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Ventana 31 Mayo 2008
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“Chiquita”, novela que derrocha cubanía por sus cuatro costados
ANTONIO ORLANDO RODRÍGUEZ, VENDRÁ AL PAÍS EN SEPTIEMBRE COMO PARTE DE LA GIRA PROMOCIONAL
  • El autor coleccionó fotos originales de Espiridona Cenda, la famosa artista cubana, y las incluyó en su libro premiado.
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Luis Beiro
luis.beiro@listindiario.com

SANTO DOMINGO.- Los días cubanos de Antonio Orlando Rodríguez fueron de trascendencia creativa. Su precoz capacidad de invención lo llevaron a cosechar importantes logros narrativos desde su primera juventud, sobre todo, en los géneros de Literatura para Niños y Jóvenes y la Ciencia Ficción.

Siempre fue un escritor de pies a cabeza, ajeno a la política y al crecimiento personal a costa del sufrimiento ajeno. Alejado de los mecanismos del poder y concentrado en su trabajo, sus primeros libros llamaron la atención a todos los que por aquellos años intentábamos decir algunas cosas por su nombre. Junto a Chely Lima, Daína Chaviano y otros integrantes de su promoción, conformó un equipo de rigor que siempre será recordado por su entrega a la escritura, aún en las peores circunstancias.

Un día decidió, como cientos de escritores cubanos, probar suerte por sí mismo y entre Costa Rica, Colombia y Estados Unidos, pasó 17 años corriendo la suerte del emigrante que aspira a vivir de la literatura. Publicó varios libros y alcanzó escaños a nivel continental. Sin embargo, Cuba no se ha ido de su sangre. Por el contrario, mientras más escribe, más antillano se siente y no sólo de convicción, sino de temas y raíces. Su obra respira cubanía y es un ejemplo de cómo llevar la patria dentro de sí mismo sin tener que recordarla en alta voz en busca de ecos transitorios.

Ahora, ha alcanzado el ansiado premio Alfaguara que si bien no es su consagración definitiva, al menos constituye un vehículo de promoción excepcional que lo convertirá, durante un año en la figura más visible de las letras iberoamericanas, tanto por la proyección que otorga la distinción como por la circulación de su texto, al unísono, por todos los países de habla hispana.

Un jurado presidido por el nicaraguense Sergio Ramírez e integrado por Ángeles González-Sinde, Jorge Volpi, Guillermo Martínez, Ray Loriga y Juan González le confirió por unanimidad, entre 511 manuscritos procedentes de medio mundo, el Premio Alfaguara de novela 2008 por su “Chiquita”, un retrato de la Cuba de finales del siglo XIX que tiene como telones de fondo la occidental provincia de Matanzas, la Guerra de Independencia de la Mayor de las Antillas y la vida de un personaje real: la famosa artista liliputiense cubana Espiridiona Cenda, nacida en 1869 y quien al emigrar de Cuba en su primera juventud (producto de los descalabros económicos de los cubanos como secuela de la guerra) se erige en símbolo del emigrante que, en cualquier época y contexto no se dio por vencido en su afán de triunfo.

La historia
Espiridiona Cenda, quien en su vida adulta medía apenas 66 centímetros, fue conocida como “la muñeca viviente” y como tal se presentó en diversos escenarios internacionales a los que posiblemente nadie asistía para escucharla cantar sino para verla como fenómeno humano, más cercano al arte circense que a la música fina. Rodríguez se encarga de dibujar la intensidad de esta mujer desde una célebre frase que nace de las profundas reflexiones de sus personajes: “La grandeza no tiene tamaño”.

La novela, es un homenaje a la grandeza de lo pequeño, simbolizado en la estatura de su protagonista pero que se vincula a otras categorías literarias y humanas tradicionalmente consideradas como “cosas menores”. Referencias a “Pulgarcito” Portada del libro “Blanca Nieves en el país de los enanos”, “Guilliver, los “Gnomos”, etc, nos recuerdan los mejores momentos de la literatura infantil.

La importancia de la vida en provincias con su cultura y personajes literarios, la recurrencia a la ciencia ficción, la exaltación de la religión afrocubana y a la poesía, son otros elementos descritos con solemne precisión que rescatan el valor de los espacios alejados de las grandes urbes y de los modelos preconcebidos de cultura.

