Ficha técnica: Países: Italia-Austria. Año: 2009. Duración: 100 minutos. Directores: Tizza Covi y Rainer Frimmel. Premios: Festival de Gijón: Mejor película, mejor actriz. Festival de Cannes 2010: Premio “Label Europa Cinemas”. Reparto: Asia Crippa, Patrizia Gerardi, Walter Saabel. Sinopsis: Patty, una artista de circo que vive con su esposo en un tráiler en las afueras de Roma, encuentra a una niña abandonada en el columpio de un parque y decide cuidarla hasta en tanto su madre reaparezca.
I
En este filme respiramos el mejor neorrealismo. Ese con que Italia supo reinventar el cine. Ese cine que tira piedras y maderos en las calles en vez de conciertos y arias dentro de escenarios cerrados. Actores desconocidos, mirada a los problemas humanos de los personajes, crítica social y muestreo del lado oscuro de la vida, son los atributos más relevantes que incorporan en esta historia los directores Tizza Covi y Raunuer Frimmel.
No es nuevo que una pareja de profesionales dirijan una película. Lo que sí es revelador que ambos hayan redactado un guión al estilo de fabula, con muy gratas influencias de Victtorio de Sica, ese maestro que desde “El ladrón de bicicletas” hasta “El jardín de los Fitzicontini” no detuvo su vocación de mostrar el entorno de exclusión que se mueve dentro de la sociedad contemporánea en todas las esferas de la vida social pero, sobre todo, dentro de los marginados.
Covi y Frimmel trabajan la psicología de sus protagonistas a partir de la bondad y la ternura que demuestran, con independencia de su ubicación social. Y aunque a ratos se respira un aire cercano al documental, no estamos frente a resultado genérico de esa índole porque la ficción está de por medio aunque el abordaje del espacio cotidiano es cautivo.
Solo se introduce la cámara como elemento externo tratando de que el guión fuera secundario a la realidad. La cámara, siempre al hombro del director, muestra la realidad de unos personajes que provienen de una Italia gobernada por Silvio Berlusconi, y que no siempre podemos ver en la pantalla.
La naturalidad de la protagonista, Patrizia Gerardi fue premiada en diversos festivales internacionales, pese a no ser actriz profesional. Ella es auténtica porque aporta un aire de naturalidad que la acerca a los mejores personajes del ya citado De Sicca. El argumento se esmera en sacar a flor de piel sus sentimientos.
Pobreza y felicidad no son rasgos teóricos, sino amuletos que la fotografía se encarga de encender con metáforas cotidianas, perfectamente cercanas a la memoria del espectador.
Igual sucede con todo el elenco: un trabajo histriónico sin desperdicios.
“La pivellina” carece de artificios. La escenografía es encerrada en las cadenas de la realidad o en la red de la razón. Por eso la banda sonora trasmite un realismo auténtico, tanto en temas como en sonidos; la música existe como modalidad de la poesía, no como receta para lograr un ambiente, sino como un diario donde las palabras se recortan en beneficio de las imágenes en movimiento que no dejan de danzar.
Los directores prefieren improvisar. Ni dramatismo, ni confusión. El film no se centra en desplegar una historia narrativa con un conflicto y desenlace, sino que, mientras relata, muestra una entrañable palpitación intimista.
No hay contrapunto entre pasado y presente, sino una experiencia testimonial alimentada humanamente, sentida y revertida en amor por los demás. Un canto contra la falsedad de los monólogos. Un homenaje a la limpieza de los sentimientos.