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30 Agosto 2014, Santo Domingo, República Dominicana, actualizado a las 1:01 AM
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PANCARTA
Misión de la CELAC en la lucha de los pueblos
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Raúl Pérez Peña (Bacho)
fundaciontestimonio@gmail.com

A la memoria de Jottin Cury, canciller histórico de República Dominicana, que enfrentó con la dignidad del pueblo a la criminal intervención de Estados Unidos al suelo patrio auspiciada por la OEA.

En la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, CELAC, nace la misión de cambios que presagian la sepultura de la nefasta OEA, bautizada como el Ministerio de Colonia Yanqui por el canciller de la dignidad, Raúl Roa García, ministro de Relaciones Exteriores de Cuba en un tramo crucial del despegue irreversible de la Revolución.

Obediente sin principios a los designios de Washington, la OEA registra una historia perversa en este continente que debió entrar al siglo XXI con un mapa sellado de verde esperanza.

De todos modos, el panorama de América Latina y el Caribe muestra cambios sustanciales cuya dimensión tiene como obligado e histórico referente a la Revolución Cubana y a Fidel Castro, la dignidad de América.

Medio siglo de altas y bajas, de lucha sin tregua. En ese ineludible balance es que se agiganta el tamaño de Caamaño: el Prócer de la soberanía dominicana.

La OEA no tiene ningún espacio ni ofi cio digno en la región. Desperdició el tiempo y el papel que debió cumplir. Los tiempos que transitamos reclaman un organismo internacional que actúe acorde los poderes revolucionarios apuntalados y los emergentes.

Pero hay la necesidad urgente de que se abran más los ojos y los oídos a los que luchan abajo en múltiples países contra regímenes inicuos y simuladores que disfrutan darse las manos con Dios y con el diablo.

Radica en las corrientes revolucionarias la responsabilidad de liberar a sus respectivos pueblos, no importa la vía cultivada según sus parámetros históricos y episodios coyunturales. Con el nacimiento de la CELAC se puede avanzar mucho en las relaciones entre estados del Continente y la región caribeña. Pero nunca puede ser en detrimento de los cambios a que se abocan las mayorías.

Sería injusto que la necesidad de posiciones continentales se fundamente en amistades coyunturales, hipócritas y oportunistas, ante el crecimiento de genuinas opciones populares, provocadas precisamente por las siglas y estampas politiqueras con décadas de estafas a nuestros pueblos.

Los pueblos seguirán a la CELAC ante las potencias, sin pasar por alto los afanes de perpetuidad de ciertos aliados endiablados.

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