SANTO DOMINGO.- Las remesas se han convertido en la segunda fuente de financiación externa para los países en vías de desarrollo. Estos reciben, según el Banco Mundial, alrededor de 167 mil millones de dólares anuales por este concepto. La región de América Latina y el Caribe se lleva la mayor parte: unos 52 mil millones de dólares. Y República Dominicana no se queda atrás: con cerca de 2,700 millones de dólares en remesas, 59 por ciento proveniente de Estados Unidos, 30 por ciento de Europa y nueve por ciento de Puerto Rico, es el cuarto país de la región que más remesas recibe y el tercero en envíos per cápita.
Las mujeres tienen mucho que ver con este fenómeno. Aunque apenas en el 2002 alcanzaron el 52.2 por ciento del total de migrantes internacionales dominicanos, en otro ejemplo de la tendencia a la feminización de las migraciones, han demostrado una capacidad de sacrificio superior a la de los hombres.
Ellas constituyen el 52.5 por ciento de la diáspora dominicana en Estados Unidos, y son responsables del 58 por ciento de las remesas enviadas desde ese país. Son, además, el 61.4 por ciento de los quisqueyanos que trabajan en España, y remiten el 78 por ciento de las remesas llegadas desde esa nación europea. Así consta en el informe final de la investigación “Género, remesas y desarrollo: el caso de las mujeres migrantes de Vicente Noble, República Dominicana”, que cita otros estudios.
“Dado que el salario promedio de la mujer es más bajo que el percibido por el hombre alrededor de todos los países receptores, los altos porcentajes remesados constituyen un elevado nivel de sacrificio personal de las mujeres, que limitan sus propios gastos, en aras de enviar un mayor porcentaje de sus ganancias a sus familiares en República Dominicana”, explica el informe presentado en el 2005 por el Instituto Internacional de Investigaciones y Capacitación de las Naciones Unidas para la Promoción de la Mujer (INSTRAW). Por eso, a la hora de articular estrategias para invertir las remesas en planes de desarrollo local se debe tomar en cuenta a las mujeres y cómo el género influye en el envío y uso de las remesas.
“A las mujeres hay que darles un espacio para que participen”, comenta Mar García, investigadora de género y remesas del INSTRAW y coautora de la investigación citada.
DETALLES
Como ejemplo de lo que podría lograrse con el compromiso del Estado, Mar García cita “el caso paradigmático” de México y su “Iniciativa Ciudadana 3x1”, gracias a la cual por cada dólar que envían las asociaciones de migrantes mexicanos para financiar proyectos en su país, el gobierno federal, el estatal y el municipal aportan cada uno un dólar.
Estas propuestas, sin embargo, conllevan el peligro de hacer más pesada la carga de los migrantes, especialmente en el caso de las mujeres. Sería injusto que, aparte del gran sacrificio que ya hacen por sus familias, cubriendo con su trabajo las necesidades básicas que el Estado no cubre, también se les vea como un instrumento generador de bienestar para otros, sin tomar en cuenta el bienestar propio.
Las mujeres aportan mayor remesas porque migran más
Mar García, investigadora de género y remesas del INSTRAW, afirma: “Las mujeres aportan más porque migran más, porque se hacen responsables del hogar, pero que eso no nos lleve a hacer mucha alabanza del heroísmo que ellas tienen sin preguntarnos: ‘¿Dónde están los otros actores?, ¿dónde están los hombres?”.
Esas preguntas eran recurrentes para García, mientras estudiaba la migración femenina de Vicente Noble, Barahona, hacia España. A mediados de la década de 1990 se consideraba que la mitad de las mujeres de allí vivían y trabajaban en Madrid. En un principio, éstas enviaban el dinero a sus esposos, pero estos no lo administraban correctamente; en consecuencia, las migrantes decidieron cambiar de estrategia y comenzaron a enviar las remesas a otra mujer de la familia: su madre, una hermana o hija.
Las jefas de familia que emigran también se inclinan por esta opción. De modo que las mujeres no sólo mantienen sus hogares; también deciden cómo invertir el dinero que generan.
¿Significa esto que hay una reformulación de la dinámica familiar y de los roles de género? Sí, pero no. Si bien su aporte económico significa para la mujer mayor independencia y participación en la toma de decisiones en el hogar, la concepción tradicional de que la familia y los hijos son asunto de la mujer no ha sido superada y sirve de excusa a los hombres para evadir sus responsabilidades.
“Ellas están muy imbuidas en el tema del sacrificio y parece que los hombres no están en esa lógica”, señala García.
Pero esta no es la única desigualdad que sufren ellas. En los países receptores de migración, realizan tareas tradicionalmente asignadas a mujeres (trabajo doméstico, cuidado de ancianos y niños o cocina) y reciben más bajos salarios. En sus comunidades de origen, entretanto, su ausencia se percibe aún como una especie de “abandono” y se le considera en gran medida como el origen de la desintegración familiar, la delincuencia, la cultura migratoria que prima entre los jóvenes y otros problemas que envuelven a adolescentes.
En qué se invierte
Hasta ahora, sin embargo, no existen planes de desarrollo comunitario que aprovechen dinero aportado por los emigrados dominicanos. Ha faltado la iniciativa estatal de asumir el liderazgo para incentivar a la diáspora a trabajar conjuntamente para el desarrollo de sus comunidades de origen y no sólo a invertir sus salarios en necesidades básicas del hogar y en pequeños negocios familiares cuyas ganancias apenas alcanzan para subsistir.
“Para ser honesta sí creo que empieza a haber cierto interés o por lo menos se nota más en la agenda”, afirma García, quien cita que el Secretariado Técnico de la Presidencia en su momento tuvo interés en acercarse a las asociaciones de migrantes y otros actores del proceso migratorio para trabajar en conjunto.
IMPORTANTE
Las características de la migración dependen también de la zona de origen de los trabajadores. Los migrantes de hogares ubicados en áreas rurales (el 36 por ciento, según el Censo Nacional de Población y Vivienda del 2002) son mayormente mujeres pobres; mientras la migración de las ciudades está menos feminizada e incluye personas de clase media.
Según el estudio “Género, remesas y desarrollo: el caso de las mujeres migrantes de Vicente Noble, República Dominicana”, las remesas que llegan de España benefician primordialmente a las áreas rurales más pobres del país y “sus efectos en términos de reducción de la pobreza son más significativos, sobre todo considerando que más de dos terceras partes de los hogares beneficiados por las remesas las usan como forma de subsistencia”.
De aprovechar las remesas para proyectos de desarrollo cooperativos, tiene más sentido ejecutar esos planes en las zonas rurales, relegadas históricamente a un segundo plano.
Pero el aporte de los dominicanos y dominicanas ausentes no debe verse sólo en función del dinero.