Puntos de vista 10 Junio 2012
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Cultura y civilización del espectáculo
Mateo Morrison

La publicación por alfaguara del Libro La civilización del espectáculo, de Mario Vargas Llosa, ha impactado los medios intelectuales a partir de los criterios que este gran escritor ha lanzado, como un indiscutible aporte para algunos y casi una provocación para otros. Definir el concepto de cultura ha sido sumamente difícil. La publicación American Anthropologists no. 56 hizo una extensa recopilación critica desde Pascal y Descartes hasta autores contemporáneos. Después de ese trabajo, el termino cultura es utilizado aún con una gran amplitud, a lo que tendríamos que agregar en forma destacada los valiosos aportes de la Unesco.

Sabemos lo que fue cultura en la antigüedad y su fuente nos llega de la civilización grecorromana, y a pesar de sus orígenes ligados a la tierra, sabemos que se trataba de pensamientos, reflexiones y conocimientos solo pertenecientes a los filósofos, escritores, teólogos, a una elite que tenía la posibilidad de formular ideas, criterios, e hipótesis sobre el saber. El desarrollo industrial y la producción en serie tienen en sus momentos más esplendentes la invención de la imprenta, que permitió multiplicar las ideas a partir de los libros como ejemplo indiscutible de lo que sería después llamado democratización de la cultura.

Nunca olvido que, en mis afanes por adquirir alguna formación, le pedí a mi padre los recursos para comprar libros, entre ellos, La rebelión de las masas, de Ortega y Gasset. Pensaba que con eso me acercaría a una obra revolucionaria que fortalecería mi juvenil militancia de izquierda. Luego supe dos cosas: la primera, que mi padre había dejado de comprar unos zapatos para darme el dinero de ese y otros libros, que pensó eran de textos; y la segunda, que el libro no trataba de nada de lo que había pensado, sino de otras cosas relacionadas con el asombro del gran filosofo español por la cercanía de las masas al hecho cultural a través de una mediocratizacion de la denominada cultura de masas.

Precisamente una de las ausencias que anoto en el libro de Mario Vargas Llosa es una referencia destacada a este texto, que tanto tiene que ver con su preocupación a través de todo el libro sobre la cultura en el mundo de hoy, el espectáculo y el papel de los intelectuales. Me propongo participar en este tema con una conferencia que dictaré el mes próximo, convencido de que debo partir de la realidad que expresa el autor cuando dice ´Este pequeño ensayo no aspira a abultar el elevado número de interpretaciones sobre la cultura contemporánea, sólo a dejar constancia de la metamorfosis que ha experimentado lo que se entendía aún por cultura cuando mi generación entró a la escuela o a la universidad y la abigarrada materia que la ha sustituido, una impostura que parece haberse realizado con facilidad, en la aquiescencia generalª.

El Ministerio de Cultura, Alfaguara en Santo Domingo, La Fundación Corripio, Centro Cuesta del Libro a través del Foro Pedro Mir, las Universidades, el Ateneo, la Academia Dominicana de la Lengua, u otros espacios adecuados para debatir temas como estos que me parecen nodales para una vida intelectual creativa, propositiva y de futuro.

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