“Les he hablado de esto para que mi alegría esté en ustedes y su alegría llegue a plenitud”. La alegría que nos da Jesús nada ni nadie puede quitárnosla. No es la alegría del mundo que enajena. Es una alegría que trae justicia y paz, que permite subsistir entre las dificultades y sortear con increíble fuerza de espíritu todas las contradicciones que encontramos a nuestro paso en esta vida temporal. Descubrir la alegría que proporciona Jesús, es el primer paso para hacer más llevadera la vida a los demás y a un mundo que cada vez más se encuentra alejado de Dios.