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Ventana 3 Marzo 2012
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MÚSICA
Leidy Rodríguez, una joven que no sabe quejarse
ANIMA A LOS JOVENES A EMPLEAR EL TIEMPO DE MANERA SABIA
  • Por amor. Leidy sintió que debía abandonar la carrera; cuando las cosas no iban muy bien.
Laura Durán
Santo Domingo

Su piel trigueña combina a la perfección con su larga cabellera castaña y sus ojos cafés.

El salón está en absoluto silencio; luces tenues de colores iluminan el ambiente.

Ella, muy segura de sí, se pone de pie con su violín en la mano, respira profundamente e interpreta Presto de la Sonata no.1 de Bach para violín.

Miradas atónitas, rostros resplandecientes; nadie quiere romper el hermoso silencio que se ha formado.

La melodía que sus dedos hacen al entrar en contacto con las cuerdas; pareciera que sus dedos juguetean.

En su rostro se puede ver el sueño de una joven prometedora.

Disciplina, entusiasmo y tenacidad, son los adjetivos perfectos para describir a Leidy Franchesca Rodríguez Queiro, concertino de la Orquesta Juvenil Juan Pablo Duarte del Conservatorio Nacional de Música.

Tiene más de la mitad de su vida tocando violín. A sus 17 años de edad, posee una carrera musical de 10 años; 5 de ellos en el Conservatorio Nacional de Música.

Entre cuerdas
Y pese a que ella no elijó estudiar música, no se arrepiente de seguir las directrices de sus padres, pues en la música ha encontrado un refugio para su vida.

Su madre, Magdalena Queiro lo relata muy bien: “recuerdo que Leidy quería tocar oboe, pero el maestro que le hizo la prueba nos dijo que estaba muy pequeña y su cuerpo no estaba desarrollado. Pero ella nunca se quejó”.

Mientras la mayoría de jóvenes de su edad están durmiendo los domingos en la mañana, Leidy Rodríguez practica una y otra vez; escala tras escala, estudio por estudio, sonata tras sonata.

“Cuando mis padres me pusieron a estudiar música me dieron dos opciones; me dijeron que podía tocar violín o piano, y yo me elegí el violín”; señala la joven músico.

Odalis Rodríguez y Magdalena Queiro, padres de Leidy Francesca tuvieron la visión y la ardua tarea de encaminarla en el afanoso sendero de la música.

“Veíamos en Leidy aptitud, potencial y herencia genética para la música. Por lo tanto decidimos ponerla a estudiar música. Además, nuestro deseo es que ella y pueda alabar a Dios a través de sus talentos y su profesión”, señala Magdalena Quiero, madre de Leidy, Junto a su hermano mayor, Leandro Rodríguez –quien toca piano, guitarra y bajoa muy temprana edad, emprendieron la carrera musical que hasta ahora les ha dado muchas alegrías.

La música es para Leidy Rodríguez, lo que fuera la palabra para Pablo Neruda: “Todo lo que usted quiera, sí señor, pero son las palabras las que cantan, las que suben y bajan… Me prosterno ante ellas… Las amo, las adhiero, las persigo, las muerdo, las derrito… Amo tanto las palabras… Las inesperadas… Las que glotonamente se esperan, se acechan, hasta que de pronto caen… Vocablos amados… Brillan como perlas de colores, saltan como platinados peces, son espuma, hilo, metal, rocío… Persigo algunas palabras… Son tan hermosas que las quiero poner todas en mi poema… Las agarro al vuelo, cuando van zumbando, y las atrapo, las limpio, las pelo, me preparo frente al plato, las siento cristalinas, vibrantes ebúrneas, vegetales, aceitosas, como frutas, como algas, como ágatas, como aceitunas… Y entonces las revuelvo, las agito, me las bebo, me las zampo, las trituro, las emperejilo, las liberto… Las dejo como estalactitas en mi poema, como pedacitos de madera bruñida, como carbón, como restos de naufragio, regalos de la ola… Todo está en la palabra…” Es que a través de la música Leidy es capaz de expresar todo lo que siente.

Su vida
La música le ha permitido traspasar no solo las barreras culturales, sino también las físicas, y gracias a esto Leidy Rodríguez junto a su inseparable compañero inseparable, su violín, ha visitado Perú, Puerto Rico y Estados Unidos.

Para Leidy tocar en la Orquesta Sinfónica Juvenil Juan Pablo Duarte no es suficiente, por ello los fines de semana toca en la Banda juvenil de la Iglesia Adventista de Quisqueya, la comunidad eclesiástica a la que pertenece.

“No me veo ejerciendo otra carrera”, dice Leidy Rodríguez, a pesar de la mala fama que tiene la carrera de música clásica por su baja paga en nuestro país. “Lo que la música necesita en nuestro país es más apoyo del gobierno, más fondos y proveer para que el estudiante se incentive a estudiar porque puede tener un futuro asegurado con la música”.

Capriccio no. 13 de Paganini, dos sonatas de Bach y la sonata de César Frank, mantienen ocupada a esta joven violinista que nunca ha sacado menos de 95 puntos en sus exámenes y cuyo mayor sueño es glorificar a Dios a través de la música.

Dentro de sus proyectos, Leidy planea finalizar sus estudios en el Conservatorio Nacional de Música y especializarse como solista.

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