La Vida 2 Septiembre 2010
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TERCER CAMINO
¿Por qué no?
Lavinia Del Villar
lavinia375@hotmail.com

Últimamente hemos despedido de este mundo a varias personas muy queridas de nuestro pueblo, Mao. A veces, y parece pura coincidencia, se suceden los decesos, y vamos de una pena a otra, porque la ventaja de vivir en los pueblos es que prácticamente todos nos conocemos, si no directamente, por medio de un amigo o un familiar. Por eso sufrimos juntos las tristezas, y gozamos también juntos las alegrías. Cuando acompañamos los dolientes de los que parten, nos alineamos para abrazarlos, como una forma de demostrarles que lamentamos la pérdida y compartimos el dolor.

Damos y recibimos abrazos con cariño en esos momentos especiales. Aunque tenemos por costumbre saludarnos juntando nuestras caras a manera de beso a medio dar, realmente el contacto que reconforta es el abrazo, pero el abrazo de verdad, el abrazo abrazo, el abrazo sincero.  Es maravilloso lo que un abrazo puede hacer. Puede alegrarte cuando estás triste, puede decir “Te quiero”, “No quiero que te vayas”, “Bienvenido a casa”, “Qué bueno que te veo”, “ Siento lo que te pasa”, “Te perdono”Ö sin necesidad de palabras. Es muy cierto que no vamos a ir por las calles pidiendo abrazos, pero  creo que en el hogar, en las escuelas, en las iglesias, instituciones, empresas, sociedades, etc. debiéramos instituir “El día de los abrazos”, que podría ser una  vez al mes, o  cada seis meses, o con la frecuencia que fuere necesaria.

Ya lo hicimos en la comunidad terapéutica donde trabajaba, y les aseguro que da resultados muy positivos, no sólo en el plano psicológico, sino también físico. En centros médicos se ha comprobado que el abrazo reduce el dolor, la tensión, la ansiedad y la depresión, y además aumenta el deseo de vivir.

 El abrazo transfiere energía, da estímulo emocional, y es una perfecta herramienta para enseñar a los niños la importancia de amarnos a pesar de nuestras diferencias.

Lo bueno del abrazo es que es gratis, y que no podemos dar uno sin recibir otro. Así que, ¿por qué no?, abracémonos, no sólo en fechas especiales, sino cada vez que queramos decir “te quiero”, o simplemente “te necesito”.

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