DAJABON.- “Nosotros trancamos las persianas, uno miraba por las hendijas y el tornado se veía allá arriba, en el cielo, era más alto que bajito. Los granizos que caían eran trozos de hielo”, Grecia Fernández, comerciante y madre de tres hijos, quien ha vivido toda su vida en Dajabón, se oye nerviosa, habla rápido y trata de terminar la entrevista, vía telefónica, con la periodista del LISTIN DIAIRO, porque está escuchando unos gritos en casa de una vecina y no sabe qué puede ser. Esta tarde Dajabón, su ciudad, se transformó. Fueron suficientes quince minutos, eso calcula ella, de una brisa furibunda para que las calles se volvieran intransitables y muchas casas se convirtieran en ruinas. “Se cayeron los transformadores y los árboles. La brisa lo destrozó todo”. Admite que nunca había visto algo así.
El tornado llegó como una tromba pasadas las cinco de la tarde. Tal y como si hubiese llegado la hora bíblica, primero se hizo de noche. “Era como las cinco, todo se oscureció, después que pasó “eso” volvió y aclaró”.
Grecia llama indistintamente tornado y “eso” al fenómeno natural que comenzó con lluvia, luego granizos, una brisa fuerte y, de nuevo, mucha lluvia.
“En mi casa se fueron dos hojas de zinc, en las casas de los vecinos vi que se despegaron muchas más. Dajabón se desbarató. Estamos asustados, oigo unos gritos.”
Mientras la brisa golpeaba las paredes y arrancaban de cuajo árboles y techos, Grecia admite que estaba desorientada. “No encontraba qué hacer, me agarraba a las paredes.” Sus hijos no están con ella, viven en la Capital y en el exterior.
Dice que desde su casa ha visto a las autoridades tratando de socorrer a la gente, pero la confusión y el desastre se extiende bajo la llovizna que ahora sigue cayendo sobre la ciudad.