Cuatro familias enfrentan la posibilidad de ver derrumbar sus viviendas, localizadas en el kilómetro 24 de la autopista Duarte, donde desde hace días el terreno ha cedido por la saturación de las aguas que caen sobre el territorio nacional desde hace semanas.
Ayer, escasos dos metros del abismo separaban el anafe donde María Altagracia Francisco cocía los alimentos que consumirían tanto su esposo como sus dos hijos. La desesperanza, según contó, le ha invadido por el temor a un derrumbe por la noche sin que puedan darse cuenta.
Todo se inició hace una semana. Las constantes lluvias saturaron el suelo y empezaron a desaparecer, solo acompañados de un pequeño sonido, árboles y sillas en lugares donde antes se sentaban a disfrutar de la vista panorámica de la autopista más importante del país.
Es por esta razón, y con la impotencia que se siente en las palabras que pronuncia, que doña María Altagracia Francisco pide la intervención de las autoridades para evitar que una tragedia llegué hasta sus hogares. Igual petición sustenta Dorotea Grullón Jiménez, quien ha sentido los derrumbes.