Entretenimiento 2 Junio 2012
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DESDE LA ÚLTIMA BUTACA
W.E.
Luis Beiro
luis.beiro@listindiario.com

Ficha Técnica: Dirección: Madonna. País: Reino Unido. Año: 2011. Reparto: Abbie Cornish, Oscar Isaac, Natalie Dormer, Richard Coyle, Annabelle Wallis, Laurence Fox, James D’Arcy y Andrea Riseborough. Guion: Alek Keshishian y Madonna.

Sinopsis: Son dos historias paralelas. Por un lado Eduardo VIII, rey británico abdicó al trono en la década de los 30 para casarse con Wallis Simpson, una estadounidense divorciada en dos ocasiones. El otro relato se centrará en Wally, una mujer obsesionada con la mencionada Simpson, y que conoce a un inmigrante ruso llamado Evgeni.

I

Siempre he defendido a Madonna como mujer y como artista. A pesar de sus excesos, me ha parecido un ser humano con mucho que decir y que aprendió a no callar. Sabe hablar en alta voz. Protesta sin pensarlo dos veces. Y a veces se le va la mano como a todo buen mortal.

Como directora de cine me ha asombrado su mirada de artista. Una mirada ajena a su fama de “chica material”. Con “W.E.” (iniciales de los amantes Wallis y Eduardo) demuestra, que es capaz de trascender una (dos) historia (s) de amor. Es una película que no solo retrata la aventura mayor del pasado siglo XX, sino que capta el entorno social que intentó hacer imposible esa relación y el coraje con que la pareja enfrentó el autoexilio para preservar la felicidad.

Su guión, transpira originalidad. Su fotografía es precisa, al igual que la banda sonora, siempre en busca de obras que reflejen en tiempo y espacio los ámbitos de recurrencia afectiva y las circunstancias que marcaron la preservación del sentimiento por encima de coyunturas nobiliarias o diatribas desestabilizadoras.

Además, el filme no es simplista en el sentido emotivo de la palabra. No hay espacio para lágrimas ni para episodios de seducción. Hay una estrategia cultural enfocada en el nacimiento de un sentimiento superior a la pasión, sin suspicacias ni mundanismos.

Madonna le canta al amor desde una perspectiva sublime y remata su película con otra historia paralela en la que dos jóvenes entablan una relación coyuntural. Ella es una esposa frustrada y él un intelectual ruso que se gana la vida como velador de museo. La violencia de género, la infidelidad conyugal, la indiferencia familiar, el abuso de poder y la desatención de la familia son contundentes denuncias que sacan adelante esta segunda trama que se acepta como contraparte del romance principal.

Madonna no es cursi, ni superficial, ni anecdótica. Ella da una bofetada sin manos a sus detractores con esta cinta elaborada con delicadeza y ritmo creciente.

También deben aplaudirse sus finales donde el amor ni se esconde ni se desgasta, y sufre, porque es un hermoso pecado que se lleva sobre el pecho abierto.

Ojalá Madonna siga haciendo un cine como este. Un cine donde no le tiembla la voz y mantiene el pulso como un fusil dispuesto a no dejarse tentar por la mediocridad.

Tampoco estamos frente a una película antológica. Su montaje es desigual. Su método de filmación, aunque convincente y efectista, es arcaico.

Su metraje es excesivo. Estas historias vienen y van y sobreviven por el valor y la entrega de los protagonistas y por el celo de su directora más que por sus aportes tecnológicos a la industria.

El cine ha evolucionado y Madonna intenta no quedarse atrás, aunque en este caso, su esfuerzo no ha sido suficiente. Su tenacidad, valentía e impresionantes imágenes merecen reconocimiento.

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