Ganar la Serie del Caribe con marca de 4-2 ha ocurrido once veces en los 54 eventos que se han efectuado en las dos etapas. De esas once ocasiones en esta edición 2012 los dominicanos obtuvieron el cetro con esa marca por sexta vez.
El haberse determinado el ganador de la Serie del Caribe tan temprano como fue en el noveno partido incita que el planteamiento sobre lo obsoleto del reglamento para definir el campeón se fortalezca. Sin embargo en el pasado esto ocurrió solo en otra ocasión, en 1980 con Licey, también aquí en Santo Domingo, pero asimismo ese reglamento ha inducido que en seis ocasiones se haya tenido que efectuar un juego extra para definir el campeón. Si algo bueno tiene ese esquema de calendario es lo deportivo. Gana el que juegue mejor enfrentando a todos sus rivales.
Para emitir juicios sobre el sistema de juego de la Serie del Caribe lo recomendable es hacer el ejercicio que determine como ha funcionando en el pasado precisando el campeón. La baja asistencia que en los últimos años se ha manifestado necesariamente no tiene que ser por el tipo de calendario que la sostiene. Hay otros elementos y el más relevante es la relación que hay entre costo y calidad del espectáculo. Por razones conocidas es muy difícil disfrutar de atletas de alto nivel, la mayoría de los participantes son personajes de glorias pasadas que en el verano vagan por circuitos independientes. Realmente son los mismos que protagonizan los torneos invernales que en por lo menos tres de las cuatro ligas que componen la Confederación reciben un respaldo caluroso de público. Se concluye entonces que la diferencia obedece a los valores de la taquilla y la menor o mayor pasión que provocan los rivales.
No obstante ya en el mundo de hoy el éxito de este tipo de espectáculo no radica en lo recaudado por la asistencia al estadio, los medios electrónicos han determinado la diferencia. Sería interesante saber si de alguna manera científica se conoce la cantidad de fanáticos que “asistieron” al evento a través de esos medios. Financieramente la Serie del Caribe es rentable, cada año se monta el evento con sólidas garantías que a su vez ofrecen beneficios a los patrocinadores y comercializadores.
Si en el México de los años cuarenta cuando Jorge Pasquel desafió al béisbol organizado esa hubiese sido la situación, otra fuera hoy la geografía de las grandes ligas.