Todas las carreras comprometen los recursos que se le consignan en el Presupuesto Nacional, cuyo uso debía restringirse a impartir las carreras universitarias, y una de las causas eficientes de las carencias económicas de la UASD. La solución que debió darse desde el inicio al problema de los malos bachilleres que le entregaba y entrega la educación media a la UASD era muy simple: un examen de admisión. Hoy esa solución es tan impopular como el alto costo de matriculación, porque ninguna autoridad universitaria quiso entonces echarse encima la acusación de atentar contra el concepto demagógico de la ‘Universidad Abierta’, condición problemática a la cual se agregó el factor de la lucha geopolítica y la ‘Guerra Fría’ Este-Oeste, que se protagonizaba en cada país latinoamericano.
Un factor determinante en los problemas que encaró la UASD desde el inicio de su autonomía, fue la del cogobierno que estrenaba, estructura que daba participación en sus instancias de decisión al profesorado, al estudiantado y a la empleomanía. Aunque en su composición consagraba al profesorado la mayoría decisiva en sus órganos, ello no conllevó a que las decisiones expresaran este predominio. La realidad del cogobierno quedaba distorsionada porque mientras el profesorado se mantenía sin organizarse, el estudiantado sí lo había hecho atendiendo a inclinaciones ideológicas o partidarias, dándole la posibilidad de ir a los cónclaves con posiciones concertadas, mientras el profesorado acudía a improvisar las suyas.
Es de notar que existía entonces un requisito de alto nivel académico a la representación estudiantil a los órganos de cogobierno de no menos de 95%, exigencia que ha desaparecido de su Reglamento, lo cual resta autoridad a su representación para opinar en los temas de su desenvolvimiento y los problemas de la docencia. La evidencia la constituye el actual presidente de la Federación de Estudiantes, con más de 20 años en la carrera de medicina. Las organizaciones estudiantiles así formadas, actuando como apéndices de los partidos políticos, dio a éstos una perniciosa e indeseable participación en la suerte de la UASD, atendiendo a objetivos reñidos con su finalidad académica, que se canalizaban a través de sus estudiantes, no sus profesores. Esto vino a cambiarse mucho después, con la creación de las organizaciones profesorales por facultades y la Federación de Profesores FEPROUASD.
La convulsa situación política por la cual atravesaba el país, tuvo su natural eco en la joven institución que estrenaba su autonomía, su fuero y el cogobierno, tres retos de por sí difíciles de manejar. Dada la prevalencia en su seno de orientaciones políticas e ideológicas contrapuestas a las instancias de dominación que la geopolítica instalaba en el poder, la UASD devino en la principal fuerza de confrontación con los gobiernos de facto de turno. Además, la rectoría se convirtió en una deseable plataforma de lanzamiento a aspiraciones presidenciales, lo cual fue evidente en varios de sus rectores de entonces, e incluso en algunos recientes.
A partir del golpe de Estado de la Unión Cívica a Balaguer, que determinó la primera purga política en la UASD como repercusión de la que se desarrolló a nivel nacional, sainete de mal gusto con el cual trujillistas asimilados a la UC persiguieron a los remanentes del régimen, el país tuvo de gobierno un Consejo de Estado controlado por los cívicos en representación de la Plutocracia que guiaba a control remoto los acontecimientos en el país. Este organizó unas elecciones para que las ganara su candidato Viriato Fiallo, pero que ganó Juan Bosch.
El agitado escenario político dominicano registró a los siete meses el golpe de Estado a Bosch; el gobierno del Triunvirato de Tres; la Insurrección del 14 de Junio; el Triunvirato de Dos; el Movimiento Constitucionalista de Abril de 1965; la Ocupación Militar de EE.UU.; el gobierno provisional de García Godoy; elecciones amañadas con el país ocupado; y nuevamente Balaguer por 12 años en alianza con Unión Cívica y el Grupo 30 de Mayo, esta vez instalado por voluntad de la Plutocracia que antes lo depuso del poder.
