Miércoles 19 de Junio, 2013 Santo Domingo
La Vida
Jóvenes por una cultura de la vida

La primera acción de los jóvenes para la promoción de una cultura de la vida, se origina en la familia donde se aprende a respetar ese don sagrado y a prestar atención a las situaciones en que está en peligro.

Los jóvenes cuando se enfrentan al desafío cultural requieren de iniciativas de mayor compromiso, pues además del crimen del aborto, hay otras manifestaciones antivida que hay que enfrentar como la guerra, las armas, la violencia, la delincuencia, la injusticia social. En fin un montón de malas conductas que contradicen los postulados de la cultura de la vida.

Fomentando entre los jóvenes la experiencia de la fe, el reconocimiento de la presencia de Cristo en uno mismo, en los demás y en la naturaleza, se está ya promoviendo la cultura de la vida, pues la fe en el Señor exige respeto a su creación.

Los jóvenes no deben contribuir a la cultura de la muerte porque nunca es bueno someterse a la mentalidad consumista ni hacer del poder, del dinero fácil, del éxito social, los criterios que rigen su existencia.

Peor todavía cuando se quiere incursionar en el mundo de la violencia, la delincuencia, las drogas, los vicios y el desorden espiritual.

Por eso, la conversión es siempre la primera responsabilidad de los jóvenes en relación con la vida. La primera y la única verdaderamente indispensable, insustituible si en verdad se ama la vida. En realidad, sólo un pueblo agradecido a Dios, puede crear una auténtica cultura de vida.

Todos los jóvenes tienen la responsabilidad de promover la vida, cada uno en la medida de sus posibilidades. Nadie puede quedarse con los brazos cruzados; quien no trabaja por la cultura de la vida, ya está apoyando la cultura de la muerte.