La Vida 20 Septiembre 2012
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Ser cortés es asunto de todos
Emerzon Castillo
Santo Domingo

Tener cortesía es ser considerado y agradecido, cosa que a muchos no les interesa, porque se jactan de decir que no viven para nadie más que para ellos mismos, y entienden que no nacieron para complacer a ninguna persona, y este es el principal error.

A veces la falta de cortesía parece una novela, que en sus diferentes capítulos refleja una escena distinta, pero con el mismo final: la desconsideración y grosería.

En los autobuses se encuentran hombres y mujeres de edad avanzada parados, y ningún hombre o mujer más joven, y hasta en mejores condiciones de salud, es capaz de ofrecerle un asiento. Pero así mismo pasa en el metro o lugares públicos, aunque no solo en el transporte se presenta esta situación.

La comunicadora Lissette Selman, quien ofrece talleres de etiqueta, protocolo y cortesía, considera que en los últimos tiempos se ha ido perdiendo este valor.

“Sí, creo que la cortesía se ha perdido en sentido general y lo atribuyo a lo que presumo es una escasa o ninguna dedicación de los padres a educar a sus hijos en este y otros sentidos, no sólo con la prédica, sino más bien con lo más efectivo, el ejemplo”, expresó.

Según afirma la comunicadora, Lynda Rodríguez, la familia es la célula social más importante y la verdadera base de la sociabilidad; tanto así, que puede afirmarse que basta con darle un vistazo a las familias para saber cómo es una sociedad, qué valores tiene y cuáles son los fines que la mueven.

“La familia es el factor educativo más hondamente influyente en la formación humana y cívica de quienes la integran”, dijo.

Dentro de las claves para tratar de ser siempre cortés, Selman destaca lo siguiente: comenzar con el respeto, valor que implica mucho más que ceder el paso; saludar; ceder un asiento; hablar en voz baja (algo que sabemos muy pocos dominicanos); dar las gracias.

En conclusión, es deber de toda familia inculcar a sus miembros los diferentes valores que hacen posible ser un ente de bien, sobre todo el de la cortesía, que, a veces, sentimos se ha ido perdiendo.

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