Cuando la República Dominicana entró en cesación de pagos totalmente desprestigiada en los organismos de crédito y certificada como territorio peligroso para los inversionistas, no fue necesario cambiar el modelo; modelo incluso que llevó a 1.5 millones de dominicanos a la pobreza y el desempleo a una tasa de un 20%. La tarea de los economistas del gobierno instalado en 2004 fue reordenar el desorden. Dar confianza por la vía del nuevo liderazgo político que tomaba las riendas del Estado. Lo único necesario para lograr el éxito fue “batir el cobre” para que el país abandonara la condición de paria económico, llevado a esa condición porque los que dirigieron su destino carecían de cifras y criterio.
Este equipo profesional acompañado y reciprocado por la lealtad de doble dirección aplicó correctas políticas fiscales, financieras y económicas que han bastado para que el país tenga seis años de crecimiento económico con baja inflación, y todo se ha hecho sin tener que ponerle fin a las exenciones fiscales a alimentos, medicinas, incluso a las empresas ñ109 mil millones dice Haciendañ y al sector agropecuario en donde el Gobierno no ha mostrado un interés fiscal concediendo quince exenciones para su beneficio. Asimismo, se han extendido las acciones sociales más allá de lo razonable: Solidaridad, Seguridad Social, etc. El buen desempeño económico refuerza la autoridad moral del Gobierno gracias a que hay un canal abierto con los intervinientes económicos de forma permanente para calmar las ansiedades y las consecuencias indeseables. Al modelo se le podrá hacer ajustes, objetivarlo mejor con respecto a las necesidades más prioritarias, pero si hay que acertar con él es sobre la base de la neutralidad y equidad, pues las ventajas fiscales traen conflictos. Dice don Pepín Corripio “que no es sano que unos empresarios caminen por la calzada y otros utilicen la acera para superarle”.
Es saludable que las autoridades establezcan criterios de armonización fiscal, aunque cueste mucho hacerlo entender porque no son derechos históricos. Irritan y abren cauces a una competencia falseada que no propicia más nichos ni más oportunidades, sino todo lo contrario.
Los empresarios con vocación exportadora o no, no deben quedarse atrapados en los laberintos del enfrentamiento perdiendo oportunidades que más adelante no tendrán. Sólo proponen que el nuevo modelo vaya dirigido, especialmente, a una mejor gestión de los recursos públicos, que es verdad, pero la industria nacional ha estado anclada en el proteccionismo y la evasión careciendo de potencialidad competitiva, limitada a su propio entorno; de aquí que sus propuestas no sean de compromiso.
Sigamos el camino del crecimiento con baja inflación ñque proporciona trabajos, abre a la sociedad y consolida el hábito de libertadñ que es el de Valdez Albizu, que resistió incluso la peor crisis internacional.
Lo que nos perjudica en sí son los deberes sin hacer. Dejémonos de ideas que no modificarán ahora mismo la realidad, y, a trabajar en tareas compartidas para transformar oportunidades en realidades.