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La Vida 9 Agosto 2008
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RESULTADO
General Juan Tomás Díaz Quezada
EL ATENTADO AL TIRANO MARCÓ DEFINITIVAMENTE UN ANTES Y UN DESPUÉS PARA LA HISTORIA DEL PAÍS
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José Miguel Soto Jiménez

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SANTO DOMINGO.-
El resultado final del 30  de mayo, más allá de las lucubraciones, las polémicas,  la lucha de intereses y conflictos que presupone la realidad, fue de todas maneras lo realmente definitorio y lo trascendente para ese oficio medular de hacer la historia y no escribirla.

Aunque traumático y accidentado lo que hicieron, cómo lo hicieron estos hombres decididos a matar el miedo, fueron sus hechos, marcando un antes y un después, abriendo a tiro limpio y con su sacrificio, nuevos rumbos libertarios y grandes expectativas. Juan Tomás Díaz fue el jefe de la conspiración, el director de ese proyecto que hizo posible el 30 de mayo.

Modesto Díaz Quezada, en sus declaraciones de junio de 1961, aclara, sin perturbaciones ni sobresaltos, dueño de una serenidad que no lo abandonó nunca, que fue su hermano Juan Tomás que lo puso al tanto de la conjura, situación que ya le había confiado, en parte y de manera difusa, Luis Amiama, en cuanto a la implicación y disposición de Pupo, a quien el mismo Juan Tomás había abordado, logrando su acuerdo.  En dicha versión  Modesto asegura que se lo confirmó Román  personalmente, argumentando las mismas razones que lo llevaron a la conspiración.

Declaraciones
Es en esta declaración que Modesto afirma que 15 días antes del suceso, Luis Amiama se apersonó donde Juan Tomás para preguntarle por parte de Pupo cuáles eran las reformas que se harían en el gobierno. Y este le contestó que “eso no tenía importancia”.  Entonces Amiama le respondió que eso había que decidirlo, porque el general Román “debía” y quería ocupar el gobierno.

Es Salvador Estrella, en sus declaraciones del 6 de septiembre en San Isidro, quien arroja luz sobre el plan de secuestro cuando dice: “En dos ocasiones fui a la casa de Juan Tomás, más bien a buscar dinero, y hablamos del asunto del complot. Juan Tomás insistía en que lo básico era apresar al ‘Jefe’, tal y como lo entendíamos los demás”, por eso lo del esquema de las barreras de vehículos para bloquear el carro solitario de Trujillo, para hacerlo detener, porque es lógico que para matarlo solo había que tirotearlo, desde varios automóviles o simplemente dinamitarlo o descarrilarlo.

Estrella aclara también lo de la confirmación de que sería el 30 de mayo el día crucial, ya que el 24 de ese mismo mes, la casualidad le jugó una mala pasada y el grupo se quedó esperando en la avenida, pues el dictador, a última hora, aquejado de gripe, suspendió el viaje.

Salvador, después de afirmar que De la Maza, acompañado de Antonio Imbert y Amadito, estuvo ese martes a las 7 y 45 de la noche en su casa, donde permanecieron un rato hasta que alcanzaron a ver al “Jefe” que, “acompañado de su comitiva, bajaba por la avenida Máximo Gómez hacia la avenida George Washington para su acostumbrado paseo de sobrecena”. Entonces, “de la Maza Vásquez salió a cerciorarse en una casa (me dijo que era donde Modesto Eugenio Díaz Quezada), en la cual tenía quien le  avisaría si el “Jefe” había bajado uniformado o no, o poder determinar, en consecuencia, si proyectaba dirigirse hacia San Cristóbal esa noche”, agregando que “cuando regresó al poco rato, nos dijo que nos juntaríamos en la avenida y que él iría a buscar a Pedro Livio”.

La declaración de la sirvienta de la casa del general Díaz y de doña Chana, nos denuncia, que la casa del general era el centro de la conjura, cuando dice, con la inocencia de la ignorancia, que “las personas que visitaban la casa eran Tomasito Báez Díaz, Miguel Ángel Báez Díaz, el doctor Vélez, Antonio De la Maza, su hermano Ernesto, Pedro Livio Cedeño, un señor de apellido Ares, Samuelito Moya de la Vega, Pedro Gómez, Moreno Piña, Amable Castillo, Huáscar Tejada Pimentel, el general García Urbáez, el capitán Emilio Ríos AMD y Bienvenido García”, “su yerno, porque está casado con una hija de él y otros cuyos nombres no recuerdo”.

