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1 Octubre 2014, Santo Domingo, República Dominicana, actualizado a las 10:05 AM
Puntos de vista 20 Septiembre 2009
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Chantaje religioso... ¿o qué?
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Silvio Herasme Peña

La intensa campaña realizada por la Iglesia Católica de la capital a favor del artículo 30 de la Constitución que ahora se ratifi ca en segunda lectura, recuerda con lúgubre amargura la misma campaña que dio al traste con el gobierno constitucional de Juan Bosch en 1963.

Y lo peor de la campaña de ahora es comprobar la falta de consistencia moral de quienes se identifican –y cobran réditos políticos por ello- herederos del pensamiento del profesor Bosch.

¿Acaso olvidaron esos legisladores la campaña cristera contra la Constitución de 1963 solamente porque consignaba que la educación dominicana debía ser laica?.

Es vergonzoso que los descendientes ideológicos de Bosch y de Peña Gómez se hayan dejado convencer por quienes siguen el mismo pensamiento estacionario de 1963.

Y, quizás, en este caso, la principal responsabilidad del absurdo artículo 30 es del señor presidente de la República, doctor Leonel Fernández -quien ha dicho que en el país no hay con quien debatir- por haberlo insertado en el anteproyecto de la nueva Constitución.

Es lógico pensar que el segmento reformista del Congreso y de la dirección nacional quieran agarrarse -desesperados por su declinación ante las masas- en un aliado “fi rme” del clero católico de la capital. Algún provecho piensan que pueden sacar de esa relación jocosa, en cierto modo.

Pero que lo hayan hecho los discípulos de Bosch y Peña Gómez para no granjearse dizque la mala pro de los sacerdotes que habían amenazado con votarle en contra, es sencillamente el colmo de la insensatez. Porque primero que nada, ¿cuándo han decidido los curas en este país las elecciones o que se vote a favor de uno u otro candidato?.

No le ganó Bosch las elecciones a Viriato Fiallo el 20 de diciembre de 1962 a pesar de las acusaciones y el debate que se libró con el padre Láutico García por Radiotelevisión Dominicana sobre aquel concepto boschista de “arquetipo de gobernante”, para referirse a Fidel Castro.

Es lamentable que los políticos dominicanos -ni siquiera los que se invisten de intelectuales- no recuerden la propia historia de sus organizaciones políticas que con tanto ahínco dicen defender ahora.

Pero si lamentable es la conducta de los miedosos e incultos legisladores, es peor que el clero se valga de amenazas para lograr sus objetivos dentro de la Constitución que aún se discute.

Primero, porque no tienen ese derecho ni legal, ni constitucional ni como institución de conciencia; segundo, porque el chantaje es un arma bastarda que solo la utilizan los que carecen de calidad moral y argumentos para hacer valer sus alegatos, que en ningún caso son realmente conceptos.

Porque ¿podría explicar el intrépido cardenal –vengador de los anticristianos- qué quiere decir eso de “defender la vida desde la concepción”?... Acaso un parto “ïn Vitro” es producto de una concepción humana, o acaso por eso el bebe que nazca tiene más o menos derechos humanos?

Ciertos segmentos de la Iglesia recurren aún a criterios no solamente superados por la misma moral católica y la ciencia, sino que han sido fuentes de descrédito de la religión especialmente la institución del llamado Santo Ofi cio, o Inquisición. Es lamentable que aquí no se recordara que cuando se discutió la Constitución en Polonia después del comunismo y siendo la tierra de Juan Pablo II, el Sumo Pontífi ce abogó porque se mantuviera el matrimonio católico y la prohibición del divorcio.

Cuando el pueblo polaco, en ejercicio de sus derechos políticos votó a favor del divorcio, es posible que a Wotyla no le gustara, pero en ningún caso amenazó a nadie de orientar los votos de las masas polacas inmensamente católicas, en contra de quienes no siguieron sus consejos.

La campaña de la Iglesia de la capital habría sido legítima… y hasta respetable, si no hubiese recurrido al chantaje electoral. Lo mismo podría decirse de los “infelices” legisladores que se hicieron presas indignas de ese chantaje y del gran orientador que dejó al criterio de esa gente una decisión que no es de conciencia, sino basada en razones científi cas y éticas.

Ya es tarde para enmendar, pero no es tarde para recriminar y expresar a viva voz la frustración de quienes confi amos que nuestras autoridades legislativas y ejecutivas, así como el liderazgo de la oposición, se pondrían a la altura del legado moral e ideológico que recibieron del profesor Juan Bosch y del doctor José Francisco Peña Gómez.

Es obvio que aquellos pro-hombres “araron en el mar” como dijera Simón Bolívar, frustrado por el atentado de Bogotá contra su vida.

El daño está hecho, es verdad, pero el escozor en la garganta es muy amargo. A este país le falta mucho para pensar en eso de “Nueva York chiquito”.

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