Puntos de vista 3 Julio 2007
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Ser competente
Dennis R. Simó

Ser competente significa tener la capacidad para aprender, identificar situaciones problemáticas, y usar lo que se sabe para resolverlas y continuar aprendiendo. Las competencias se desarrollan durante toda la vida, permitiendo a las personas resolver múltiples y diversos problemas.

Una de las competencias esenciales para abordar todas las situaciones de nuestro entorno es la comunicación. Si no nos comunicamos no podemos acceder a los diversos campos del saber.

El lenguaje es el instrumento básico de la interacción humana. Es un universo de significados que permite interpretar el mundo y transformarlo, construir nuevas realidades y expresar ideas y sentimientos.

Claudia Odóñez, del Centro de investigación y Formación en Educación (CIFE) de la Universidad de los Andes en Colombia, nos indica: “La investigación internacional en educación ha producido evidencia de que el desarrollo del lenguaje es la variable que más consistentemente se relaciona con el éxito escolar.

Muchos problemas de comprensión tienen que ver con la forma como quien aprende y quien enseña se comunica, o sea con las habilidades propias de la competencia comunicativa. Estos son soportes necesarios para lograr aprendizajes, y su desarrollo y apropiación no deben restringirse al área de lenguaje o a la asignatura de español, “los niños tienen que aprender a leer, escribir, entender y hablar sobre ciencias, geografía, medio ambiente, derechos humanos, educación para la sexualidad, ciudadanía física, química, matemática, arte, filosofía, deportes, etc., de manera que puedan dialogar, compartir y contrastar saberes, acceder a producir información escrita, llegar a acuerdos, entenderse. En una palabra: aprender.

A pesar de que tradicionalmente se ha entendido que el desarrollo de competencias comunicativas es exclusivo del área del lenguaje, tiene que lograrse en todos los momentos la formación y extenderse a todas las demás áreas del saber y a los distintos niveles educativos. Debe ser un objetivo de todas las áreas académicas, afirma la investigadora: “Aprender matemática o cualquiera otra área académica es también usar y desarrollar el lenguaje que las asocia y producir lenguaje para entenderlas mejor”.

Las competencias comunicativas, en su expresión oral y escrita, constituyen el fundamento para la adquisición y el desarrollo de otras competencias en las demás áreas. Si la persona lee y comprende lo que lee, si son capaces de expresarlo y relacionarlo, esto es lo que les sirve para seguir aprendiendo. Lo mismo ocurre con la competencia escrita, que no es más que un ejercicio de organizar información y conocimiento para transmitirlas con precisión a la audiencia que se dirige.

La adecuada enseñanza de la lengua ha de constituirse en el principal propósito de la educación básica y media.

Al conocer las estadísticas de los que saben leer y escribir, y los que no lo hacen, estamos midiendo a aquellos que lo hacen con una cruz de los que pueden escribir su nombre. Son falsas estadísticas.

La cultura escrita va más allá de lo que muestran las estadísticas. Sabemos que leer no consiste en extraer un significado por un texto inimitable. Leer es participar en un diálogo entre el autor y el lector, que bien pueden estar situados en contextos diferentes. El lector interpreta al autor desde su propia circunstancia y perspectiva, desde su saber e incluso desde sus intereses. Este acceso a la lectura transforma la estructura cognitiva y emocional del sujeto, permitiéndole “crear mundos posibles más allá de las coordenadas concretas del aquí y el ahora”.

Enseñar a leer y a escribir significa ofrecer a las personas la oportunidad de pensar en una forma distinta. Ofrecer la capacidad de examinar y elegir opciones, de relacionar ideas, de interpretar y también ponerse en el lugar de otros seres humanos, en otros tiempos y espacios, abriéndose a la sensibilidad, a la imaginación y a la creatividad.

El lector es un sujeto activo y en consecuencia el aprendizaje de la lectura es un proceso continuo.

Hoy sabemos que el niño aprende a leer antes de aprender los códigos de la palabra escrita. El mismo niño identifica incluso en las pantallas de los ordenadores o del teléfono móvil, los caracteres que le permiten acceder a un juego o al número de teléfono de su mamá o papá, y aun desconoce los números y las letras. Igual ocurre con las imágenes del televisor y con las historias y poemas que sus padres le leen.

Concebido así, el saber leer y el saber escribir se constituyen en herramientas indispensables para construir la propia vida, transformarnos, y aún más, en derechos que garantizan condiciones básicas de aprendizaje y de equidad de oportunidades.

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