Fabio R. Herrera Miniño, es ingeniero civil de profesión, muy joven se integró a las células conspirativas en las postrimerías de la cruel dictadura trujillista, siendo golpeado y torturado por los órganos de represión. Nunca fue un extremista, dentro del contexto ético de su vida y la defensa de sus ideas ha defendido el orden democrático de la nación, con moderación y tacto. Nadie puede asociarlo ni remotamente al Partido Revolucionario Dominicano. Ha sido un crítico del PRD; su pluma valiosa a través de sus artículos en la prensa ha reflejado independencia de criterios. Es un cálido amigo, respetuoso, decente. No siempre estamos de acuerdo pero valoramos sus juicios en el ejercicio del pensamiento en una sociedad libre. En esta hora difícil del proceso electoral en la cual nos abocamos a decidir el destino de la nación, Fabio Herrera Miniño, acaba de publicar en su columna del periódico Hoy, un texto impecable, en cuanto a su reflexión final, que traduce el sentimiento de amplios sectores de la clase media dominicana frente a la disyuntiva electoral del 20 de mayo.
Aunque Herrera Miniño, no deja de advertir sus reservas sobre el cambio político; aunque no deja de anotar señalamientos críticos y errores de campaña del PRD, a pesar de dar como un hecho incuestionable los datos de la encuesta Gallup-Hoy, sin tomar en cuenta los centenares de sondeos a nivel televisivo, radial y digital, en los cuales el candidato del PRD gana en todos o casi todos, modalidad creativa del pueblo en su resistencia informal frente al avasallamiento oficialista y el poder del dinero, no puede sustraerse, en su condición de hombre honrado al aguijón de su propia conciencia, y en nombre de una idea generalizada, dice textualmente lo siguiente: “Resultaría muy saludable que el PLD sea sacudido por una decisión del pueblo, de castigarlos, despojándolos de su joya más preciada, que es el disfrute del Palacio Nacional, para que entonces algunos de sus miembros más valiosos retornen a sus raíces, que abandonaron por el disfrute de las fortunas adquiridas al amparo de sus cargos”.
El articulista, quien establece un juicio de valor en cuanto el crecimiento económico alcanzado por la administración peledeísta, luego de la crisis bancaria y el menoscabo de la gobernabilidad, engendrada como consecuencia del mismo en el tramo 2003-2004, no aborda con suficiente sentido crítico la gestión de la administración del PLD en los desniveles alarmantes, en algunos casos dramáticos de declive social en las áreas del desarrollo humano, el desbordamiento de la inseguridad ciudadana, la caída vertical en la inversión educativa, el fracaso cuasi absoluto de la política energética, el agravamiento de la crisis de valores, la bancarrota institucional, la concentración grosera de los poderes en perjuicio del equilibrio y la pluralidad democrática, atentado nodal a la democracia como sistema de representación, así como las políticas públicas cuestionadas con estadísticas irrefutables por organismos e instituciones de consulta internacional.
Recuperando la orientación crítica del momento actual o coyuntura política, dice lo siguiente: “Entonces, el PLD está cosechando lo que sembró para ganarse el repudio de la población, pese a una intensa y abrumadora campaña de promoción, y el apoyo de cientos de comunicadores, atraídos de las formas más diversas”. Lo importante en toda exposición de motivos críticos es resaltar la esencia, el principio de diferenciación del concepto, lo que subyace, lo que permanece como mensaje, luego de podar los arbustos en el jardín de las palabras, cuando separamos el grano de la paja. Por su posición realmente independiente, Fabio Herrera Miniño, vuelca sus diferencias con los que él considera desaciertos del candidato del PRD, que le han permitido al Gobierno recuperarse, cuando todos los indicadores decretaban hace algunos meses el desplazamiento o la imposibilidad de continuar ejerciendo el poder político.
Pero a pesar de interpretar como signos equívocos los “errores” del candidato del PRD, y dar como absoluta la medición de la encuesta Gallup (lo cual es una referencia aleatoria e imprecisa que no puede sustituir la votación, sino como aproximación, y que al ser contrastada con otras firmas encuestadoras, revelaría niveles discutibles y no categóricos de resultados), Herrera Miniño, se muestra decidido, es más, luce contundente, al expresar que vivimos una “pesadilla morada”, y aunque dice que el reemplazo podría ser peor, rectifica cuando señala que sería muy saludable que el pueblo castigue con su voto al PLD y lo despoje del Palacio Nacional. En esa necesaria contradicción y aparente disociación ideológica, late el voto crítico, el voto de castigo, que millares de ciudadanos de la reciedumbre moral de Fabio Herrera Miniño depositarán en las urnas, como necesidad acuciante, casi compulsiva, de detener, de derrotar al continuismo. Se trataría, no tengo dudas, de un voto crítico, con reservas, pero a favor del cambio representado de manera decidida por el candidato de la oposición con posibilidades reales de materializarlo, bajo una concertación social y la lupa de seguimiento crítico de los grupos y fuerzas sociales.