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Ventana 31 Mayo 2008
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REFLEXIÓN
Movimientos literarios nacionales actuales
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Manuel Mora Serrano

Cualquier lector pensaría que voy a desentrañar los misterios del ‘contextualismo’ de Cayo Claudio Espinal y el ‘interiorismo’ de Bruno Rosario Candelier, que aparecen en diferentes manifiestos de sus autorías y en libros y ensayos de sus seguidores.

Uno desde Moca y otro desde San Francisco de Macorís, es decir desde el corazón del Cibao, han pretendido revolucionar o encauzar el quehacer lírico en el país, aunque casi nadie, fuera de sus seguidores, se refiere a estos casos. Más que hablar de estos fenómenos de nuestra cultura a caballo entre los dos siglos, me interesa saber por qué ocurren y qué pensamos de la necesidad de crear capillas literarias o artísticas.

En todos los tiempos ocurren cambios. A veces imperceptibles hasta por los propios creadores, como fue el caso de Aloysius Bertrand con su ‘Gaspard de la Nuit`, en el que invirtió el caso tradicional de que los pintores se inspiraran en poetas y trató, según el subtítulo, de hacer simples “narraciones fantásticas a la manera de Callot y de Rembrandt” (Editorial Bruguera, Barcelona, 1983), y si embargo, cuando murió en 1841, de acuerdo a la carta que David D’Angers le remitió a Sainte-Beuve, en su entierro: “Allí no había ni caballos enjaezados, ni coche fúnebre decorado con los ricos emblemas de un poder apagado por la muerte, ni largas filas de carruajes con blasones, ni compañías de soldados presentando armas, sino sólo el entierro de un pobre seguido por un hombre desconocido”.

Empero, ese hombre casi anónimo, salvado para la historia por Charles Baudelaire en el prólogo de sus ‘Pequeños poemas en prosa (Spleen de París)’, es el creador de un nuevo género literario: el poema en prosa. Mitad cuento mitad poesía. En nuestra literatura hemos encontrado otros creadores de movimientos que en su momento no fueron seguidos.

Sin el criollismo impulsado por José Joaquín Pérez en su rebelión contra el exotismo modernista en su poema ‘De América’, que alcanza sus notas más altas con ‘Las Criollas’ de Arturo Pellerano Castro y una caterva de poetas que siguieron sus lineamientos, que van desde Bienvenido Salvador Nouel, el primero; Armando Álvarez Piñeiro, Federico Henrìquez y Carvajal, J. Chery Victoria, hasta Emilio A, Morel que la enriquece con el conchoprimismo, que tendría un epígono en ‘Compadre Mon’ de Manuel del Cabral; sin el yoísmo “interiorista” de Pérez Alfonseca y el socialismo de Bermúdez, nunca hubiera existido el postumismo y sin el postumismo a Manuel Zacarías Espinal no se le hubiera ocurrido el vedhrinhismo.

Lo más sorprendente es que en los casos, tanto de Federico Bermùdez con la poesía social, como en Ricardo Pérez Alfonseca con su “yoísmo”, ambos hicieran manifestaciones de esos ismos, no tenidos por tales por los críticos nuestros quizás, a falta de seguidores inmediatos, aunque estén documentados, cosa que no ha aparecido en lo referente al supuesto vedrinismo de Vigil Díaz de 1912. En realidad somos la suma de lo que fuimos.

No todo el contextualismo está en la discusión de Avelino y Moreno sobre la ciencia y la poesía. En la cual el primero sostenía que eran dos cosas completamente diferentes rebatiendo a Domingo que decía que eran la misma cosa. Es posible que sin ese rescoldo, las teorías de Cayo Claudio Espinal no tuvieran el asidero y la fuerza que tienen.

Cuando se leen los lineamientos de Rafal Augusto Zorrilla sobre lo que debería ser el postumismo, uno se sorprende que Bruno Rosario Candelier no lo proclamara junto al yoísmo de Pérez Alfonseca como los antecedentes nacionales de su movimiento, que curiosamente tuvo su origen en los años setenta luego del poema ‘Acontecen Neblinas’ de Cayo Claudio Espinal, que trasformó totalmente el hacer poético del país entre los jóvenes del ochenta.

Pero desde más atrás vienen las declaraciones de Rafal Augusto Zorrilla en ‘Sus Apuntes Postumistas’ de 1922, en el cual dice entre otras cosas “Realicemos la unidad subjetiva y objetiva tangibilizando el ideal en una belleza subconsciente, como pura creación del espíritu; unas veces auxiliado por las propias energías del sublimal y otras por fenómenos sinestésicos en el campo sensorial. Elevándola así, a la más alta armonía.

Con el trascendentalismo de Emerson, las investigaciones ultra metafísicas de Maeterlink, el imperativo de los mundos interiores de Carlyle y el animismo de Jesús, hagamos las bases filosóficas del arte del futuro.” (que el lector se fije en eso de “los mundos interiores” de Carlyle, y recuerde “el reino interior” del que hablaba Rubén Darío y al que se adscribía Pérez Alfonseca).

En resumen, queríamos señalar que la premisa bíblica de que no hay nada bajo el sol fue contrapuesta por la divisa de ‘Los Nuevos: “Hay mucho nuevo bajo el sol, ¡encuéntralo!”. Los enemigos de los “ismos” y de los movimientos, dirán lo que le dijeron en su día a los postumistas: “palabras, palabras”. ¿Y usted, lector, piensa que son necesarios o no?

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