EL DISCURSO.- Los principales candidatos hablan de lo mismo y sin ponerse de acuerdo. No cabe la menor duda de que sea cual fuere que ganara las elecciones van a mantenerse bajo la sombra del Fondo Monetario Internacional y acceder a sus demandas de ajustes fiscales. No lo dicen a la clara, pero lo dejan entrever. Con razón se rehuyó el debate frente a frente. Fuera con moderadores nacionales o extranjeros, no había manera de que escaparan a lo fundamental: A responder a los retos de la Economía, pero considerando la óptica de los demás. Hasta ahora todo ha sido monólogo, pues las comparecencias y los paneles fueron poco críticos. Lo que dijeron fue santa palabra, aun cuando se trataba de una materia en cuyo examen se quema todo el mundo. Hay que suponer que al FMI no se le puede hacer chiste, o complacerlo con una parrafada técnicamente correcta. El problema no es de doctrina, sino de medidas que deberán tomarse a la cañona. ¿Por qué creen que la gente es tan desorejada que no se da cuenta del engaño aun cuando este se encuentre en movimiento?...
DAR LA CARA.- Que un político de movimientos tan lentos como Amable Aristy Castro, y tan poco dado a comparecer a los medios, apareciera en un dos por tres para desmentir sus rumoradas diferencias con Hipólito Mejía, lleva a considerar si el río sonaba o traía algo más que agua. Nadie se imaginaba al senador de Higüey dando manotazos en la mesa y dejando con las palabras en la boca a un amigo entrañable, o aliado querido, o a una persona como el candidato del PRD. Sin embargo, la especie corrió a gran velocidad y se estableció como verdad en todos los mentideros, originando una situación de lo más interesante, ya que repercutió en el ánimo de toda la campaña. El perredeísta se vio preocupado, el reformista sorprendido y el peledeísta encantado. Aunque todos coincidían en lo mismo: filo con filo no cortan. Dicen quienes dan la desazón como un hecho que la causa fue económica. La forma cómo Mejía maneja los recursos. No da, pero tampoco dice dónde hay. ¿Cómo llevar a cabo los trabajos a mano pelada? ¿Cómo enfrentar al gobierno con los bolsillos vacíos?...
LA COSTUMBRE.- Amable Aristy Castro está acostumbrado a hacer sus campañas con holgura de dinero, sea en su reino de Higüey o en todo el territorio nacional. Como cuando fue candidato a la presidencia y tiraba papeletas, puercos y salchichones a quienes cercaban su vehículo. Nunca conoció la precariedad, y su clientelismo es caro, pero efectivo. Con Hipólito Mejía es otra cosa. Dicen sus íntimos que ni gotea. La queja, que era cosa de compañeros de partido o responsables de campaña, ahora también de los aliados. Quienes lo han acompañado en otras ocasiones saben que Mejía no es suelto con el dinero, pero notan que ahora es más agarrado. Y nadie entiende razón, ni encuentra explicación. El grito es tan común que hasta los asesores extranjeros se dejan contagiar. Son muchas las cosas que se deben hacer, que se pueden hacer y que se quedan en el tintero por falta de fondos. Fondos que existen, que están guardados, pero que nadie mueve a menos que el candidato y jefe político ordene. ¿A dónde fueron a parar los cuartos que le entregó el partido?...
NO QUIERE.- La situación se agrava cada día y ya empiezan a hacerse inferencias perversas, como que Hipólito Mejía no quiere ganar. Que fue contagiado por el síndrome de Juan Bosch y que todo lo que hace ahora tiene una sola finalidad: alejarse del poder. Si denuncia que los militares van a impedir a los perredeístas acercarse a los centros de votaciones, no sorprendería que aconsejara a sus compañeros de partido o seguidores de su candidatura que fueran a sufragar con palos y piedras, como hizo Bosch en l966. La verdad que no tiene mucho sentido que se lance del primer puente, como se interpretan esos pronunciamientos locos. El de las sirvientas, por ejemplo. O el de los jueces de la Suprema Corte de Justicia. O los chistes sobre José Francisco Peña Gómez y su color, pobreza y fealdad. E incluso las consideraciones sobre los santiagueros. Mejía debía saber, porque Gurabo es Santiago, que los santiagueros eran comparones de toda la vida, pero que ahora son arrogantes y orgullosos. Conocen la pujanza de su región y la influencia que ejercen sobre los asuntos de Estado. ¿De verdad quiere perder?...
La situación de ahora es para una persona capcitada y él por ignorante que sea lo sabe. La prensa crítica ya no es la misma del 2000, ahora los análisis son profundos y la cobertura y seguimientos a los gobiernos son en tiempo real, y simultaneamente incidentes en la decisiones de los inversionistas, y éstos últimos ni por asomo quieren repetir la pesadilla de cuatrenio 2000-2004. Ése se~nor no aguanta los nuevos tiempos, ésa es la razón de su temor a ganar.