Se puede decir que hay un violento menos cuando muere, o también cuando es retirado de las calles y es encerrado en una cárcel. Pero también oí con tanto gusto a alguien que decía: “Hay un violento menos en el mundo, no porque haya muerto, sino porque yo, que soy violento, desde hoy renuncio a la violencia”. “Sé que me va a costar mucho”, decía, “pero trabajaré conmigo mismo porque mis palabras son violentas, me han hecho daño a mí, le han hecho daño a otras personas. Antes de que la violencia desaparezca por yo muero, yo la quiero matar en mí mismo. Antes de yo asesinar, quiero asesinar la violencia”. “Desde hoy”, decía él, “habrá un violento menos”.
Cuántas veces habrá que repetir lo mismo, cuántas veces hoy, en República Dominicana, muchos tendrán que decir: “Hay un violento menos porque hoy he decidido ni hablar con violencia ni matar a nadie”.
Hasta mañana, si Dios, usted y yo lo queremos.