Los países tienen que respetarse, ahora nos defendemos de las acusaciones del encargado de Negocios de la Embajada de los EU en el país, el Sr. Christopher A. Lambert, de que la economía dominicana descansa en el lavado de los capitales y operaciones del narcotráfico.
Dos importantes funcionarios del gobierno dominicano responden aludiendo de que la culpa es de la sociedad norteamericana por el alto consumo de drogas, ahora lo descubrimos, después que nos embarraron a todos por la confabulación e ineptitud provocada por ciertos sectores incontrolables del Estado dominicano con sus vacas sagradas.
Ahora es el lavado de activos de la droga, pero lo que verdaderamente hay que asumir con responsabilidad en este país es el lavado de dinero proveniente de la corrupción administrativa de esos mismos sectores protegidos por los gobiernos de turno, que saquean las arcas del patrimonio nacional y gozan de impunidad. Cuando no se asume el déficit fiscal con austeridad en el gasto público se recurre a las cancelaciones de los más necesitados; en cambio, los empleos de lujo no son tocados y mucho menos las pensiones otorgadas de forma descarada a “servidores” que lo único que han hecho en este país es saquear el erario; figuras protegidas por sectores políticos que pululan en todos los gobiernos y partidos.
Entiendo en estas líneas que llegará el momento que este pueblo no aguantará más la desigualdad reinante y que la equidad tendrá que imponerse en una sociedad cargada de impuestos para cubrir los desmanes económicos de los que venden la patria, que es vender nuestra identidad. Un ejemplo bochornoso, el hecho que a los legisladores salientes hay que buscarles trabajos lucrativos porque su parcela política atentaría la gobernabilidad, y ni hablar de los aumentos de sueldos inmediatos en el nuevo período legislativo de la cámara alta. Acciones como éstas de irrespeto a las necesidades de la mayoría no deben permitirse en una sociedad que se respete. El abuso tiene límites porque inexorablemente aparecerán hombres y mujeres con capacidad y valor para cambiar el rumbo por una mejor nación.