La República 10 Octubre 2008
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APORTES
Nuevo estudio genético busca romper mitos sobre identidad
EL MUSEO DEL HOMBRE DOMINICANO HA INICIADO LA TAREA JUNTO CON EL IIBI
  • Un grupo de taínos aparece en su ambiente natural, según la concepción del artista Víctor Padilla, que pintó la escena en 1973
Javier Valdivia
javier.valdivia@listindiario.com

SANTO DOMINGO.- Un par de pasos más adelante que los demás, Bartolomé de las Casas ya es parte de una nueva confrontación, aunque cinco siglos después su voz no podrá ser escuchada desde la estatua de piedra que adorna la entrada del Museo del Hombre Dominicano.

La razón vuelve a ser ideológica, pero los protagonistas de este enfrentamiento son ahora antropólogos, arqueólogos y genetistas enfrascados en una investigación que según sus impulsores posiblemente tocará fibras tan sensibles como las que tuvo que tratar en su momento el piadoso fraile dominico.

“Esta investigación será la más amplia de las que se han realizado hasta ahora y permitirá determinar cómo se relacionaban entre sí las poblaciones antiguas, si hay continuidad entre ellas o si las mismas son el producto de diferentes migraciones”, dijo a LISTÍN DIARIO el director general del Museo, Juan Rodríguez Acosta, y miembro del equipo que lleva a cabo la investigación.

Se trata del estudio “Estructura genética de poblaciones precolombinas de República Dominicana y su incidencia en la población dominicana actual mediante el uso de técnicas aplicadas en genómica”, encabezado por el doctor Marcio Veloz Maggiolo y en el que participan expertos del Museo del Hombre Dominicano (MHD) y del Instituto de Innovación en Biotecnología e Industria (IIBI).

El trabajo pretende abordar varias cuestiones como la identidad y las raíces culturales de los dominicanos, la supervivencia del acervo genético indígena, su variabilidad y su impacto hereditario en la población actual, además de la estructura genética desde la época precolombina pasando por la colonia hasta nuestros días.

Rodríguez señala que incluso la investigación tomará en cuenta el más importante hallazgo arqueológico de los últimos 50 años, los restos de un cementerio en Moca cuyas muestras ya han sido enviadas a la Universidad de Indiana, EEUU, para establecer las migraciones de los siglos XVII y XVIII.

Los trabajos iniciales de muestreo, recolección, identificación y clasificación de restos óseos ya han sido iniciados por el MHD y probablemente todo el estudio se tomará unos tres años. Abarcará toda la geografía nacional así como el espectro demográfico más amplio que sea posible.

Para Rodríguez, los resultados de este estudio podrán aclarar también cuestiones como lo que él llama la exaltación de la herencia indígena y la marginalidad de lo africano frente al predominio de la raza blanca.

Aportes
“El Museo, al conocer los alcances de las técnicas en biología molecular y ver la posibilidad de ampliar y corroborar la información obtenida por los estudios antropológicos, sumado a que estas tecnologías ya están disponibles en el IIBI, se decidió a trabajar en conjunto con nosotros y generar un proyecto basado en las muestras aportadas por el Museo, sus investigaciones antropológicas y nuestra tecnología con aporte científico de ambas instituciones”, dijo a LISTÍN DIARIO el doctor Carlos Vergara, investigador asociado y experto en biogenética del Instituto de Innovación en Biotecnología e Industria.

“Con esta investigación será posible establecer los principales grupos responsables de la diversidad genética de las poblaciones actuales del país”, agregó el científico colombiano.

El trabajo que realiza el MHD y el IIBI es el más reciente esfuerzo por determinar el perfil genético de los dominicanos y aportar nuevos datos sobre su pasado. Antes que éste se encuentra el que está a punto de concluir un equipo multidisciplinario de la Universidad Central del Este y de la Universidad de Puerto Rico, recinto Mayagüez, y cuyos resultados preliminares han determinado la presencia de genes taínos en un 15 y 18% de la población actual, además de rastros genéticos de nativos de las islas Canarias (conocidos como guanches) y del tipo euroasiático en una parte del mismo conglomerado poblacional.

“Comencé a tomar muestras, primero de raíces de cabello y luego de enjuague bucal, en el 2002”, contó a LISTÍN DIARIO en un correo electrónico el doctor Carlos Martínez-Cruzado, director del Departamento de Biología Molecular de la UPR, y encargado de la contraparte puertorriqueña en el estudio “Orígenes continentales de las primera poblaciones de las islas del Caribe y los movimientos migratorios que los formaron”.

Los pioneros
El mismo investigador puertorriqueño narra que en el año 2001 se publicaron dos trabajos relativos al ADN mitocondrial de República Dominicana, ambos con la colaboración del antropólogo dominicano Fernando Luna Calderón, fallecido en el 2005.

