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Ventana 12 Septiembre 2009
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VIDA ENTRE LETRA
El meridiano de París
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Sarah Leyla Puello
sarah.puello@gmail.com

Me fui en busca de la línea que marca el meridiano de París. ¡Qué tonta idea! ¿Qué tonta idea? Evidentemente que su rastro es imaginario.

¿Pero cómo es que dices que hay una línea si yo no la veo? Yo paso por aquí todos los días, trabajo a la vuelta de la esquina, allí en el restaurante marroquí, ¿lo conoces? y nunca he visto tal línea. A ver, explícamelo de nuevo.

El tipo que se desmontó de su carro, me vio con cara de extravío y pensó sin dudas, ¡este es mi día! Hoy le tocaría ‘levantarse’ a una turista sola y perdida. Pero su sorpresa ante mí solo le había provocado esas preguntas entre risitas solapadas.

Lamentablemente para para sus expectativas 1), su turista no era turista ni estaba perdida; 2), su ‘turista’ era académicainvestigadora- de-literatura- comparada; tres, su tu-ris-ta seguía el trayecto de una línea que no se ve pero que existe, y a la que le llaman, simbólicamente, el meridiano de París.

No te entiendo, pero intentaré ayudarte (no convencido de mi caso quería cerciorarse de que no le estaba inventado una excusa para que se fuera o al menos de que no estaba loca). Me agarró el libro de entre las manos y leyó: ‘bajo la claridad que alumbra la vitrina de instrumentos de música de la calle Duperré. Levantó los ojos hacia mí, luego sobre su cabeza: estábamos frente a la tienda de instrumentos de música. Entonces miró hacia la esquina como para confirmarme lo que ya sabía: esta era efectivamente la calle Duperré. Yo no veo nada, de verdad.

Pero lo intentó. Luego de dar un par de medias vueltas y agacharse hasta poner los ojos al nivel de la ranura que separaba la puerta del negocio de la acera, puso fin a su causa. Nunca sabré a cual, pero cada quién siguió su camino. Tenía que ver a un amigo, me inventó.

Lo que nunca supo él es que yo ya llevaba medio día buscando la línea.

Debía estar marcada 135 veces desde La Puerta de Montmartre hasta la de Gentilly, por unas medallas metálicas incrustadas en el suelo. En Pigalle debía estar la número 11, excepto que aún no había dado con las 10 anteriores.

Al llegar a Opéra me dí finalmente por vencida, convencida de que mis ojos también eran un fracaso.

Más tarde el Internet, en una búsqueda que duró lo que dura insertar ‘meridiano de París’ y oprimir ‘Buscar’, supe que el desgaste urbano y los trabajos de construcción habían eliminado casi completamente las huellas de la línea. En realidad o en mi imaginario sí había dado con el meridiano.

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