Parece algo intrascendente que un dirigente político haya solicitado ser presidente de un colegio electoral y que además se haya entrenado para eso. La ley electoral no prohíbe que un dirigente o militante político componga el bufete de una mesa, aunque lo subordina a que no aparezca para esa tarea una persona apartidista. En cuyo caso habría que equilibrarlo designando a otros funcionarios de partidos contrarios.
Ese criterio vale también para las juntas municipales, la Junta del Distrito y hasta para la Junta Central Electoral. Y por eso se ve que las mayorías de los componentes de esos organismos ñincluyendo a los miembros de la actual JCEñ provienen de los partidos políticos mayoritarios.
Es por ello que desde ese punto de vista no tendría nada de extraño que el dirigente perredeísta Eligio Jáquez aparezca como presidente de un colegio en las elecciones del día 20. Sería entonces tarea de la Junta del Distrito equilibrar la composición de ese colegio con miembros de partidos contrarios al PRD. Y muerto el abejón.
Pero el asunto no parece tan simple como eso, y es obvio que hay algo más en esa “vocación patriótica” que está mostrando esta vez uno de los principales dirigentes del pepehachismo que ha preferido sacrificar la importancia que tiene su presencia en la supervisión nacional o regional de la campaña de su partido ñtarea en la que se ha distinguido siempreñ para presidir un colegio electoral de barrio dando con ello una extraordinaria muestra de civismo.
Pero como veremos a continuación el propósito no es tan inocente como quieren hacer aparentar. Y es posible, en cambio, que se trate de una peligrosa jugada para colocar a figuras importantes del perredeísmo al frente de colegios electorales con particularidades muy específicas.
Parte de un plan
Las agencias de inteligencia tienen informes de que la primera tarea fue lograr que tres mil hombres muy bien entrenados del PRD pasaran como presidentes de mesas electorales. Para ello, ya seleccionados, cumplirían cabalmente todos los entrenamientos que organiza la propia Junta. Se trata de una función voluntaria que aunque se prefiere a profesionales, sólo es imprescindible cumplir con requisitos mínimos como ser ciudadano con algún nivel de instrucción académica y no tener antecedentes judiciales.
Pero esos presidentes de mesas electorales no sólo recibieron el entrenamiento de la Junta. También de los expertos en informática que instalaron el moderno centro de cómputos del PRD y de técnicos nacionales y extranjeros que trabajaron en su programación. Y para ello se seleccionaron selectivamente los centros de votación de todo el país donde se tiene la certeza que el candidato Hipólito Mejía ganará las elecciones. Eso se determina con sólo cruzar el padrón de militantes perredeístas con el de la JCE. El resto entonces es mucho más fácil.
Esos colegios con sus autoridades controlados por esos perredeístas entrenados para ello, facilitarían el voto de los militantes de su partido, debidamente identificados en la lista de sufragantes de ese colegio, mientras a los demás se lo complicarían con diversos argumentos, y si fuera posible hasta objetarían sus votos o les crearían dificultades para retardar su sufragio hasta después del mediodía.
Ya con la primera jornada electoral agotada, esos centros de votación serían tomados como referencia para hacer una encuesta a boca de urna que lógicamente arrojaría una ventaja significativa a favor del candidato del PRD. Por supuesto, esta es la primera parte del plan, una página más para el expediente.
Y entonces... jaque mate
Esos centros de votación controlados por Hipólito cerrarán su votación antes de las 6 de la tarde bajo el argumento de que ya no falta nadie por votar. Sólo en casos muy excepcionales, se esperaría la hora fijada para el cierre porque el propósito es tener el acta sellada y verificada temprano en la noche para enviar una copia inmediatamente a su centro de cómputos. Proyectan que entre siete y media y ocho tendrán ya computados por lo menos el 95 por ciento de esos tres mil colegios y emitirán entonces un boletín con una proyección irreversible dando ganador de las elecciones a Hipólito Mejía.
Y después del triunfo, la fiesta. Entonces al que se oponga, lo explotamos.
Todo esto explica que el propio candidato Mejía haya dicho hace unos días que su centro de cómputos estará en condiciones de saber, primero que la JCE, que él ganó las elecciones. Y por igual también explica por qué figuras de la relevancia política de Eligio Jáquez aparezcan ahora mostrando tanto fervor cívico para presidir un colegio electoral.
Pero es posible que ese haya sido su error. Porque siempre se ha dicho que no hay crimen perfecto.
La Junta y Roberto Rosario tienen ahora que depurar la lista de presidentes de los colegios. Porque estas elecciones tienen que ser limpias... ¡Pero para todos!