El personaje de esta historia surgió como un infielder, primero jugó como torpedero, luego se especializó en defender la intermedia, y al final de su carrera se desempeñaba en la inicial o como bateador designado.
En sus comienzos con los Leones del “Escogido”, en aquellas ocho temporadas todavía no era tan fuerte como luego se convirtió, masacrando todo lo que le pasara cerca del “home plate”, llegando a ser un bateador descomunal. En las filas de los melenudos, Franco tuvo dos campañas exitosas, las de 1984-85 y 1985-86, en las cuales disparó para 330 y 348 respectivamente.
La verdad que Julio César supo manejar a la perfección el madero, la habilidad que poseía en conectar la esferoide la mantuvo durante toda su carrera de beisbolista.
En el campeonato de 1991- 1992, el criollo pasó del “Escogido” a las filas de las “Estrellas Orientales” y en la grey de los paquidermos verdes, el hombre acabó con los lanzadores contrarios.
En esos años, defendiendo la casaca de San Pedro de Macorís, ganó un liderato de bateo. Aquello ocurrió en el torneo de 1997-98, cuando el aguerrido “slugger” disparó para el astronómico average de 436 puntos, producto de 58 hits en 133 oportunidades.
En esa ocasión sopló tres cuadrangulares, anotó 30 vueltas e impulsó 26 carreras. Además conectó nueve batazos de doble efecto.
Su paso por las Estrellas fue muy positivo, pues los numeritos que logró a nivel ofensivo hablan por sí solos.
En aquellos campeonatos, Franco obtuvo averages de 560, 436, 388 y 429.
Realmente, este jugador oriental debe de estar incluido entre los buenos bateadores que ha producido el béisbol dominicano.
Su labor en su patria y fuera de ella, resultó magistral. Los próximos capítulos así lo atestiguan.
La primera vez que usted presencia al oriental en acción, jugando, no importa la posición, le impresiona de la manera que participa en el terreno de juego, siempre listo para encañonar la bola, saca el bate rápido, tiene buenas manos y cubre mucho en la grama verde, es decir, en otras palabras el muchacho es necesario en un team de pelota, pues llena su cometido como player que sabe realizar las jugadas.
Julio César siempre demostró interés como “player” que deseaba llegar lejos, sus aptitudes le favorecían y el cañón de su bate decía la última palabra. Era un jugador apetecible para cualquier organización, ya que daba el ciento por ciento en la refriega del juego.
Lucía un campeón. Veremos en las próximas entregas todo lo que realizó.