No pueden viajar todas juntas en un mismo avión, no por falta de capacidad, sino por el incalculable valor de las obras de arte de la colección Real que fueron prestadas a México para una exposición y que ahora emprenden viaje de regreso a España.
“No van todas juntas no sólo porque no caben todas en un avión, sino porque es peligroso, por si ocurriera algo, es mejor que solo salga dañada una parte”, dijo a Efe Pilar Benito, conservadora del Palacio Real de Madrid y comisaria de la exposición.
El pasado 3 de junio se cerraba al público la exposición “Tesoros de los palacios reales de España”, que durante casi seis meses ha mostrado en el Palacio Nacional de Ciudad de México parte del acervo cultural real desde los Reyes Católicos hasta los Borbones.
Obras de Goya o Velázquez, pinturas, esculturas, tapices, alfombras, mobiliario y hasta un cañón de una tonelada de peso; casi trescientas piezas pertenecientes en su mayoría al Patrimonio Nacional de España.
Sobrevolaron el océano para recrear en el Palacio Nacional, lugar que en la época del virreinato formara parte de la Corona española, estancias como el Salón de Gasparini del Palacio Real de Madrid.
Recreaciones que, ade- más de un mes de montaje, requieren de una metódica y costosa planificación que comienza con un proyecto.
Se trata de pensar lo que se quiere contar y, una vez se tiene claro, decidir con qué piezas es necesario contarlo.
“Cuando se tiene esto hecho, hay que hacer informes de restauración para ver si las piezas que se quieren mover están en condiciones de viajar, si hay que restaurarlas, qué tipo de embalaje tienen que tener...”, explicó Benito.
Tras estos pasos comienza la logística del viaje. Las piezas se distribuyen en cajas especiales que se envían en aviones comerciales o de carga, cuando los objetos son demasiado grandes. Porque no se trata solo de cuadros y tapices, sino de objetos como armaduras de los Austrias o corazas de monturas ilustres.
Para trasladar las piezas se hicieron siete envíos diferentes, cada uno de ellos a cargo de una persona, el correo, quien es el responsable de las piezas desde su salida hasta su llegada.
Sin saberlo, un pasajero de un avión comercial puede estar viajando con un Velázquez bajo sus pies, pues ninguna de las cajas está identificada con el nombre de la obra que contiene, sino con un código de barras, para mayor seguridad.
Aunque cada pieza está asegurada, la pérdida de algunas de ellas sería irreparable y en ningún momento el dinero del seguro cubriría su valor real, relató la comisaria. Por ello, cada envío va escoltado por policía en todos sus trayectos, de los museos de origen al aeropuerto y viceversa.
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UN BALANCE POSITIVO PARA PRESERVARLAS
Los daños, en caso de producirse, tendrían que correr a cargo de los receptores de la obra, en este caso del Gobierno mexicano, que también ha sido el encargado de costear los gastos de toda la operación de transporte.
“Los gastos son bastante cuantiosos” pero lo importante no es esto, sino permitir que las obras vengan “con todas las medidas de seguridad para salvaguardar todo el patrimonio que nos han prestado”, aseguró Juan Manuel Corrales, coordinador general de la exposición.
El balance ha sido “muy positivo”, pues en el tiempo en que ha permanecido abierta la exposición se han registrado 574,502 visitantes.
En pocos días, varios aviones cruzarán el océano con Goyas y Velázquez en sus bodegas, con un cañón de una tonelada y quienes viajen nunca sabrán que cerca de sus maletas hay objetos que un día pertenecieron a las grandes dinastías reales españolas.