AHORA NO.- En principio se pensó que la arremetida del candidato Hipólito Mejía contra la Suprema Corte de Justicia era uno de sus conocidos exabruptos. Una de esas salidas repentinas que ponen de brinco y medio a sus asesores, y que después del “ay, Dios mío”, se rompen la cabeza tratando de que el despropósito afecte lo menos posible la campaña. Sin embargo, ahora se tiene que no fue así. Que el candidato Mejía sabía lo que estaba diciendo, e incluso que estuvo esperando que se suscitara la cuestión para dejar establecido su ánimo al respecto. No quiere jugar en cancha ajena, y menos con la selección del equipo contrario. No es que su autoridad pueda verse disminuida con la situación heredada, pero a un gobernante del temperamento de Mejía no le resulta cómoda la ingeniería de Montesquieu. Eso de poderes públicos independientes o necesarios contrapesos no se aviene con su espíritu súbito, con ese gusto por lo expedito. Así que, del mismo modo que se acepta que no haya cambiado en los contenidos, tampoco en las formas…
EL “JERVÍO”.- Como los perredeístas ponen el agua a hervir sin echar los víveres, nunca se sabe por anticipado de qué se trata el cocimiento. Puede ser un sancocho, pero igual un mangú. Entre los íntimos se hablaba como si se tratara de una conspiración secreta del propósito de desmantelar, ya en el gobierno, los excesivos poderes de que se cree contaría el actual presidente una vez cese su mandato. Se hicieron consultas con abogados propios y ajenos, y se vieron todas las posibilidades, que a juicio de los involucrados, eran muchas. Incluso, hay unos refuerzos que cayeron del cielo. Personas o sectores que fueron afectados por los cambios, o que no fueron considerados al momento de instituir los nuevos poderes o recomponer los viejos. Hasta ahora son disquisiciones algo calenturientas, pero que con resortes del verdadero poder en las manos pueden convertirse en imposiciones viables. Se confía que entonces, como dice el refrán, “a lo hecho, pecho”, haciendo acopio de experiencias pasadas. Los conjurados, por lo que se sabe, no ven peligros….
LOS CUERVOS.- Este afán empezó como habladurías de patio, después como fanfarronerías de salón y ahora como un propósito confeso. Los perredeístas, que no callan nada, mencionan unos nombres impensables, pero que confirma que en este país los cambios de humores son tan frecuentes y extraños que no sorprenden. Una iniciativa de este género no puede llevarse a cabo con compañeritos de la base que son abogados salidos de esas “universidades de garage” de que hablara el escritor nicaragu¨ense Sergio Ramírez. Serían verdaderos talentos del derecho, y que además de su saber, pondrían al servicio de la causa su inquina personal. Lo político, en este caso, no sería lo decisivo. Actuarían como técnico a secas, como consultores a distancia, sin ningún tipo de responsabilidad en el resultado final. Si se llegara a conocer la identidad, el primero en sobrecogerse de asombro sería el presidente Leonel Fernández. No es que afiló cuchilla para su garganta, pero sí que crió cuervos y fuera del poder le podrían sacar los ojos…
EL TEMA.- Tal vez no sea apropiado que en medio de una campaña electoral se hable de golpe de Estado constitucional, pero como otros hablan de dictadura constitucional, sería un poco arreglar la carga en el camino. Además, hay quienes se quejan de la pobreza del debate, de la falta de conceptualización de los actores. La oportunidad se presenta de oro. Quizás, incluso, de votos, en un sentido o en otro. No debe olvidarse que quien resulte ganador va a jurar como presidente de la República, y su principal responsabilidad será cumplir y hacer cumplir las leyes, y entre ellas la principal: La Constitución. Si desde ahora existe el propósito de desconocerlas, fuera bueno involucrar la población, en este caso el electorado, de manera que si han de correrse los límites, sea con la anuencia de las mayorías nacionales. Sin embargo, luce que este será uno de los tantos ruidos, que aunque no se produce en la calle, tendrá el destino de los otros. Que no pasará de un simple episodio, y que como las bombillas nuevas, se apagará solo. Será una lástima, pero no hay de más…