Espiridiona nos llega de la mano de un escritor que enaltece su vida con la palabra mejor. No teme mezclar realidad con ficción de manera convincente. El lector a veces no puede deslindar los límites entre ambas categorías. Su prosa es hermosa pero firme, segura, equilibra y sabia.

Su estructura narrativa está concebida como una autobiografía dictada por la protagonista en su vejez a un periodista que trata de cotejar verdad y exageración y que se inicia desde la infancia de Chiquita en la Cuba colonial hasta su presencia en importantes escenarios de Estados Unidos y Europa.

El apoyo con pie de páginas complementa su coherencia formal. A veces son datos que contradicen la versión de la protagonista o del propio escribano. En otras ocasiones, son informaciones que complementan la historia; y también constituyen estampas y subtramas que rinden tributo a maestros del género como Manuel Puig.

Si la historia del personaje, por si sola, impacta y trasciende; la forma en que está armada seduce y atrapa. No hay aquí rejuegos intelectuales ni trampas comerciales en busca de un fácil mercado. “Chiquita”, a pesar de sus 550 páginas, no aburre. Rodríguez ha creado una novela extensa que invita al lector a consumirla sin saltar sus páginas. Y su mejor certeza es su condición de obra literaria por sus cuatro costado. Y emprende divorcio total con la muy de moda estructura del relato con influencias cinematográficas.

El autor no teme enfrentar la intensa emoción, las pasiones, los gustos y devaneos sentimentales de una artista que no se resigna a ser menor. Por eso su vida está reconstruida con precisión y finura desde una época de esplendor cultural: los teatros de variedades, y sus protagonistas. De la mano de la verdad, la fábula adquiere ribetes mágicos que se yuxtaponen como pinceladas de sorpresas.

Y por sobre todas las interpretaciones y poses, la gran lección de esta novela es el trasfondo de su intimidad: la lucha del emigrante por triunfar en cualquier medio y bajo cualquier circunstancia sin importar la magnitud de su dolor, ni la dimensión de su discurso. Estamos también, ante la paradoja concreta del cubano que desde tiempo inmemorial no se ha conformado con el destino trágico impuesto por la guerra y la opresión, y ha saltado al mundo con sus canciones y recuerdos: herido a muerte de nostalgia por la patria, pero convencido de que su mirada es parte también de un universo mucho mayor que realza como humanos: el valor de la dignidad individual y del pensamiento propio.

En septiembre próximo, Antonio Orlando Rodríguez llegará al país de la mano de Alfaguara a hablar de su novela y a escuchar nuestras opiniones en voz alta. Mientras llega ese momento, los dominicanos tenemos unos meses para leer y reflexionar acerca de su pieza premiada, justo en esta isla dividida en dos, y que no por extraña coincidencia ostenta la buena vecindad con el escenario geográfico.

Quienes aman a Cuba y la sienten como su propia patria, van a comprender ciertas pasiones del cubano que no salen a la luz muy fácilmente. Este es, pues, otro reto de “Chiquita” que, por cierto, seguirá desde la inmensidad de su tamaño diminuto como símbolo del valor de las islas frente a la “tierra firme”.

BIOGRAFÍA

Quién es el autor

Antonio Orlando Rodríguez, nació en Ciego de Avila, Cuba, en 1956. Escritor, editor y periodista. Licenciado en Periodismo en la Universidad de La Habana. Ha residido en Costa Rica, Colombia y, actualmente, en Estados Unidos. Es autor de la novela para adultos Aprendices de brujo (Alfaguara, 2002, Rayo/HarperCollins, 2005), de los libros de cuentos Strip-tease (1985) y Querido Drácula (1989) y de la obra de teatro El León y la Domadora (1998).

Su bibliografía incluye también investigaciones literarias como Literatura infantil de América Latina (1993), Panorama histórico de la literatura infantil en América Latina y el Caribe (1994), Puertas a la lectura (1993) y Escuela y poesía (1997).

A lo largo de su carrera ha publicado numerosas obras para niños y jóvenes, entre las que se encuentran El rock de la momia, Mi bicicleta es un hada y otros secretos por el estilo, La isla viajera, ¡Qué extraños son los terrícolas! y La maravillosa cámara de Lai-Lai.

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