En función de los viejos aportes del PRD a la democracia dominicana, y del compromiso que le asiste a ese conglomerado político con la paz social y el equilibrio institucional de la nación, la unidad de la organización hay que garantizarla a toda costa. Si está en riesgo o pende de un hilo actualmente, como hay sobradas evidencias, los propios y algunos bien intencionados de afuera tienen que hacer esfuerzos especiales o todo lo que esté a su alcance por buscar, encontrar y preservar la unidad de la familia perredeísta.
El PRD, que sacó más de dos millones de votos en el pasado proceso electoral, no es el país, pero su división y traumas internos afectan el ritmo y la marcha de la nación en distintos órdenes. De ahí que se imponga como una necesidad, que si las partes en disputa no son capaces de ponerse de acuerdo por sí solas, entonces hay que ayudarle desde afuera a encontrar la unidad.
Pero el de fuera que se ofrezca para ayudar a resolver la crisis tiene que ser prudente y evitar que se le vea y crea inclinado para una de las partes, con propuestas que ñporque estimulan las diferenciasñ, son “remedios” que hacen más daño al enfermo. Fue lo que ocurrió, por ejemplo, con la propuesta de Participación Ciudadana (que un sacerdote de la Iglesia Las Mercedes acostumbrado a filípicas con sesgo partidario hizo suya), en el sentido de adelantar la convención del Partido.
Después de las “expulsiones” que el TSE dejó sin efecto, el tema de un pedido de adelanto de la convención, que ya Miguel Vargas rechazó, aparece como el punto de mayor conflicto dentro de la crisis del partido blanco. Contrario a las pifias de Participación y del religioso indicado, quien se anotó un tanto a favor fue el ex candidato a la vice Luis Abinader, al conseguir con monseñor Agripino (que en principio no quería) la disposición personal de mediar para salvar la unidad del PRD. ¿Quién si no Monseñor, mediador por excelencia?
Luis, quien no desbordó y manejó un discurso equilibrado en la pasada campaña electoral, hace bien en no irse de cabeza en la lucha actual de su partido y poder hacer de “puente” con Núñez Collado para que medie en la crisis. De haber estado aun más equidistante, al hombre ñpor el perfil y el terreno ya ganados en políticañ en el tranque actual le hubiera correspondido ser el árbitro. De ahí que, como “reserva”, debe cuidarse.