No es la primera vez que escribo esa frase. La tomamos hace tiempo como grito de lucha contra la violencia de género. Muchos hombres y mujeres que no podemos soportar más justifi caciones a los crímenes mal llamados “pasionales”.
Como si la “pasión” o los “celos” fueran asesinos, se excusa una y otra vez a quienes agreden a las personas a quienes deberían cuidar, amar o, en algunos casos, olvidar.
Tenemos que revisarnos como sociedad. Esta semana se divulgó que 51 mujeres habían muerto en lo que va de año de manos de sus parejas o ex compañeros. En este fi n de semana, un enfurecido hombre decidió entrar disparando en una tienda de alquiler de videos para matar al nuevo esposo de la que una vez fue su mujer. El criminal, no el celoso, el asesino en potencia, huyó en su vehículo de lujo de una zona céntrica de la ciudad.
La violencia de género no conoce de clase social. O mejor, las conoce a todas por dentro.
Ayer murió una mujer quemada por su pareja. Él prendió fuego a la casa y la encerró.
Ella murió y él está grave. Eso no es pasión. Esos no son celos.
Eso es asesinato.
Ya está bueno del “en pleito de marido y mujer nadie se puede meter”. Basta ya de “asuntos pasionales”, de “celos” que no son más que justifi caciones para no abordar el verdadero tema: que en este país, desde el Congreso hasta la alcoba no se respetan los derechos de las mujeres.
Me ha tocado ver de cerca cómo las vidas de seres humanos valiosos se trastornan por la obsesión criminal de hombres que no entienden que las mujeres no somos objetos. Persiguen, acosan, golpean, amenazan hasta a los hijos.
He visto mujeres abandonar el país, otras vivir en la zozobra de cambiar de casa tres y cuatro veces huyendo del agresor.
He visto a una madre llorar la muerte de su joven hija y quedarse con sus nietos.
No podemos soportar esto más. Un país que no respeta la vida de las mujeres no es un país. No queremos más anuncios de programas de Salud Pública que se iniciarán, casualmente, en un par de meses.
Queremos acción. No queremos ni una muerta más.