Puntos de vista 12 Febrero 2010
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Medios coercitivos en arreglo pacífico
Manuel Morales Lama

Cuanto más aumenta la intensidad y amplitud de las crisis, más se impone una disciplina que permita preverlas y darles el tratamiento oportuno. Ante todas las formas de globalización del entorno internacional, un Estado consciente de su responsabilidad -y deseoso de asumir únicamente riesgos calculados- deberá responder mediante una auténtica estrategia de mundialización-, abriendo y encauzando sus iniciativas diplomáticas en función de sus intereses, de los indicadores económicos, de las debidas solidaridades, y en la dirección de un control negociado de las crisis. En la fase decisiva de los conflictos, la diplomacia indudablemente puede ofrecer caminos de equilibrio y de seguridad, con la condición de que intervengan protagonistas conscientes de su responsabilidad, y naturalmente, que puedan contar con la adecuada preparación para el ejercicio de tal función (R. Barston /A. Plantey).

Uno de los grandes retos de la comunidad internacional es lograr por medios pacíficos, -que incluyen los de carácter coercitivo-, la efectiva solución de los conflictos o controversias que puedan poner en peligro la paz y seguridad internacionales. Como se ha señalado, el abanico de posibilidades de los métodos de arreglo pacífico abarca medios políticos-diplomáticos y jurídicos, los que han sido establecidos fundamentándose en la práctica del derecho internacional público y en la Carta de la ONU, pudiéndose utilizar más de un método para la solución de un particular problema. Agotados tales métodos de solución pacífica, se abre la posibilidad de recurrir a los medios coercitivos (D. Vikboldt Ferreira/M. Zepka Baumgarten).

Recuérdese, que de acuerdo al Artículo 39 de la Carta de la ONU, el Consejo de Seguridad es el órgano encargado de adoptar las medidas conducentes a eliminar las amenazas a la paz, el quebrantamiento de la misma, o calificar un acto de agresión. Los Artículos 41 y 42 disponen que los acuerdos que puede adoptar el Consejero de Seguridad comprenden tanto medidas de carácter militar como acciones que no impliquen el uso de la fuerza, enmarcándose en este contexto las de tipo coercitivo. De no solucionarse la controversia con estas acciones, dicho Consejo podrá adoptar otras medidas más radicales que impliquen incluso el uso de la fuerza. De otro lado, la Carta de la ONU “reconoce la competencia de las organizaciones regionales en esta materia, coordinando con ellas, cuanto es necesario, las medidas coercitivas que decida el referido Consejo, que sólo pueden aplicarse con autorización de éste” (O. Vizcarra).

 Los métodos que han sido establecidos como de naturaleza coercitiva y “de decisión colectiva”, son: la Represalia, el Embargo, el Bloqueo Pacífico, el Boicot, la Ruptura de Relaciones Diplomáticas, y la Retorsión, muchos de ellos incluidos en la llamada “Guerra Sanción” (M. Sierra).

La Represalia es una reacción “limitada” de un Estado contra una determinada conducta de otro que lo perjudica, que es contraria al derecho internacional, pero que se justifica por la previa violación de ese mismo derecho por el otro Estado. Para que se configure la Represalia, conforme a la doctrina, deben darse los siguientes factores: un previo acto ilícito, la negativa del Estado agresor a la reparación, la proporcionalidad de la respuesta; y finalmente, no se debe recurrir, en general, al uso de la fuerza, salvo en el caso de legítima defensa o cuando se está utilizando en servicio del interés común.

Existen también otros métodos, considerados formas de represalia, como son: El Embargo (toma de buques o aeronaves, propiedades e incluso mercancías del país en contra del cual se aplica); Bloqueo Pacífico (cortando toda comunicación con el exterior); y el Boicot: motivado generalmente por factores de seguridad, económicos, políticos o ideológicos, consiste en la renuncia a comprar productos de un país o grupo de países. Puede estar patrocinado por organismos internacionales, el Gobierno de un país o por grupos privados. El Boicot es fundamentalmente la interrupción de relaciones comerciales y financieras, que excluye medidas de carácter humanitario y de sanidad (J. L. Siqueiros/C. Sepulveda).

Otros medios considerados igualmente de carácter coercitivo son la Ruptura de Relaciones Diplomáticas y la Retorsión. La Ruptura de Relaciones Diplomáticas está consagrada en la Carta de la ONU como una medida de sanción y coerción, “en contra de Estados que incumplan las resoluciones y recomendaciones del Consejo de Seguridad de la ONU”, en determinadas circunstancias. Esta interrupción indefinida de las relaciones diplomáticas puede ser bilateral, o colectiva. Esta última tiene lugar cuando varios Estados o todos los miembros de un organismo internacional toman la decisión de romper con un determinado Estado.

Finalmente, la Retorsión (contramedida) es el acto por el cual el Estado ofendido aplica al Estado ofensor las mismas medidas que empleó (o emplea) contra éste, sin violar el derecho internacional. En tal sentido, la elevación de tasas arancelarias puede ser contestada con una decisión similar. Igualmente, sucede con la imposición de restricciones a los visados de entrada, la “llamada a consulta” del Jefe de Misión Diplomática y la “declaración de persona non grata” de agentes diplomáticos, entre otros.

Cabe señalar que los métodos de arreglo pacífico en general, se proponen solucionar el problema o disputa antes de que éste ocasione mayores consecuencias para los Estados afectados y para la paz mundial. Podría finalizarse con la frase, que en determinada medida guarda relación con el texto precedente de Armand-Jean du Plessis, Cardenal de Richelieu, que dice: “quien tiene la fuerza a menudo cree tener la razón y suele actuar en consecuencia”.

El autor es Premio Nacional de Didáctica y diplomático de carrera.

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