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27 Agosto 2014, Santo Domingo, República Dominicana, actualizado a las 4:07 PM
LD- Lecturas de Domingo 15 Julio 2007
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KELVIN GUERRERO
El científico de los insectos
A los catorce se ofreció como voluntario para trabajar en el Museo de Historia Natural. Hoy Kelvin Guerrero figura en las páginas de la ciencia internacional por haber descrito una nueva especie
  • Al aire libre o en su estudio, Guerrero muestra su dedicación a investigar.
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Virginia Rodríguez

SANTO DOMINGO.- La idea de estudiar insectos puede resultar extraña, aburrida o atemorizante para algunos. Para otros resulta apasionante. En este último grupo entra Kelvin Guerrero, actualmente el único entomólogo dominicano por formación académica, que describió, en 2004, un nuevo tipo de escarabajo que lleva hoy su nombre, el Pseudothonalmus Guerrero.

Y no se trata de un señor serio, entrado en edad y con el pelo blanco, sino de un joven ocurrente, lleno de humor y energía.

“La gente oye entomología y piensa, ‘¿y de qué vas a vivir con eso?’, pero en verdad la entomología es una ciencia de amplia aplicación. Se utiliza en medicina, en ciencias forenses, en agricultura, en biotecnología…”, explica Kelvin, que hizo su especialidad en taxonomía y filogenética, que consiste en la descripción y clasificación de las especies y familias de insectos.

Su vocación viene de lejos. A los catorce años, recién llegado a la capital desde su Romana natal, se presentó como voluntario al Muso de Historia Natural. Allí laboraría luego, asignado al Departamento de Entomología, mientras estudiaba biología en la Universidad Autónoma de Santo Domingo.

“El trabajo me permitió adquirir mucha experiencia –cuenta Kelvin- Hacía viajes de colecta, participaba en investigaciones científicas, a veces me iba también por mi cuenta…”

Para ganar su título de entomólogo tuvo que estudiar por casi cuatro años en la Universidad de Montana, Estados Unidos, becado por la Fundación Fulbright. Sus recuerdos de esa época en el Norte lo llevan a la pasantía que realizó en Washington D.C., cuando tenía que levantarse temprano para contar aves bajo el cielo nublado y una llovizna constante. Luego de dos meses sin ver salir el sol y desesperado por el frío, su mente de científico no pudo más que preguntarse “¿cómo diablos hacen las plantas fotosíntesis aquí?”.

Pero más difícil que conseguir una beca, fue regresar al país, en 2001, con una especialización tan particular como la suya.

“Ese fue un periodo difícil, porque es una readaptación. Vienes con conocimientos buenos, revolucionarios, pero recibes muchas críticas. Algunas personas ven tu entusiasmo como si te la estuvieras dando”, dice Kelvin.

Gracias a su formación de biólogo, pudo trabajar en proyectos de conservación y manejo de áreas protegidas. Hoy se desempeña como consultor independiente y es, entre otras cosas, investigador asociado del Museo de Zoología Comparada de la Universidad de Harvard, Estados Unidos.

Una visión muy particular
Su explicación sobre las causas de los daños ambientales que ha sufrido la República Dominicana es interesante: “el país vivió un vacío de carreras no tradicionales como la geografía y la biología, que fue llenado por ingenieros, abogados o doctores, personas que no están formados para la conservación y el ambiente”.

A esto agrega que para tomar decisiones en base a criterios científicos hay que realizar estudios que toman tiempo y salen caro, una inversión que muchos no están dispuestos a hacer.

Oriundo de Río Salao, un sentimiento de dolor, que raya a veces en rabia, se despierta en Kelvin cuando piensa en su pueblo. “La Romana es la única ciudad costera del país que no tiene malecón”, dice.

Es una denuncia enfática. Para él, que de niño se iba en bicicleta a bañarse en la playa de Caletón, hoy cerrada, es indignante que empresas privadas se hayan apropiado de la costa, violando incluso la franja de los sesenta metros que están declarados por ley como espacios públicos.

“Dominicano de pura cepa”, anuncia un letrero en su página web personal donde Kelvin ofrece una larga lista de sus estudios, publicaciones científicas, experiencias y reconocimientos. Pero, por más títulos que exhiba, él sigue siendo una persona humilde y alegre. Como los insectos coloridos que le encanta estudiar.

La nueva especie
El insecto descubierto por Kelvin en 2004 recibió el nombre de Pseudothonalmus Guerrero, en honor a quien lo describió por primera vez para la ciencia.

Se trata de un escarabajo de antenas largas y colores brillantes endémico del área del área del Caribe y perteneciente al orden Coleóptera y a la familia Cerambycidae. Ha sido encontrado en Puerto Rico, Jamaica y Cuba.

En aquél momento Kelvin explicó a los medios que la nueva especie imita a otra denominada Thonalmus para defenderse de los predadores, por eso le puso el prefijo “pseudo” en su nombre.

El Thonalmus tiene un sabor terrible, que le evita ser comido por las lagartijas y largartos, así que el Pseudothonalmus Guerrero se hace pasar por éste imitando sus colores vivos: azul, naranja, rojo y negro.

El descubrimiento apareció en varias publicaciones científicas, entre ellas la de la Sociedad Entomológica de Nueva York.

+CV
Experiencia internacional
INVESTIGADOR POLIFACÉTICO
Kelvin Guerrero ha participado en una numerosa lista de proyectos ecológicos y científicos. Es representante para República Dominicana del programa “Dive In To Earth” de la Coral Ref.

Alliance (CORAL); fue director del Proyecto Co-Manejo y Planificación de Conservación de Sitios del Parque Nacional del Este; Coordinador Ambiental de la Asociación de Hoteles la Romana- Bayahibe; entre muchos otros. Ahora su nueva aficción es la computación. “La hice yo mismo”, dice orgulloso sobre su página web.

www.geocities.com/cerambycido

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