http://images2.listindiario.com/image/article/99/680x460/0/D336BC09-4A94-4A92-B554-8364F0F6DA5E.jpeg
La Vida 15 Noviembre 2008
0 Comentarios
Tamaño texto
El bipartidismo histórico en RD
SE ANALIZAN ALGUNAS CAUSAS QUE DETERMINARON LA POLARIZACIÓN POLÍTICA
Compartir este artículo
José Miguel Soto Jiménez

2 de 4

SANTO DOMINGO.- El sino de la Primera y Segunda República fue la inestabilidad, efecto dañino, producido por ese atraso político del Pueblo Dominicano a que se refiere Juan Bosch, a pesar de su alta politización.

El fracaso de ambas Repúblicas fue la perdida de la Soberanía Nacional. El segundo fracaso, fue su imposibilidad de crear un Estado burgués, y ese fracaso, tienen que compartirlo por igual, las dos corrientes dominantes de la época: Los Conservadores y los Liberales que, ante tal imposibilidad, tampoco pudieron constituir partidos burgueses, que no fueran un reflejo patético del atraso político y social de la sociedad. Siendo lógico entonces que fuera el “caudillismo” la figura dominante, en un ambiente en que la guerra sintetizaba la política, por ser el verdadero “arte de lo posible”.

La locura del “machete redentor forjador de libertades”, sobrecogió la vida nacional. Las monturas de guerra sustituyeron a las tribunas. Las arengas a los discursos. Los gritos de combate, al murmullo de los legisladores. Las  proclamas y los decretos se leían a redoble de tambor, y el toque de “cuyaya” de las cornetas presidía los consejos de gobiernos y la reunión de los ministros.

El debate político se hacía a machete y salvo algunas raras excepciones: “Político que no fuera general, no llegaba a Presidente”, ni llegaba a nada. Ah, esos labriegos con estrellas. Esos jornaleros audaces que secuestraban a cada rato el alma nacional. Mascadores de andullo. Bebedores de ron a pico de botella. Galleros, “preñadores” y depredadores impenitentes. Analfabetos prodigiosos. Merengueros aguardentosos.  Figuras folklóricas en las que devino el heroísmo nacional enloquecido.  

Después de 1874
Cuando finalmente la dictadura de Báez sucumbió en 1874, vencido en la “Guerra de los Seis Años”, el Partido Azul tuvo que bregar con el fantasma del “jabao”, su herencia y sus remanentes, presentes en las personalidades fogueadas en las mañas del poder, y por el otro lado, las contradicciones depredadoras e irredimibles de sus propios dirigentes.

Un presidente González que entró vencedor a la capital, como una nueva promesa, mientras Luperón, Cabral, ni Pimentel, héroes de esas jornadas no podían estar en la fiesta de la victoria.

El Partido Azul, tenía que vérselas con la ausencia de un viejo enemigo fundamental, produciéndose un vacío que solo podían llenar las pugnas desbordadas y la ambición de sus propios dirigentes.  

La ausencia de Báez, produjo el predominio del Partido Azul que se quedó solo en la arena. Pero sus contradicciones internas devorarían ese predominio, creando nuevas facciones salidas de su propio seno, que atormentaron esos gobiernos azules, de cortos períodos, que se alternaron en el poder con bastante regularidad.

Como había sucedido en el pasado, cuando desapareció Santana, ahora muchas figuras del Partido Rojo se irían a otras corrientes, en un rápido proceso de atomización que siguió la lógica dominante del poder, aunque hubo esfuerzos fallidos de continuar un baecismo sin Báez y otros fueron a engrosar las filas de otras facciones de su acomodo, en un Partido Azul en plena ebullición.    

Las divisiones del Partido Azul en torno a las ambiciones de algunos lideratos, crearían bandos armados que escenificarían la convulsa época de la “montonera”. Un guerrear constante que sumiría el país en la inestabilidad y el desorden, hasta conducirlo a la cruenta dictadura del general Ulises Heureaux, un dirigente  Azul, hechura de Luperón, que formaría tienda aparte. La tienda truculenta de su propia ambición de mando.

De muchas maneras, frente al Partido de Luperón, la dictadura de Lilís, es el paso del bipartidismo rojo y azul, a otro partido salido de su propio seno, y esta escisión conduciría entonces no solo al despotismo, sino a la figura antidemocrática del partido único y “personalisimo del dictador”.

Claro que antes y después de este fenómeno, cuando hablamos de partidos no nos estamos refiriendo a las organizaciones formales que conocemos hoy. Nos estamos refiriendo a esos bandos o corrientes dominantemente caudillistas, cuya base de sustentación social era esa “baja pequeña burguesía pobre, muy pobre”, a la que se refería el Profesor Bosch, en una época en que la lucha política se entendía con las armas en las manos, invirtiendo la famosa frase aquella de que: “la guerra es la continuación de la política por otros medios”.

Desaparecida la dictadura en 1899, ajusticiado Lilís y depuesto “Manolao”, apodo del vicepresidente y sucesor de Lilís, tres “partidos” surgieron en consecuencia en el escenario nacional: Los Jimenistas o bolos. Los remanentes del lilisismo y los horacistas o coludos, que provenían del famoso Movimiento 26 de Julio.

