Estamos ante una película que puede ser apreciada desde diversas perspectivas: la calidad de su puesta en escena y su discurso cinematográfico. Desde la primera mirada, el filme adolece de ciertas inconsistencias técnicas que lastran su eficacia artística, como pueden ser su final caprichoso y facilista, el trabajo superficial en la caracterización de algunos personajes, la tendencia a trascender lo anecdótico, la ligereza en el trato de muchos conflictos y la no concentración en un tema específico, como pudiera ser el desarraigo, la soledad, la impotencia y la burocracia frente a delitos contra la infancia.
El hilo conductor es la transferencia de un caso a otro, la exposición de diversos tipos de pedofilia y de abusos contra los y las menores sin llevar como centro determinado conflicto, ya bien social, personal o institucional.
Los hechos van y vienen como pinceladas turísticas que llaman al desgarro; falta la mano capaz de enhebrar una historia, un conflicto, una perspectiva que otorgue identidad.
Es cierto que estamos frente a un cine documental que propone convertir en ficción sucesos de la vida real, técnica que hace recordar filmes memorables como “La clase”, de Laurent Cantet, también distinguida en Cannes, pero en su caso, con la “Palma de Oro”; un cine que ante todo debe ser naturalista y no ceder ante devaneos intelectuales.
Sin embargo, la ambición del proyecto traicionó aquí a la joven y prometedora directora Maïwenn Le Besco, quien tampoco debió involucrarse como actriz en su proyecto, a través de un personaje insignificante, pobremente con concebido y mal actuado.
Desde otra mirada, el filme posee un argumento conmovedor y una notable intensidad de su ritmo. Pocas veces el cine había tocado con tanta cercanía y variedad de situaciones el abuso infantil.
Maïwenn Le Besco logra conmover por tantas historias que evidencian detalles de la sordidez desconocida, mostrada casi siempre bajo esquemas simplistas y demoniacos. Ella intenta no solo retratar los casos de los niños abusados, sino las reacciones de los oficiales que deben enfrentar la defensa de los mismos. Ese tipo de esquema, que tampoco es nuevo en la historia del cine, consigue evitar cualquier roce con el espectáculo del cine comercial y en esta visión se encuentra, sin dudas, el gran mérito de la película y la respuesta positiva que ha tenido de manos del espectador promedio.
La directora aporta parlamentos y encuadres muy valientes siempre a través de una cámara que sabe distanciarse de los protagonistas para contrastar con la crudeza de las denuncias. Aquí no hay descargas heroicas ni rutinas detectivescas. Ese es otro gran mérito del filme de Maïwenn Le Blesco, quien siempre busca introducirse en la psicología de los personajes más que en la resolución de los casos que a diario se presentan.
La película se mantiene siempre en pie de búsqueda de la mirada objetiva, sin pronunciarse como juez moral y donde los personajes suspiran y a la vez ríen ante la manera con que algunos adolescentes cuentan sus tragedias.
Ficha técnica
Dirección: Maïwenn Le Besco.
País: Francia.
Año:
2011.
Duración: 127 mins.
Reparto: Karin Viard, Joey Starr, Marina Foïs,
Nicolas Duvauchelle, Maïwenn, Emmanuelle Bercot, Frédéric Pierrot,
Sandrine Kiberlain.
Guión: Maïwenn
Le Besco y Emmanuelle Bercot.
Distinciones: Premio Especial del Jurado,
Festival de Cannes, 2011.
Sinopsis: Retrata una serie de casos reales
enfrentados por la Unidad de Protección de Menores de la Policía de
París.