Vivo en Brasil donde la religiosidad se respira por los poros, donde las iglesias pululan por todas partes.
Con paradojas como la Iglesia católica, considerada aquí progresista, que anatematiza el aborto, y pastores evangélicos, considerados reaccionarios que lo defienden. O donde la confesión religiosa practicada casi mayoritariamente por la élite empresarial es el Espiritismo.
Todo eso es posible, junto con la manipulación de muchas iglesias evangélicas que exigen a sus fieles, hasta a los más pobres, el diezmo de sus ingresos a cambio de milagros. Se trata sin embargo de milagros “humanos”, como la curación de un cáncer, o el que el marido deje de emborracharse diariamente o que vuelva al hogar si lo ha abandonado.
Nunca, sin embargo, había podido imaginar que la gente corriese a un templo para hacer bendecir sus ordenadores, para pedir a la divinidad protección para que funcionen mejor todos sus gadgets electrónicos.
La noticia ha llegado a Brasil desde Japón.
La ha publicado Claudia Sarmento en el diario O Globo. Se trata del Templo sintoísta, de Kanda Myojin, al que solían acudir los empresarios para que los dioses bendijesen sus negocios. De un tiempo para acá, el Templo ofrece también ritos y bendiciones para todo tipo de cachivache tecnológico.
Es cierto que el sintonismo es una religión que abarca también el reino inanimado, pero llegar al extremo de ofrecer sus cultos para curar virus de ordenadores me resulta como mínimo chocante.
El rito es sencillo. Está abierto a todos, aunque se prohíbe fotografiarlo. El fiel se arrodilla frente al altar y levanta en alto el aparato electrónico que quiere que sea bendecido. Un monje a su lado reza y pide ayuda a las divinidades para que proteja el objeto.