El fuero que otorgaba a la UASD su autonomía, fue abusado por las actividades que desplegaron a su amparo grupos de la izquierda radical, que dieron pretexto para las agresiones e incursiones policiales de que fue objeto por parte del gobierno, llegando a recluir detenidos en un vehículo policial, a su rector de entonces y parte de su cuerpo de dirección. Pero los grupos de estudiantes radicalizados en ideologías contrapuestas o rivales, protagonizaron también enfrentamientos entre sí incluyendo intercambio de disparos de armas de fuego.
No tardó en surgir el plan de cerrar la UASD, el cual fue concebido, no solo para eliminar el fuero que le convertía en foco que albergaba grupos de ideologías radicales e indeseables actividades políticas; sino para eliminarle también como reducto de todo pensamiento, filosofía o ideología por democrática que fuera confrontadas con la dominación geopolítica de la Plutocracia, que guió a su capricho el proceso político dominicano en sus objetivos de apoderamiento económico. En 1962 el Grupo de Santiago había creado la Universidad Católica Madre y Maestra, luego Pontificia. Abril de 1965 fue el detonante de la crisis de la UASD.
La toma de la UASD por un grupo afín al Movimiento Constitucionalista y la expulsión de sus autoridades por los estudiantes en una nueva purga ideológica, culminó en una radical recomposición que se denominó ‘El Movimiento Renovador’. Los expulsados, con apoyo del gobierno de Balaguer -reinstalado en el poder en 1966- crearon la Universidad Pedro Henríquez Ureña (UNPHU). Poco después con financiamiento internacional, se crearon APEC, el INTEC y se relanzó la PUCMM en la capital. Hoy, existen en el país 49 universidades, 46 de ellas privadas. Con el marco ideológico de la Globalización Neoliberal, la educación universitaria ha pasado a ser un negocio, en el que muchas de ellas desvirtúan y desacreditan su función docente, la categoría de universidad, y se pervierte el objetivo de formar ciudadanos.
No se ha logrado cerrar a la UASD, porque la magnitud de su población estudiantil no lo ha permitido, pero sí se ha logrado reducirla institucionalmente a una más de ese desorden académico, bajo la férula del Ministerio de Educación Superior. De sus aulas egresan constantemente miles de graduandos en distintas disciplinas, con diferentes calidades de formación; que no obedecen a una programación de las necesidades del desarrollo en cuanto a recursos humanos. Se frustra así también este objetivo fundamental del esfuerzo educativo, y se alimenta su desempleo y la migración de los más aptos en esa grave descapitalización a favor del mundo industrializado que Latinoamérica denomina la ‘Fuga de Cerebros’.
Lo peor es que con excepción de unas pocas, buena parte de esas ‘universidades’ privadas son entidades parasitarias que se sostienen con el apoyo económico del Estado, que subsidia sus finanzas para que los estudiantes puedan costear su matriculación. Todo a costa de regatearle a la UASD los recursos que le asigna una Ley que nunca se ha respetado. Tampoco se respeta su autonomía, cuando la Oficina de Ingenieros Supervisores de Obras de la Presidencia determina la inversión de recursos del Estado en obras que no responden a la prelación de necesidades de la UASD y se consignan como parte de sus aportes económicos. Así termina teniendo en su recinto central un parqueo de vehículos antes que las aulas que faltan, y los Centros Universitarios que le construye en el interior del país, no vienen acompañados de los recursos para pagar su docencia y operación.
Quien escribe, nacido en 1930, es producto de la educación pública y privada que estuvieron asequibles durante mi período de formación y educación en la niñez y la adolescencia. Proveniente de un hogar de clase media en el cual ambos esposos trabajaban para el Estado, sus ingresos conjuntos les permitieron asumir ñcuando fue necesario- el costo de una educación privada para sus hijos- mi hermana Josefina y yo. No obstante, como paso a explicar, esta fue solo un complemento, en una educación básicamente provista por el Estado. Después de recibir la alfabetización en manos de mis padres, que fueron ambos maestros en su juventud, mi primer nivel de educación hasta el sexto curso, fue educación pública.