Testimonios
Aunque el general Juan Tomás Díaz es, sin lugar a dudas, el jefe de la trama, el general Antonio Imbert me ha dicho que no lo conoció personalmente, “ni antes ni después”,  a diferencia de Antonio de la Maza, del que dice conoció y trató cuando ambos fueron gobernadores, uno de Moca y otro de Puerto Plata. En su interesante obra,  Luichy Estrella, hijo de Salvador,  nos dice que el general Imbert fue incorporado al grupo con alguna resistencia de la dirección, por una vinculación que a fin de cuentas habían tenido casi todos los participantes con el régimen, por recomendación de Estrella de quien era muy amigo, según lo demuestran las fotografías de 1960 que aparecen en dicha obra.  Por la misma vía llegó también Amadito, pieza clave del atentado, por unos vínculos familiares con doña Urania, esposa del santiaguero, que era hijo del general Piro Estrella.

En las vinculaciones que emergen de la trama, resulta interesante también resaltar que Antonio de la Maza guardaba un particular afecto por el general Piro y su familia.   Cuando este general se alzó contra Trujillo, en diciembre de 1930, en la Loma de los Amacelles, el joven de la Maza secundó  en Moca este movimiento revolucionario asaltando un cuartel, y resultó preso por haber ultimado a un militar en la refriega.

Solo el “entendimiento” de este legendario machetero de la montonera con el déspota, y su oportuna intervención, lo salvó de una muerte segura. La admiración de Trujillo por los hombres “guapos” propició el ingreso de este muchacho al ejército, siendo casi un niño, dejándolo al cuidado del que fuera a partir de ese momento una especie de padrino. Fue en las filas militares de esa época, donde De la Maza conoció a Juan Tomás Díaz, ingresado también en esos tiempos, ambos con el grado de segundo teniente.

Puntos de vista 
Don Antonio Imbert me ha dicho que ante la intención del secuestro o la opción de tirar el cuerpo del “Jefe” al mar, para el mismo efecto, Antonio de la Maza le comentó al grupo de acción: “¿Al mar? Se lo vamos a tirar en los pies de ellos para que resuelvan”, haciendo referencia al “grupo político”.

Esto podría demostrar -y el general Imbert no tiene por qué hablar mentira- que la idea del secuestro, fingido o no, persistió hasta los últimos tiempos previos al atentado.  Aunque la decisión de “eliminarlo físicamente”, de todos modos, era una resolución que parece siempre estuvo en la mente de Antonio de la Maza y de algunos de sus compañeros.

Huáscar, en unas declaraciones del 6 de septiembre, en la Base Aérea, dice que conoció a de la Maza en la casa de Juan Tomás; y que fue éste que lo enteró del complot y le presentó al mocano.  También dijo que Juan Tomás le confió lo del compromiso de Pupo y de otros, y que hablaría con el general García Urbáez para contar con el apoyo de militares en el momento preciso.

 “En cuanto a lo que podría considerarse los basamentos ideológicos o razones que escuché para efectuar el complot”, refiere Cedeño, “giraban en torno al estado general de cosas en que se encontraba el país, en lo cual se incluía: la situación económica, las condiciones de relaciones con el exterior, ya que el país se encontraba sancionado por la OEA, y el divorcio entre el Estado y la Iglesia, parte esta que fue la que más me sedujo personalmente, y la consiguiente presión que se estaba ejerciendo sobre el arzobispado y el clero, de lo cual, en múltiples ocasiones, hube sido testigo de lamentos en dicho sentido”.

Huáscar dice que el 30 de mayo, a las 7: 30, se dirigió a casa de Juan Tomás, persona que según sus declaraciones era muy allegada a él “por nexos familiares y de antigua amistad”, donde se encontró con De la Maza, quien lo instó a que llamara a Pastoriza para que ambos lo esperaran en su casa. Tejada es bastante claro cuando dice: “Me produjo  un mal efecto la variación dada al plan de secuestro del Jefe”.  Esto demuestra que el proyecto lo varió De la Maza, según abunda Huáscar, por “venganza personal”.  Dicha versión también la articula Estrella Sadhalá en declaraciones en la aviación militar, en esa misma fecha.

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