En principio, una alianza coyuntural entre jimenistas y horacistas, preconizan algún tipo de alternancia en el gobierno de forma efímera y accidentada.

Ddsgds
Primero Horacio Vásquez, luego, Juan Isidro Jiménez y, finalmente, Horacio que, logra consolidarse, si se aventura uno a decirlo de esta manera, ya que en 1903, jimenistas y “lilisistas”, se unen para tumbar el gobierno en la llamada “Revolución de los Presos”, que da pasó a una cruenta acción bélica en la capital, que obliga al presidente Vásquez y a sus parciales a abandonar el gobierno y a huir del país.

 Aparentemente la nación había entrado en una época de feroz bipartidismo, (bolos y rabuses) que fue en realidad un “falso bipartidismo”, no solo por la semejanza de esas opciones bipolares y sus pocas diferencias, sino por la influencia activa en ese mismo periodo del partido lilisista que llegó a ser determinante.

Muerto en los combates de 1903, las principales figuras del Partido lilisista, esta alianza circunstancial  contra el horacismo  entre jimenistas y lilisistas, entre “mansos y cimarrones”, colocara a  Morales Languasco en el gobierno para buscar un equilibrio a esta mezcla de “maco con cacata”, que será imposible de sostener en la práctica. No solo, porque Morales intentara “alzarse con el santo y la limosna”, como se ha dicho, sino porque la fortaleza militar del “Partido Bolo” de Juan Isidro, siempre intentara en el reparto de posiciones, copar el gobierno  y entonces, Morales hará un acuerdo con los “rabuses” de Horacio para defenderse y en esta acción, el gobierno en realidad fue haciéndose cada vez más horacista, provocando la ira de los jimenistas, que se fueron a la guerra desde las mismas posiciones que habían recibido como parte del reparto del botín en la llamada “Unión”.

A este proceso de un primitivo tripartidismo caótico o falso bipartidismo, se le llamó la Unión y la Desunión, que dio pie a la polarización radical entre bolos y coludos, o sea entre jimenistas y horacistas.

Para 1905, el gobierno de Morales se apoyaba de forma decidida en el horacismo para hacerle frente a los jimenistas, que en franca rebeldía le hacían la guerra a sus antiguos aliados del gobierno de los lilisistas.

Para ese año, el prestigioso general mocano Ramón Cáceres, primo de Horacio, figura protagónica del magnicidio del 1899 y segundo hombre del partido horacista, era el vicepresidente del gobierno del presidente Morales y gran promesa del horacismo para llevar su partido al Poder.

Para 1806, Cáceres ya con un proyecto personal que planteaba solapadamente la división de los coludos o rabuses, estaba enfrentado al horacismo y al moralismo para instrumentalizar con la ayuda extranjera un nuevo bando que nacía: el “cacerismo”. El Presidente Morales trató en vano de salvar su gobierno con una alianza de última hora con los bolos, pero muerto en Puerto Plata la principal espada del jimenismo, el general Demetrio Rodríguez, sucumbió ante los propósitos del general Ramón Cáceres, su Vicepresidente, quien pronto ascendió a la Presidencia.

Nuevamente el bipartidismo arcaico, o falso bipartidismo, ya que no había diferencias notables en sus gestiones de gobierno, ni puntos de vistas ideológicos encontrados, fundamentados ambos en el particularismo, el caudillismo y el personalismo desideologizado y sin diferencias notorias para enfrentar desde el gobierno los problemas nacionales, daba paso a la misma historia de siempre, una supuesta nueva opción dominante, surgida de la división de uno de los polos. Esta vez del horacismo, daba paso a ese “tripartidismo”, supuesto, caótico y primitivo que hemos mencionado.

El gobierno del general Cáceres que duró cinco años hasta que fue asesinado en 1911, existió en el marco de una forma curiosa de “multipartidismo”, primitivo también,  ya que siendo un gobierno “fuerte”,  permanecieron latentes y en las sombras las piezas claves del “bipartidismo” de los bolos y los rabuses, y otros bandos y corrientes que se habían desprendido de los dos famosos partidos de principios de siglo 20.

Muchas de estas facciones, enfrascadas en conspiraciones permanentes que no pudieron ser sofocadas del todo, dejó muy mal parado al jimenismo, así como la reorganización del estamento militar, alejó del “tejemaneje” las viejas figuras del horacismo.

A su muerte, en 1911, los herederos políticos de Mon, los Victoria, llamados también los “Quiquises”, no solo no pudieron retener el poder, sino evitar la cruenta guerra del 1912, que radicalizó la lucha por el poder entre bolos y rabuses, recreando una nueva alterabilidad accidentada, que aunque nuevamente polarizada, provocó, escisiones, divisiones y desprendimientos que como actores ingentes y desaprensivos en el inestable ambiente político, sería una de las razones que servirían de justificación para la oprobiosa perdida de la Soberanía Nacional.

COMENTARIOS 0
Este artículo no tiene comentarios
Se ha cerrado la discusión de este artículo por lo que no se puede comentar