Lo cursé junto a mi hermana en la Escuela Primaria Anexa a la Escuela Normal hasta el 1941. Allí se concentraban bajo la dirección de Consuelo Nivar, un grupo de consagradas maestras producto de la orientación que la educación dominicana recibiera de Eugenio Ma. de Hostos. Como entonces la Primaria Anexa no cubría los dos cursos que faltaban para entrar al bachillerato, pasamos a la educación privada en el Colegio Luis Muñoz Rivera, dirigido por los esposos Félix Rodríguez y Elvira Medina de Rodríguez, puertorriqueños al igual que Hostos, primer colegio privado bilingüe y obviamente una educación de élite desde aquel entonces brindada por un excelente conjunto de maestros y maestras dominicanos y puertorriqueños. Recuerdo también que nos impartió inglés una maestra norteamericana.
Allí me gradué de octavo curso en el año 1943 a los doce años, y pasé otra vez a la educación pública en la Escuela Normal de Varones -que desde luego se llamaba ‘Presidente Trujillo’- a cursar los cuatro años del bachillerato de Ciencias Físicas y Matemáticas, porque ya en el curso de la docencia orienté mi temprana vocación al dibujo, a aprender el diseño y construcción de edificios. Deseo destacar la excelencia del grupo de maestros que bajo la dirección de Enrique Marty Ripley nos impartieron conocimientos ñincluyendo tres idiomas- para graduarme de bachiller en 1947 y pasar a los 16 años a la única universidad del país, que era pública, la Universidad de Santo Domingo, a cursar en la entonces Facultad de Ciencias Exactas la carrera de ingeniero arquitecto.
En esa época, la supervisión de la calidad de la docencia que se impartía en planteles públicos y privados hasta el bachillerato, estaba bajo la responsabilidad de la Secretaría de Estado de Educación, a través de pruebas públicas supervisadas, y cuyo titular integraba el gabinete. El nivel universitario lo representaba en ese mismo nivel y con rango de Secretario de Estado el Rector de la Universidad de Santo Domingo; posición de alta distinción que era ocupada siempre por profesionales muy calificados. La posibilidad de enfrentamientos entre ambos funcionarios era imposible. La unidad de mando en la aplicación de la política educativa lo evitaba, situación que contrasta con la actual dispersión de responsabilidades educativas propia de una globalización neoliberal que atenta contra el Estado.
Hoy existen a nivel de gabinete: un Ministerio de Educación (a cargo del Nivel Primario y Secundario); un Ministerio de Educación Superior (a cargo del Nivel Universitario); un Ministerio de Cultura (a cargo de las Bellas Artes); y un Ministerio de Deportes y Educación Física (a cargo de la cultura física escolar); y fuera de él, la UASD; dos Academias de las FF.AA. que se clasifican dentro de la enseñanza superior; y como piezas sueltas que debieron pertenecer a la UASD: un instituto de Investigación, el INDOTEC hoy IIBI; además de un Instituto Técnico Superior especializado en informática, el ITLA; y un reciente Centro de Enseñanza Media, denominado en inglés ‘Community College’, que bien podrían ser el espacio de rebote de los bachilleres que no tengan nivel para las carreras universitarias.
La conclusión en lo económico de mi experiencia educativa, es que todo el proceso, hasta culminar en 1954 con la credencial universitaria de Ingeniero Arquitecto ñcon la excepción de los dos años cursados en el Colegio Muñoz Rivera y los gastos de graduación universitaria- no le costó a mis padres ni un centavo y la financió el Estado, tal y como consigna ahora nuestra Constitución. La UASD tiene el reto de reencontrarse a sí misma, en su rol clave e incumplido de orientar a la Nación en su tarea también pendiente, de rescatar su soberanía y autodeterminación.