537 millones que pueden suponerse que constituye la inversión de capitales o en cartera en el sector público, puesto que el total de inversiones por este concepto citado en el Informe del Banco Central fue de US$991 millones a la que deben descontarse las emisiones de bonos por parte empresas privadas (US$454 millones).
Es importante destacar que estas estimaciones se deben a la falta de los anexos que usual y tradicionalmente publica el Banco Central que para la presente ocasión todavía no han aparecido en el portal electrónico de esa institución.
De esas informaciones puede inferirse que el déficit no financiado por inversiones directas de la cuenta corriente de la balanza de pagos se ha financiado con capitales invertidos en instituciones públicas como el mismo Banco Central, situación que presenta las limitaciones que se explican a continuación.
Los capitales financieros en carteras, especialmente públicas, demandan tasas elevadas de interés para que el flujo de recursos sea atraído y mantenido positivamente. Esto tiende a presionar todas las tasas de interés pasivas y activas del sistema bancario, encareciendo el costo del crédito y de producción de actividades como la agricultura y la industria que no resisten tasas elevadas, y disminuyendo la capacidad de exportación de bienes con el consecuente agravamiento del componente comercial del déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos.
Esto sucedería especialmente en la capacidad de competir con otras naciones que forman parte de acuerdos comerciales con República Dominicana, como el DR-Cafta, que opera con tasas de interés mucho más bajas. Si dentro de esta disyuntiva se tratara de reducir la tasa de interés para disminuir el costo del dinero y de la producción agrícola e industrial con miras a aumentar la competitividad de nuestros sectores productivos primarios y consecuentemente de las exportaciones, se disminuiría o ahuyentaría la capacidad de atracción y retención de capitales financieros. En este contexto se presenta el dilema de la vulnerabilidad de la economía ante la volatilidad de los capitales financieros.
Los capitales financieros requieren estabilidad de la tasa de cambio para garantizar que el valor invertido en moneda fuerte no sufra deterioro del valor de la moneda fuerte originalmente invertida cuando ha sido canjeada a moneda nacional. Una devaluación del peso dominicano acarrea consigo que con los mismos pesos que se obtuvieron al canjear dólares para invertir financieramente en el país se obtendrían menos dólares. Ante cualquier señal devaluatoria, los inversionistas se encuentran tentados a retirar sus inversiones por temor a que se origine una centrífuga devaluatoria que los descapitalice progresivamente.
Las inversiones financieras también están requiriendo cada día más el cumplimiento de una serie de disposiciones colaterales que afectan la imagen del país, algunas de ellas consagradas en acuerdos internacionales, como estabilidad política, seguridad personal y jurídica, respeto a normas laborales y ambientales, combate efectivo a la corrupción, regímenes de adquisiciones de bienes y servicios mediante licitaciones y combate al narcotráfico.
Para todas estas variables, se han venido creando durante los últimos años instituciones privadas -foros y fundaciones- que las miden, sintonizando más con el origen privado de los fondos que se invierten. Algunas de estas instituciones llegan a competir con las ya conocidas certificaciones dictaminadas por organismos internacionales como el FMI y por gobiernos, ambos susceptibles a transacciones políticas y burocráticas en función del interés mutuo de ambas partes.
Los dictámenes del Foro Económico Mundial orientan más la inversión privada extranjera que los del propio FMI, quién sabe si por los sucesivos fracasos y críticas, tanto internas dentro del mismo organismo como externas, de instancias de las sociedades en cada nación y de la comunidad internacional.
Más aún ante la creciente y progresiva falta de sintonía que se observa entre los gobiernos y los organismos multinacionales oficiales, precipitados por las crisis que se están afrontando en el presente: petrolera, alimentaria, inmobiliaria, financiera, han llegado a mutuas acusaciones de responsabilidades sobre sus orígenes y causas. Nunca como ahora han discrepado tanto las apreciaciones y responsabilidades de los gobiernos de Estados Unidos y el grupo de potencias agrupadas en el G7 con los organismos del sistema de naciones unidas que incluyen FMI, Banco Mundial y FAO.
PERCEPCIÓN
Las diferentes percepciones y enfoques frente a la crisis alimentaria y frente a la crisis económica detonada luego de descuido y negligencia por parte de gobiernos y organismos rectores que hoy se acusan mutuamente sobre las normas que debían regir los sistemas de financiamiento inmobiliario e hipotecario así como la quiebra de las llamadas agencias calificadoras de riesgos como parte del desplome de la confianza y la credibilidad en el mundo financiero y bursátil que estamos siendo testigos en estos tiempos, constituye otra señal de riesgo a tener en cuenta para la atracción de capitales financieros.
Ante cualquier alteración de las variables citadas se produce una tentació de los capitales financieros. Una experiencia al respecto fue la ocurrida en las naciones conocidas como los “tigres de Asia” por la ocurrencia de fenómenos de salida brusca de capitales, agravados por elevadas inversiones dentro de una economía burbujeada por altas tasas de crecimiento durante varios años sucesivos, situación que también observa la República Dominicana donde las propias autoridades centran el éxito de su gestión en el elevado crecimiento de la economía. Las economías que financian sus déficits en la cuenta corriente de la balanza de pagos con flujos de capitales en cartera pública corren el tipo de riesgos que hemos dibujado.
Mas aún cuando las autoridades se dejan inducir por una situación equilibrada en base a lo que puede calificarse como espejismo y hasta se vanaglorian orgullosamente de resultados que escudriñados profundamente no solo no son reales, sino muy vulnerables.
Si encima de todo ello las autoridades nacionales retoman la práctica seguida en el pasado cuando predominaba un intervencionismo altamente inspirado en razones políticas contrariando las leyes del mercado a través de inyecciones para reducir artificialmente la tasa de cambio, resulta pronosticable un más rápido agotamiento de las reservas monetarias de la misma manera como ya ha sucedido con las finanzas públicas, lo cual dejaría completamente exhaustas las arcas públicas: el erario y las bóvedas.
Seguir recurriendo, con reservas cada vez más exiguas, como profilaxis, a capitales foráneos atraídos mediante altas tasas de interés para financiar los déficits provocados por un sector productivo castigado por la política de altas tasas de interés, constituye un modelo insostenible y peligrosamente riesgoso, que debe ser radicalmente cambiado por un modelo que reduzca la causa de este déficit mediante el aumento de la producción exportable y reductora de importaciones. Para ello es necesario que las autoridades eviten agotar las reservas monetarias como han agotado las reservas fiscales.