Ya es tiempo de que el pueblo dominicano entre en un proceso de unidad nacional donde todos los sectores asuman un compromiso ético en el ejercicio de las funciones públicas, donde la defensa del patrimonio nacional sea responsabilidad, no solo del presidente electo, sino de los funcionarios públicos que están en el deber de garantizar la transparencia de los recursos originados por el cumplimiento de los contribuyentes en el pago de sus impuestos y donde el Estado no sea competencia de los capitales de la empresa privada y mucho menos de las inversiones que aseguren fuentes de trabajo a la gran mayoría de los dominicanos.
No es tiempo de confrontaciones, ni de insultos, ni resentimientos; es tiempo de unidad, donde el deber ciudadano no esté sujeto al reconocimiento, sino a la obligación patriótica.
Es tiempo de adecentar nuestras instituciones, en base a los mejores hombres del país, independientemente de banderías políticas. Tiempo para la educación, como vía de un real desarrollo integral generador de riquezas. Tiempo de que los turistas tengan a República Dominicana como el destino idóneo de seguridad y esparcimiento, principal renglón de la generación de divisas. Tiempo de decisiones que favorezcan efectivamente a los más desposeídos en su derecho a la alimentación.
Tiempo en que el poder judicial se apodere y dé ejemplos de autonomía en la administración de justicia, como garante de los recursos del Estado. Tiempo en que la familia tenga fe en la preservación de los valores que deben asumir sus hijos con el estímulo y la orientación de un liderazgo honesto. Tiempo de enfrentar el tráfico de drogas con el sometimiento de los cómplices protegidos por las altas esferas de los gobiernos. Es tiempo de nacionalismo, austeridad y sensibilidad patriótica.
Es tiempo de un cambio seguro... ¡es tiempo de Danilo!