Para el primero se extrajo ADN mitocondrial (que se hereda sólo por línea materna) de osamenta antigua obtenida del yacimiento arqueológico La Caleta, en Boca Chica. Este ADN mitocondrial fue analizado para 24 restos, 18 de los cuales demostraron pertenecer al haplogrupo C y los restantes del haplogrupo D. (Un haplogrupo es un grupo de ADNs mitocondriales que comparten una ancestra cercana en común. Tan sólo cinco grandes haplogrupos dieron origen a todos los indios de las Américas: Estos fueron los haplogrupos A, B, C, D y X).

También en el 2001, señala Martínez-Cruzado, se publicó un trabajo sobre ADN mitocondrial de origen africano subsahariano que se obtuvo de San Juan de la Maguana y que demostró que el haplogrupo africano L2 se subdivide en cuatro subhaplogrupos.

Pero uno de los verdaderos pioneros en la materia fue el médico dominicano José de Jesús Álvarez Perelló, quien ya en 1948 planteó que al menos el 17% de la población dominicana actual, dependiendo considerablemente de las diferentes regiones del país, conservaba genes indígenas.

Su estudio, reproducido en 1973 en la revista EME y EME, se basó en factores sanguíneos y en la teoría de que “los conquistadores españoles se mezclaron en proporciones que ignoramos al indio primitivo, dando lugar a una raza mestiza la cual se unió a los negros ‘importados’ de África, formando así una mezcla de tres razas: la blanca, la negra y la india”.

Desde esa perspectiva, y a partir de nuevos factores sanguíneos, Álvarez Perelló clasificó los tipos étnicos en República Dominicana en negros puros, mulatos netos (blancos y negros), mulatos mestizos (mezcla de negro, indio y blanco), mestizos (blancos e indios) y blancos puros. Más adelante, otro reputado médico, el doctor Norman De Castro, también fallecido, realizó un estudio que confirmó el producido por Álvarez, con nuevas técnicas y procedimientos, pero no hay casi evidencias de sus investigaciones.

Hoy, sesenta años después del que posiblemente fue el primer estudio serio en torno a la composición genética de los dominicanos, los científicos han vuelto la mirada a un tema controversial y ahora aportan más datos concretos cuando un factor parece convertirse en el eje de la discusión.

“Hay un tremendo problema con la identidad”, dice Rodríguez Acosta, el director del Museo del Hombre Dominicano, en cuya entrada se encuentra la estatua de De las Casas, un par de pasos más adelante que las de Lemba y Enriquillo, los símbolos que en honor a la verdad completan, con el cura español, la composición étnica fundamental de República Dominicana.

¿Otros mitos?
El doctor Armando Armenteros, pediatra de gran prestigio en el país, dijo a LISTÍN DIARIO que es común observar en recién nacidos dominicanos con posible ascendencia indígena, dos pequeñas manchas azulosas encima o alrededor de los glúteos, que parecen moretones y de unos pocos centímetros de diámetro.

El especialista dice que el fenómeno, registrado por él mismo en varios casos, se da también en otras regiones del mundo, que es característica del grupo mongoloide, y que desaparece más o menos al cabo de dos años.

Al respecto, el doctor Fermín Mercedes, decano de Ciencia y Tecnología de la UCE que investiga el perfil genético de los dominicanos en colaboración con la Universidad de Puerto Rico, recinto Mayagüez, afirma que no hay evidencias de ese tipo en sus estudios, y que lo más probable es que la cultura popular asocie esas pigmentaciones con genes indígenas. Sin embargo, Armenteros defiende su teoría al compararla con otras rojizas que aparecen en recién nacidos de raza blanca, precisamente de origen vikingo, en la nuca y en la cara, entre la parte central de la frente, arriba de la nariz, y de los dos párpados de los ojos.

Casualmente, Osvaldo Reyes Ávila, un niño de doce años que vive en Las Lagunas de Nisibón, La Altagracia, y que tiene marcados rasgos indígenas (él no ha sido sometido al estudio de Mercedes), nació y vivió durante dos años con las manchas a las que hace referencia Armenteros, según narró su madre a LISTÍN DIARIO.

Entre tanto, el genetista puertorriqueño Juan Carlos Martínez-Cruzado, al referirse a la posible presencia de nativos de raza blanca que habría encontrado Colón a su llegada a la isla, explicó que el ADN mitocondrial no contiene genes que codifiquen para el color de la piel.

“Teóricamente es posible recuperar fragmentos de ADN nuclear, el cual contiene casi la totalidad de nuestros genes, e identificar aquellas variantes de origen indígenas. Entonces podría quizás confirmarse la presencia de indígenas de tez blanca”, dijo el experto.

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