La Feria Internacional del Libro es para muchos el evento literario más importante del país, pero no todos comparten esa visión. Hay quienes sostienen que más que un evento donde se proyectan las letras y las actividades culturales, la realidad es otra muy distante de lo que se proyecta o pretende venderse.
De acuerdo a informaciones proporcionadas por el comité organizador de la feria, en el 2010 las ventas ascendieron a 72 millones de pesos, de los cuales más de 30 millones fueron por concepto de ventas de comestible y souvenires.
Los espacios que logran congregar mayor número de visitantes son quizás los que están más distantes del objetivo real de la feria: entre estos están el área de alimentos y bebidas, el Café Bohemio y el Teatro Arena, en horas de la noche.
Las actividades que logran reunir el mayor público son aquellas de tipo lúdico recreativo: conciertos al aire libre, la realización de concursos y uno que otros festivales infantiles.
Para muchos de los libreros, la zona de expendio de comida rápida y bebidas gaseosas es la que logra atraer la mayor cantidad de los visitantes de la feria.
Hay quienes sostienen que las autoridades del Ministerio de Cultura y de Educación no se encargan de incentivar o crear programas que motiven la lectura en los más jóvenes como es debido, sino todo lo contrario, se le da mayor incentivo a la feria como actividad comercial que como cultural.
Según Pedro Valdez, director ejecutivo de la feria, de lunes a viernes en horas del día, el mayor número de participes son niños y jóvenes provenientes de centros educativos, mientras que en las noches la mayoría son adultos que salen de sus trabajos.
En la feria se reúnen desde el ciudadano común hasta las figuras más importantes de la política y el arte.
Muchos aprovechan para conocer a estas personalidades y pedirles algún tipo de ayuda económica.
¿Feria del libro o del comercio?
De acuerdo al presidente de la Asociación Dominicana de Libreros y Afines, Dennis Peña, la mayoría de la gente que visita la feria va a pasear, a comer o a divertirse, sólo unos pocos van a comprar libros.
Afirma que en el país no existe una verdadera tradición de lectura.
“Pese a la gran cantidad de libros que han sido colocados a bajos costos para que el público se motive, estos pasan sin prestarle mucha atención, ya que su fin aquí no es la lectura”, agregó Peña.
Rafael Paulino, propietario de la Librería y Papelería Rosario, dice que la gente no tiene dinero, que es uno de los factores que ha contribuido a mermar las ventas. Manifestó que aquellos que sí poseen recursos económicos compran otras cosas pero no libros.
“Para muchos resulta más cómodo comerse una hamburguesa y tomar un refresco que comprar un libro”, sostuvo Paulino.
Comercio informal
Los vendedores ambulantes no pierden tiempo para colocar sus mercancías en los alrededores de la Plaza de la Cultura.
Entre las mercancías más comunes se encuentran las pulseras, collares, lentes de sol y otros artículos que en la mayoría de los casos son vendidos por extranjeros y uno que otros dominicanos.
Sin importar la nacionalidad, estos coinciden en que la feria es un buen lugar para colocar sus puestos de ventas.
Muchos logran pasar desapercibidos entre la seguridad del recinto y penetrar en la Plaza de la Cultura cargados de refrescos y botellas de aguas.
(+)
PARTICIPACIÓN DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN
Muchos medios de comunicación aprovechan el feriado para realizar sus transmisiones desde la Plaza de la Cultura en el transcurso de la feria, de este modo logran obtener una gran interacción con los participantes del evento.
Algunos canales televisivo realizan concursos en donde las personas tienen la oportunidad de obtener premios en efectivo y efectos eléctricos. La feria también da la oportunidad a muchas figuras jovenes de darse a conocer en la población.