Somos un país sin vocación para documentar la historia. Ningún otro período de la Vida Republicana ha sido tan dinámico y activo como el último medio siglo. En todos los sentidos...
Sobre todo en la política, donde no nos quedó nada por ver.
Desde la dramática decapitación de la tiranía de Trujillo, su todopoderosa familia salir con la sábana por un canto, el saqueo de sus bienes, las turbas enardecidas en las calles, las primeras formaciones partidarias, las elecciones libres de 1962, la Navidad con Libertad, el golpe de Estado del 63...
El exilio de Bosch, la guerrilla y fusilamiento de Manolo, las tropelías del Triunvirato, la Revolución del 65, la ocupación militar de los Estados Unidos, las elecciones del 66, la represión de los 12 años, el secuestro del coronel Crowley, los asesinatos de los izquierdistas, de militares, de policías, los presos políticos, los exiliados...
Las interminables reelecciones de Balaguer sin la contraparte opositora, la muerte de Amaury y sus compañeros de Los Palmeros, la guerrilla y fusilamiento de Caamaño y sus compañeros, los exiliados, la pugna entre los guardias, la banda colará... El intento de golpe de Estado de Wessin, las elecciones de 1978 y el intento de Golpe de Estado...
La llegada de Antonio Guzmán al poder, la amnistía de los presos políticos, el retorno de los exiliados, la dramática salida de los jefes militares represivos; el apodo de “Mano de Piedra” al Presidente, el ciclón David, la tormenta Federico, la devastación del país, las interminables semanas sin agua ni luz, la escasez de alimentos y de combustibles...
La familia presidencial ocupando como Residencia el Palacio Nacional, la amabilidad y gentileza de doña Renée, la caballerosidad de José María Hernández, el vigor de Sonia Guzmán, los hijos de ambos correteando por los pasillos de la mansión presidencial, la humanización de la vida palaciega...
Los decires maliciosos sobre tenencias inexistentes y adquisiciones mentirosas de grandes propiedades, la imperdonable expropiación de la Finca Aguayo, las pugnacidades de siempre en el PRD, la rivalidad entre el vicepresidente Majluta y el candidato favorito Jorge Blanco, las primarias abiertas de ese partido, las elecciones del 82 y el triunfo de aquel popular abogado santiagués.
El dramático suicidio de Antonio Guzmán, el ascenso de Majluta al poder por 40 días, la juramentación de Jorge Blanco con sus “manos limpias”, la llegada de Majluta a la presidencia del Senado, su pujilato con el Presidente, los líos de la Presa de Madrigal, las divergencias con Peña Gómez, la convención del Concorde, la interminable negociación entre Peña, Jorge Blanco y Majluta, las elecciones de 1986, el retorno de Balaguer al poder...
¡Y ahora es que falta...!
Desde la muerte de Trujillo el 30 de mayo de 1961 al retorno de Balaguer al poder, en el 86, en esos 25 años, ocurrieron en el país todos esos acontecimientos que un ligero recuento histórico sin ningún rigor me permite recordar.
Fue el cuarto de siglo más accidentado de nuestra historia. Nunca en tan corto tiempo se habían producido acontecimientos tan dramáticos en la vida dominicana, algunos de ellos con consecuencias que aún repercuten porque provocaron un giro espectacular en la vida del país.
Algunos de esos acontecimientos fueron desencadenantes de otros cuyas consecuencias gravitan aún. Por ejemplo, el Golpe de Estado del 63 contra el profesor Juan Bosch provocó la revuelta cívico-militar del 65 y ésta la ocupación norteamericana y las elecciones del 66 que impusieron a Balaguer como Presidente.
Sin el primero de estos acontecimientos, lógicamente, la historia se contara de otro modo, y resulta ocioso proyectar el país que tuviéramos hoy. Pero el ejercicio mental talvez sirva para recordar que Juan Bosch fue elegido el 20 de diciembre de 1962 por un período constitucional de 4 años y que su propia Constitución proscribió la reelección.
Las elecciones regulares, de haber continuado ese proceso democrático, habrían de celebrarse el 16 de mayo de 1966, y Bosch debió entregar el mando tres meses después, el 16 de agosto, al presidente elegido en esos comicios. Balaguer, por supuesto, habría estado fuera del escenario electoral.
Las elecciones igualmente se celebraron en 1966, pero el primero de julio, las cuales ganó Balaguer, el candidato que apoyaban los norteamericanos que aún permanecían con sus tropas en el país. Bosch fue el candidato perdedor... La historia comenzó a ser otra.
El rigor histórico
Los primeros 12 años del gobierno de Balaguer, entre 1966 y 1978, se destacaron por la represión política. Hubo centenares de jóvenes asesinados, mayormente pertenecientes a los grupos de la izquierda radical. Pero también fueron asesinados muchos soldados y policías.
En las cárceles había centenares de jóvenes presos por razones políticas, con falsas acusaciones y expedientes prefabricados por jueces y fiscales que en muchos casos pertenecían a las Fuerzas Armadas y a la Policía.
Cientos estaban en el exilio, principalmente en los países de Europa Oriental, algunos en México y muchos en Cuba. En Cuba, precisamente, se entrenaron el coronel Caamaño y los expedicionarios que le acompañaron en la aventura de Caracoles, en la Navidad de 1972, donde sólo tres sobrevivieron, Hamlet Hermann, Claudio Caamaño Grullón y Toribio Peña Jáquez. Este último moriría años después de causa natural retirado de toda actividad política.
Los últimos 10 años de gobierno de Balaguer, entre 1986 y 1996, tuvieron mayor apertura democrática, y aunque la práctica electoral para reeditarse cada cuatro años en el poder fue igualmente cuestionada, sin duda la represión y la sangre estuvieron ausentes en ese lapso de nuestra historia.
Pero, en definitiva, muy pocos escritores dominicanos han documentado ese tormentoso medio siglo de la vida dominicana.
!Cesar, la idea es tuya y puedes hacerla llevar a cabo para compartirla con la humanidad.