
El cerebro está vulnerable hasta los 21 años, edad en que la psicóloga Ana Floripe, especialista en Educación y Derecho humano, indica se culmina su desarrollo.
Además de procurar una buena alimentación y ejercicios, los jóvenes deben mantenerse lejos de sustancias lesivas al organismo, si desean concluir esta etapa con éxito y formarse como seres íntegros, indica la especialista. Pese a estar frente a una generación de infantes y adolescentes con mayor capacidad cognitiva y sensibilidad a los mensajes, explica Floripe, esta lógica hoy resulta difícil de cumplir. “Las presiones que asedian provienen tanto del grupo –dice– como de mensajes publicitarios”.
Ambiente
¿Qué ve el infante en el medio? “Que cuando el adulto toma se pone feliz”, indica la psicóloga Ana Ellis, especialista en intervención infanto- juvenil. Aunque sus tutores hayan establecido reglas claras o el niño esté en un entorno familiar donde no se consuma, “predomina la necesidad de experimentar”, explica. Según Ellis, el deseo se acentúa cuando se le ha enseñado que la felicidad está “fuera de él”.
Al ignorar que su cuerpo reacciona diferente que el adulto, podría caer en el abuso y la adicción, señalan las expertas.
CUADRO CLÍNICO DE UN NIÑO ALCOHOLIZADO
La pediatra Matilde Hernández explica que cuando un niño ingresa al hospital pataleando, hablando incoherencias o gritando groserías, la intoxicación es tratable.
“Cuando el infante está en histeria -indica-, hay tiempo para prevenir complicaciones”. Los lavados de estómago son innecesarios, ya que por lo general “el cuerpo rechaza la droga y vomitan”, expresa. “Uno le pone su suero, le da dextrosa al 50 por ciento y la glucemia del cerebro va aumentando hasta reponerse”. Según Hernández, piden perdón después de que sus padres le dicen lo que han hecho. Tras volver a la normalidad no recuerda nada, como los adultos. En cambio, cuando los niños ingresan convulsionando, se pasan a cuidados intensivos. “Con un cerebro sin glucosa con qué trabajar, al cuerpo le da una depresión tremenda y la mayoría termina en paro respiratorio”.
Detener el agravante del alcoholismo precoz
Ana Floripe, psicóloga especialista en Educación y Derecho Humano, dice que el alcoholismo precoz deja consecuencias en la sociedad. Explica que traumatizar el organismo permanentemente marca la capacidad de desarrollo de la persona y delimita a largo plazo la producción de una nación.
Indica, además, que esta condición despierta conductas que inducen al individuo a cometer actos lesivos contra él mismo y los demás. “Eso llevará tarde o temprano al abuso de drogas, la criminalidad o la deserción de las metas académicas”, dice. Para desengranar el sistema de estos factores, Floripe sugiere adoptar programas que involucren al Estado, las familias y los jóvenes.
Educación
Floripe considera que es posible crear conciencia sobre el consumo de alcohol desde preescolar. Expresa: “Al niño se le puede dejar entender que se trata de una sustancia nociva con dibujos, pinturas o cantos, a los 5 o 6 años”.
“Es esencial trabajar con el autoestima también a esa edad”, dice. Sostiene que una persona con un alto concepto de sí misma desarrollará un foco y sabrá lidiar con las presiones de su ambiente.
Asegura que hay tantos métodos e ideologías como formas de impartir conocimiento e invita a los profesores a explorar. Recomienda que esta educación sea continua y se adapte a la particularidad que presente cada grado.
Floripe señala que, para mayor efectividad, se incluyan en el proceso a tutores con talleres de aprendizaje, sin importar que se trate de mamá o papá, tío o abuelo.
Beneficios
Según Floripe, el Estado es el primero que debe responder a la inciativa. Aparte de tener bajo su jurisdicción los recursos que mueven los motores, sigue, procura el procedimiento.
Con invertir en iniciativas que cubran tanto a los jóvenes alcohólicos como a los susceptibles al entorno, el gobierno asegura un ambiente sano y seguro, indica la especialista.
La psicóloga Ana Ellis, especialista en intervención infanto-juvenil, expresa que al disponer de entidades que regulen la evolución de esa cultura, se difundirá una manera más competente de convivir.
Floripe se inspira en los modelos de Finlandia y España para arrojar sus propuestas, donde los programas han servido para proteger a los jóvenes de manera eficiente.
Huellas del consumo
En su tesis sobre la efectividad de un programa de prevención del alcoholismo (2006-2010), en Villa Tapia, Floripe revela que estudiantes de sexto y octavo grado de la primaria, con edades entre 12 y 14 años, consumen alcohol hasta dos veces por semana.
En el documento se informó de un ambiente de competitividad reciente entre los sexos femeninos y masculinos. Así como que el 66.73 por ciento de los bachilleres toman alcohol.
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EL TRABAJO EN CONJUNTO
La psicóloga Ana Floripe sugiere que el Estado pacte acuerdos con las licorerías para establecer los programas preventivos. Indica que también deben plantearse reuniones para discutir sobre la posición de los carteles de publicidad, ya que “con citar la ley, estas empresas solo hacen la mitad del trabajo”.
“Mientras solo se les diga que el alcohol hace daño, pero no qué tipo ni en qué grado, los jóvenes seguirán abusando –dice–, no creo que por más que el producto sea popular entre menores, la empresa busque ese tipo de propaganda”.
Tanto Ellis, psicóloga también, como Floripe señalan que, aunque después de los 21 “sea legal consumir alcohol”, debe hacerse con moderación para aprovechar sus beneficios medicinales.