En la celebración del 149 aniversario de la Restauración de la República, y en el marco del Bicentenario del Nacimiento de Juan Pablo Duarte, fueron inaugurados el Parque-jardín República Dominicana y la Plaza Juan Pablo Duarte, en la avenida Antonio Alzate esquina con Nogal de la Delegación Cuauhtémoc, Distrito Federal de México.
Un nota informativa expresa que el acto fue realizado por la embajada de la República Dominicana, y contó con el auspicio de la Delegación Cuauhtémoc, del Distrito Federal de México, y el Organismo Internacional de la Cultura Americana.
Estuvieron presentes la cónsul general en México, Eneida López de Contreras, y el personal del Consulado, de la Misión Diplomática, de la colonia dominicana y de las autoridades de la Delegación Cuauhtémoc.
También otras delegaciones de la ciudad de México, muchos representantes del cuerpo diplomático y consular acreditado en México, organismos internacionales, intelectuales y miembros de varias instituciones culturales.
El jefe de la Delegación, Arturo Pradel García, dio apertura de la actividad con una semblanza de la vida y obra patriótica del fundador de la República Dominicana.
Humberto Rodríguez Lozano, director general del Organismo Internacional de la Cultura Americana, valoró la personalidad del prócer dominicano, y agradeció en nombre de México a la República Dominicana el haberle dado a Benito Juárez el título de “Benemérito de las Américas”.
El discurso central estuvo a cargo del embajador Fernando Pérez Memén, quien valoró y agradeció a la Delegación Cuauhtémoc la concesión del nombre del parque y la instalación del Busto del Fundador de la República Dominicana, e hizo un breve análisis de la obra patriótica de Duarte y de Gregorio Luperón.
Planteó y analizó la continuidad de las ideas liberales y democráticas del Patricio en los restauradores de la República, principalmente las ideas de la Soberanía Nacional y la Soberanía Popular y la de los Derechos Humanos.
Explicó la idea de Duarte relativa a que la Soberanía es inajenable y no transferible, que es permanente, lo cual es hoy un principio fundamental del Derecho Público Internacional, el mismo estatuye que “la enajenación de una nación no se legitima, ni aun con el acuerdo de la nación enajenada”.
Ponderó además, la noción del poder del Fundador de la República. Para él tiene que tener por origen la voluntad del pueblo, y estar basado en la ley, la cual debe tener por límite la justicia, que en su definición más simple consiste en “darle a cada uno lo suyo”.