
Viendo este film de John Madden (Shakespeare in love) nos viene a la mente la excelente comedia romantíca “Love actually”, escrita y dirigida por Richard Curtis.
En aquel, las diferentes historias de muy diferentes personajes discurrían sobre el tema del amor: entre niños, entre casados, entre políticos, etc.
Curtis supo, desde el inicio de sus entreveradas historias, captar la sensibilidad de los espectadores a traves, precisamente, de la sensibilidad que surge de manera espontánea de sus personajes, y por eso sus relatos poseen eso mismo, espontaneidad, gracia, chispa, elegancia y buen sentido.
Sí, es muy posible que Madden haya sido influenciado por Curtis, pero, el único problema es que Curtis fue quien escribió el guión, lo cual supone un doble esfuerzo pero, además, y muy principalmente, más compenetración con ella: la pens, la creó para llevarla a las imágenes desde un principio.
Madden, en cambio, se vale de una novela, “The foolish thigs”, original de Deborah Moggach, y luego de un guión escrito por Oliver Parker, lo cual significa que esa historia que vemos ha pasado por dos etapas diferentes para terminar en las imágenes que vemos, y, sobre todo, que no es un “producto” original del director.
Tal vez sea la razón por la cual no sentimos por los personajes de la historia el mismo cariño, el mism sentimiento de cercanía que sentimos por los de Curtis, muy a pesar de que sean interesantes: Evelyn, es una viuda que prefiere vivir sola antes que con su hijo y su esposa; Douglas y su esposa dos pensionados que no cuentan con recursos para comprar un buen piso; Graham es juez que se retira para volver a sus recuerdos juveniles; Muriel una anciana ríspida que necesita un trasplante de cadera y no puede esperar seis meses en InglaterraÖy todos ellos, más otro anciano y otra señora, ambos sedientos de amor y sexo, más el joven Sunny, propietario en parte del Hotel Marigol, van a dar con sus huesos en el susodicho albergue, nada menos que en la India, promocionado como el lugar perfecto para el ocaso de una vida, pero que apenas medra en medio del desorden y las escasas comodidades.
Y entonces se inicia la aventura de todos y cada uno de ellos, y, a medida que las historias avanzan usted, espectador, se percata de que, a pesar del genuino interés humano que poseen los personajes por sus características, todo se nota un tanto acomodado de manera tal que casi podemos adivinar el resultado final de, si no de todas las historias, por lo menos de buena parte de ellas, o sea, un final feliz “para toda la compañía”, como se decía antes de películas un tanto simples.
Lo que realmente salva el film es su formidable cuadro histriónico: tener en pantalla a Tom Wilkinson, Judy Dench, Bill Nighy, Maggie Smith, Penelope Wliton y otros no tan conocidos es un placer más que genuino, aunque sus personajes no posean demasiado valor como tales.
En resumidas cuentas, podemos recomendar esta comedia sentimental, pero sin poner demasiado énfasis.