Santo Domingo.- El capitán de la fuerza de ocupación estadounidense se detuvo un segundo, se acercó al grupo de combatientes que acababa de capturar y puso el revólver en la cabeza de Félix Pérez Castillo, el revolucionario dominicano que, resignado a lo peor, esperaba en esos segundos el tiro certero de su captor, en el oscuro callejón donde fue hecho prisionero una noche de mayo del 65.
“Los vamos a fusilar por comunistas”, dijo el oficial cuando el cañón de una M-16 se interpuso en su camino.
Era el arma de Joseph Casanova, entonces un joven soldado de la 82ava División Aerotransportada que EEUU envió al país para enfrentar al gobierno constitucionalista, que nunca más volvió al país y que 44 años después decidió dar con el paradero de los hombres a quienes esa noche les salvó la vida.
“Es él”, dijo Pérez Castillo al LISTÍN DIARIO, postrado en una vieja cama de hospital, en el rincón sombrío de una sala del Moscoso Puello, donde espera ser operado por una dolencia en la próstata.
“Cuando hablamos sentí alegría y nostalgia. Aquella noche algo del cielo me protegió”, agregó.
Casanova habló hace unos días con el ex combatiente, conocido también como Felipe Abreu, su sobrenombre durante la revolución por la calle en que vivía, y confirmó al LISTÍN que efectivamente fue uno de los dominicanos que el capitán intentó ejecutar aquella noche.
Hilario del Rosario, amigo de Pérez Castillo, hoy de 77 años, fue quien llamó a Casanova a Estados Unidos luego de que LISTÍN DIARIO publicó su historia el pasado 23 de julio, y de que él omitiera a propósito un dato que serviría para confirmar la veracidad de cualquier testimonio.
“Sólo él (Pérez Castillo) sabía en qué escuela estaban los francotiradores norteamericanos muy tarde esa noche. El recuerda al capitán y al sargento envueltos en el incidente”, dijo Casanova al LISTÍN la semana pasada.
La escuela en cuestión es la República del Perú y el incidente, como concuerdan Pérez Castillo y el militar norteamericano, ocurrió en un callejón de la calle Dr. Betances, cerca de la Teniente Amado García: Una patrulla rebelde había hecho prisioneros a un oficial y a un suboficial de la fuerza estadounidense; Casanova, que se había extraviado, divisó a sus compatriotas, intervino y los liberó, pero no contaba con que el capitán trataría de ejecutar a los dominicanos.
Entonces, Casanova se interpuso entre el oficial (un hombre de unas 260 libras) y los revolucionarios, y lo convenció de que los dejara ir, a riesgo de ser también ejecutado.
Lo que Casanova no sabía hasta ahora era que Pérez Castillo se quedó en una esquina a ver la suerte que correría.
“El capitán, que estaba asignado al sector Villa Duarte, dijo señalando a Casanova: ‘A este también hay que fusilarlo por comunista’, pero después se marchó con el sargento. El mismo capitán me detuvo pocos minutos después, me dieron un tiro en la rodilla y me llevaron a Sans Souci. Allí estuve preso veintiséis días, quince en una celda subterránea”, contó el ex combatiente, orgulloso de haber participado activamente en la defensa de la soberanía nacional.
Pérez Castillo, nacido el 9 de abril de 1932 y condecorado hace unos años por el Estado dominicano por su valor en combate, era en ese momento oficial de criminalística de la Policía Constitucionalista. Había conocido a Caamaño en la hacienda Fundación, mucho tiempo después de hacer el servicio militar obligatorio (1949) y de ser asimilado a la milicia por un sobrino de Trujillo como castigo por sus reiteradas ausencias.
Luego vinieron la revolución y episodios cruentos en las calles de Santo Domingo. Aquella noche, como recuerda el viejo combatiente, patrullaba la zona con Ernesto Encarnación, actualmente residente en Nueva York, e Idelfonso de la Rosa y Ramón Piña Tejada, ambos ya fallecidos.
Esos eran los hombres que Joseph Casanova estaba buscando, pero él no era el único que lo hacía.
“Hablé con algunas personas sobre esa noche (Hilario del Rosario, el que llamó a Casanova, lo supo hace diez años). Me enteré que a los americanos que estuvieron acá los mandaron después a Vietnam y supuse que había muerto”, comentó Pérez Castillo.
Una vez, cuando estuvo viviendo en Nueva York durante casi dos décadas, perseguido por el régimen de Balaguer, se cruzó en la 42 con un militar parecido a Casanova y le preguntó si había estado alguna vez en República Dominicana.
“No era él. Pensé que si había sobrevivido debía ser un gran oficial por la forma en que se portó esa vez. No sabía cómo buscarlo”, dijo Pérez Castillo, ahora presidente de la Asociación de Ex Combatientes de la Revolución, residente en el sector San Carlos y padre de nueve hijos.
El encuentro, agregó, tuvo que suceder antes del 15 o 16 de mayo, fecha en que se produjo una gran conflagración. No fue muy tarde, quizá pasadas las 7:30 de la noche, cuando el soldado norteamericano liberó a los combatientes y Pérez Castillo pudo ver entre las sombras el distintivo rojo con un paracaidista de la 82ava Aerotransportada.
“Cómo te llamas”, le preguntó. “Casanova”, fue la respuesta.
OTRO CAPÍTULO DE UNA HISTORIA EXCEPCIONAL
Joseph Casanova dijo a LISTÍN DIARIO que hay incidentes como el suyo que tuvieron lugar en República Dominicana y que en Estados Unidos es necesario abordar.
También manifestó que de su historia se pueden aprender muchas lecciones como el trato que se debe dar a prisioneros de guerra y el respeto a las Convenciones de Ginebra.
“Hice lo mejor teniendo en cuenta que tenía sólo 17 años en ese momento”, comentó el militar norteamericano que aún espera dar con el paradero del otro combatiente vivo, Ernesto Encarnación, involucrado en el incidente.
“Es un hecho que uno todavía vive en la ciudad de Nueva York. Él debe tener familia en República Dominicana que pueden ayudar a encontrarlo”, dijo Casanova.