No hemos sabido aprovechar el caos imperante en la República Dominicana. Sin ánimo de escandalizar puede ser material de exportación y promoción. Cuando alguien descubra este “extraño tesoro del Caribe” y su potencial, Dios nos libre de sus consecuencias. Por ejemplo, que a un audaz empresario, se le ocurra, aprovechando el imperio del caos que existe en el tránsito vehicular, promocione lo siguiente: “1) ¿Desea usted disfrutar del placer de atropellar a peatones y conductores a su discreción con la seguridad que quedará impune su delito? No lo piense dos veces. Contáctenos y saboreará lo que siente un asesino confeso, disfrutando del placer de cómo sube su adrenalina a extremos insospechados, pruébelo... Venga a la República Dominicana, no se arrepentirá, garantizamos su sadismo. 2) No tienen lugar para construir más cárceles en su país, o no disponen de los recursos económicos para construirlas, disponemos en la República Dominicana de un lugar donde los internos (antes reclusos), por un costo mínimo, pueden cumplir su condena y programar su reeducación; consiste en montarlos todos los días en un autobús que llamamos “voladoras” durante 14 horas, aseguramos que en el menor tiempo posible pedirán “cacao” y jurarán nunca más delinquir, bajo el constreñimiento de montarlos de nuevo en esos artefactos infernales. 3) Economice tiempo, combustible y dinero enseñando a manejar en la República Dominicana. Método eficaz, no tiene fallas, consiste sólo en observar cómo se conduce en las vías públicas para aprender lo que no debe hacer un buen conductor. Este curso dura sólo un día; aprovéchelo, inversión asegurada”. La impotencia, nos hace a veces, “arrojar en la propia llama, la sal de la ironía para sentirla crepitar”.