Carlos Pittaluga define la inteligencia emocional como la habilidad que nos permite percibir, evaluar y expresar emociones adecuadamente.
Basado en el trabajo de diversos especialistas, el profesor de la Escuela de Gerencia IESA, de Venezuela, describe la Inteligencia Emocional como la facultad para entender las propias emociones y las emociones de otros, la habilidad para acceder o generar sentimientos, para facilitar las actividades cognitivas a ellos asociadas y, finalmente, la habilidad para regular las propias emociones y las emociones de otros.
Este psicólogo venezolano, con una especialidad en Neurociencias, impartirá el curso “Liderazgo e Inteligencia Emocional”, los días 3 y 4 de agosto de 2012, ambas jornadas de 8:30 AM a 4:30 PM, en el hotel Hilton Santo Domingo.
Este curso es ofrecido por el IESA, Escuela de Gerencia que ofrece postgrados y formación ejecutiva de calidad internacional en Venezuela, Panamá y República Dominicana.
¿La inteligencia emocional se puede aprender?
Cuando nos referimos a los atributos psicológicos principales de una persona, la pregunta ¿genético o adquirido? no tiene cabida, carece de sentido científico.
Todos esos atributos son polimórficos, es decir, intervienen varios genes distintos en cuya expresión participan diversidad de factores, incluyendo la experiencia, el aprendizaje y las vivencias.
El neurocientífico Richard Davidson ha demostrado que las personas que llamamos pesimistas o con un bajo cociente de inteligencia emocional, cuando afrontan la adversidad evidencian mayor actividad en la zona pre-frontal derecha y en la amígdala (un centro cerebral) del mismo lado o hemisferio.
En otras palabras, las estructuras neuro-químicas asociadas al optimismo y al pesimismo son genéticas. No obstante, las personas pueden aprender a sobreponerse a sus propias tendencias constitucionales y desarrollar el patrón de pensamiento/conducta opuesto. En una sola frase, la inteligencia emocional se puede desarrollar.
¿De qué forma la inteligencia emocional puede mejorar nuestras vidas?
Es una fuerte palanca para el éxito y la felicidad, para lograr una vida plena y sana (psicológica y físicamente), para la realización personal y profesional. Además, tiene un gran impacto en competencias gerenciales como el liderazgo y la negociación.
Su desarrollo trasciende la esfera de lo individual y se expresa de modo significativo en lo social, por las corrientes de influencia recíproca que caracterizan a sistemas como las organizaciones.
¿Cómo se aplica la Inteligencia Emocional en una organización?
Tiene una gran influencia en procesos de gerencia y administración, así como en procesos de liderazgo, negociación, conciliación de conflictos y mediación.
Tiene un enorme impacto en el clima organizacional y por ende se expresa de forma directa en términos de calidad y productividad.
No es exagerado decir que la competitividad, en algún grado, se traduce como una expresión de la Inteligencia Emocional promedio en una organización. Esto tiene relación directa con la salud física y mental de la gente y por ende, con variables tales como el ausentismo y la rotación.
¿Podríamos hablar de un liderazgo emocionalmente inteligente?
Dos de las aptitudes de un líder, empatía y resonancia, son además, aptitudes de la Inteligencia Emocional.
Por otra parte, si entendemos al líder como una persona que influye por lo que es, que modela un patrón de conducta en contextos altamente complejos y retadores, que impulsa y soporta la transformación en condiciones de incertidumbre y riesgo, el beneficio de un lider emocionalmente inteligente para una organización es evidente y muy alto.
¿Qué beneficios trae a sus colaboradores que un líder aplique la Inteligencia Emocional?
La Inteligencia Emocional no es una técnica o una fórmula que se pueda “aplicar”. Esta connotación es equivocada.
Se trata de un conjunto de facultades que determinan el modo de ser y de estar de una persona. En este último sentido, una persona que la posea en grado alto, contribuye con el éxito y la felicidad de quienes trabajen con él.
Además, como consecuencia de la influencia en la interacción social, contribuye con el desarrollo de la Inteligencia Emocional de los demás.
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Carlos Pittaluga, profesor de la Escuela de Gerencia IESA, se ha desempeñado como consultor en la implementación de sistemas de calidad y productividad para empresas públicas y privadas, desde 1969.
Como docente o consultor, ha trabajado en Colombia, Ecuador, Chile, Brasil, Costa Rica, México, Panamá y República Dominicana, además de su natal Venezuela.
Llevó a cabo un Máster en Neurociencia en la Universidad de Barcelona, España (2008); un Doctorado en Psicología en la Universidad Católica Andrés Bello, de Caracas, Venezuela (1979), y una Maestría en Psicología de la Universidad Simón Bolívar, de Caracas (1976).
Completó sus estudios como Psicólogo Clínico en la Universidad Católica Andrés Bello, de Caracas (1969) y una Licenciatura en Psicología de la misma casa de altos estudios (1965).