SANTIAGO DE CHILE.- El respaldo que los mandatarios sudamericanos agrupados en la UNASUR brindaron ayer en Chile al presidente Evo Morales trascendió las fronteras bolivianas, enviando una clara señal a Estados Unidos de su menor influencia regional y consolidando a Brasil como actor hegemónico en el subcontinente.
Quizá por ello, y pese a los 30 muertos que dejó ya el conflicto, Morales llegó sonriente al palacio de gobierno chileno, para denunciar ante sus pares el golpe “cívico prefectural” en su contra, con “saqueo y robo a instituciones del Estado, intento de asalto a la policía nacional y a las Fuerzas Armadas”.
Finalmente, la crisis entre el gobierno socialista boliviano y los prefectos de cinco departamentos autonomistas no sólo dejó 30 muertos y la advertencia de que la partición de Bolivia puede ser “irreversible”, como dijo el secretario general de la OEA, José Miguel Insulza.
El conflicto también movilizó fuerzas globales, regionales y locales. Pendiente de sus intereses gasíferos, Brasil sostuvo desde un inicio que “no reconocerá a ningún gobierno o intento de gobierno que quiera sustituir al gobierno constitucional de Bolivia”.
Aún más, un asesor del presidente Luiz Inacio da Silva demandó “una solución rápida”, que resguarde los “intereses nacionales” de Brasil. O sea, la seguridad energética, que fue cuestionada cuando grupos opositores cortaron el suministro de gas la semana pasada.
Los términos
Por ello, y pese a las reticencias iniciales, Lula arribó a Chile a firmar la declaración de UNASUR, en la que Brasilia impuso todos sus términos. Es decir, la creación de una mesa de diálogo, el reconocimiento de la legitimidad del gobierno de Evo Morales y el rechazo a la fragmentación territorial del país andino, además de una no intervención directa como propulsaba Caracas.
Los presidentes de Venezuela, Hugo Chávez, y Ecuador, Rafael Correa, enfrentados a transformaciones institucionales y económicas similares a las de Bolivia, resaltaron que la acción de UNASUR marcará el futuro de la izquierda latinoamericana.
“Aquí vamos a ver si la integración es verdaderamente efectiva o puro bla bla”, sostuvo Correa, apenas pisó el aeropuerto internacional de Santiago. “Todos sabemos lo que está pasando en Bolivia, aquí no caben fariseísmos, los fantasmas que creíamos desterrados de la región vuelven a aparecer en otras formas, con otras vestimentas, como otros espectros, pero son los mismos fantasmas de antaño”, recalcó.
Chávez agregó que “las cosas han cambiado” y que los países sudamericanos ya no son los “mudos” que dejaron caer al gobierno socialista chileno de Salvador Allende en 1973, a manos de una conspiración de EEUU...
Washington, ausente
Pero la declaración de UNASUR también marcó un nuevo debilitamiento de Washington en la región. Lo primero y más notorio es que EEUU no estuvo en la mesa de negociaciones y que el foro preferido por Washington para ver estos temas, la OEA, quedó relegado a un segundo plano, casi operativo.
Quizás por ello, y privilegiando su estrategia de desarrollo y vínculo con la potencia norteamericana, el presidente peruano, Alan García, desistió de concurrir a la cumbre de la UNASUR, favoreció el papel de la OEA y remarcó que su país no irá tras los pasos de Venezuela y Bolivia.