Ventana 11 Agosto 2012
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MI BARRIO EN LETRAS
Educando desde la precariedad
EL DESEO DE EDUCAR A LOS NIÑOS HA SIDO LA PRINCIPAL MOTIVACIÓN DE ESTOS GESTORES CULTURALES EN SU LABOR
  • Interacción. El profesor Ramón Mesa intercambia ideas con sus alumnos en medio de una jornada literaria en los talleres de escritura.
Ángel García
San Cristóbal

Los talleres literarios, con el pasar del tiempo se han constituidos en el buque insignia de la Fundación Literaria Aníbal Montaño (FLAM). En aulas sin muros, decenas de niños han comenzado a cultivar las letras en todas sus formas.

Una pequeña casa ubicada en la calle Presidente Guzmán número 4 del sector Madre Vieja Norte ha sido por largo tiempo el único local con que cuenta la organización. Cada miércoles y viernes en la tarde decenas de niños se reúnen allí.  El resto de los talleres funciona en patios y en las casas de algunos colaboradores.

El intenso calor que se siente bajo aquel techo de zinc hace casi imposible que se pueda impartir docencia en él, pues no tiene abanicos. La pizarra es una de las paredes del local pintada de azul y sus butacas son unas pocas sillas plásticas, que según nos cuenta Ysabel Florentino fueron donadas por un amigo.

Profesores empíricos
La mayoría de los instructores de “Mi barrio en letras” y de los “Talleres de escritura creativa” no son licenciados en Pedagogía, son jóvenes que se han dedicado a la enseñanza motivados por su profundo deseo de ver una sociedad más educada, donde los jóvenes tengan más opciones que las que le presenta el sistema.  Los propios instructores explican que muchos de estos niños cargan con traumas, quizá causados por las condiciones de precariedad en la que viven, pero a través de sus poemas lo sacan a flote y eso permite que lo puedan superar.

Ramón Mesa, vicepresidente de la FLAM, explica que muchos de los instructores con que cuentan iniciaron a participar de los talleres literarios siendo muy jóvenes y sin tener ningún conocimiento sobre literatura pero con el pasar de los años fueron adentrándose en el estudio de las letras y hoy muchos de ellos han ganado diversos concursos nacionales de escritura.

Marlex Rodríguez es una joven estudiante de Magisterio que se inició en la FLAM por su profundo amor a las letras. Marlex ha convertido la galería de su casa en un aula para la formación de niños escritores donde recibe casi una docena de alumnos dos veces a la semana.

“No siempre hemos contado con el mismo respaldo, en principio era una tarea más difícil. Había días en que nosotros llegábamos a un lugar y nos encontrábamos con personas que prendían sus radios adrede para impedir que pudiéramos trabajar”, cuenta la joven educadora.

Yaina Melissa Rodríguez, es autora de varias publicaciones, entre ellas el libro Insomnio. Su vocación de servicio la ha llevado a viajar dos días a la semana de San Cristóbal a Baní donde colabora en la formación de otros jóvenes.

“Lo que hacemos es gratificante, la gente reconoce lo que uno hace. Esta mañana mientras caminaba por el barrio una señora me llamó, yo pensé que era para pedirme que le hiciera un mandado o algo así, entonces, ella me preguntó: ¿Dónde puedo adquirir tu libro? Para mí fue súper grato”, narra Yaina en medio de las carcajadas de sus compañeros.

Para estos jóvenes educadores no todo es alegría, en muchos casos no tienen los recursos para trasladarse de un lugar a otro o para suplir algunas necesidades, pues su labor como instructores no es remunerada. “Mi experiencia como profesor ha sido muy bonita he aprendido bastante junto a ellos. Es impresionante ver la forma en que ellos escriben sobre la realidad que le rodea”, expresa Alexy Aybar de 20 años.

Dibujando palabras
La tarea de crear imágenes que transmitan ideas y sentimientos no es nada fácil, sobre todo si son para adornar las palabras que otros han escrito. Domingo Guzmán es el diseñador de cada uno de los proyectos visuales que la FLAM realiza. Convertir en imágenes cada verso es parte de su honrosa labor.

“Yo tengo a cargo la parte gráfica de los talleres, eso incluye diseñar los periódicos de la fundación, los breviarios y parte de los libros que publicamos en Editorial Montaño. Lo interesante de lo que hago es quizá tratar de interpretar lo que ellos querían plasmar en el momento en que escribieron sus versos. Aquí puedo poner en práctica parte de lo que estudio, pues soy estudiante de Ilustración”.

“A través de lo que hago en he tenido la oportunidad de pintar para algunas entidades nacionales como el Centro Perelló y otra organizaciones culturales, es decir, la fundación me ha dado la oportunidad de proyectarme”.

Luchando contra la precariedad
De acuerdo a los precursores de la iniciativa, no ha sido fácil obtener ayuda para llevar a cabo su labor, explican que las más difíciles de las pruebas que han tenido que superar son las limitaciones de recursos en que viven muchos niños y la falta de apoyo de las autoridades a la institución.

“A nosotros se nos dificulta trasladar estos niños cada vez que tenemos una exposición, pues no tenemos vehículos y hay que pagar transporte. En ocasiones les tenemos que cobrar una pequeña cuota para cubrir el combustible pero muchos de sus padres no tienen ni para cubrir ese gasto”, describe el profesor Mesa.

 Con los ojos aguados Ysabel nos cuenta las peripecias con las que han tenido que lidiar esos pequeños literatos. “En una de las ocasiones en que llegamos a “Barrio Nuevo” a impartir los talleres, visitamos la casa de una de nuestra niña, era la 1:00 de la tarde y  todavía  no habían comido; entonces, el papá le dio 15 pesos para que comprara dos panes y cinco de azúcar para que ella y su hermanito se fueran al taller con algo en el estomago”.

“A finales del 1997 cuando iniciamos el proyecto éramos apenas bachilleres que buscaban un espacio donde expresar sus ideas, pero poco a poco nos hemos convertido en la institución que necesitaban los jóvenes de San Cristóbal. Lo que nosotros esperamos es el apoyo de la comunidad para que esta iniciativa se multiplique y pueda llegar hasta otros lugares. En realidad este es un proyecto único en el país y nos gustaría poder extenderlo a toda la nación dominicana”, expresa Mesa.

Desde la perspectiva de Florentino los talleres literarios son una necesidad. “Quizá estos niños no lleguen a ser grandes escritores en el mañana, pero serán grandes lectores que es lo que necesita nuestra sociedad”.

Manos solidarias.
Pese a la negativa de las autoridades locales a la hora de colaborar con el proyecto Mesa sostiene que han recibido un incalculable apoyo del Instituto Politécnico Loyola y su ex director, Francisco Escolástico quien es un visionario que ha creído en el proyecto desde el principio.

“Algunas de las personas que nos han tendido las manos en momentos de dificultades han sido Flor Rodríguez, directora provincial de Turismo y el comunicador Julito Pereyra, quienes nos han abierto las puertas en momento en que les hemos necesitado”.

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UN GESTOR DE LA CULTURA

Para Julito Pereyra la FLAM ha colocado la cultura en el más alto nivel, además de hacer un trabajo en beneficio de la niñez y la adolescencia.

 “Esta institución  le ha dado otras opciones a los niños de la provincia, además de ir a sus escuelas ahora van a los talleres literarios, donde tienen un futuro promisorio como literatos. En el programa Equilibrio y el periódico El Mensajero los cuales dirijo, la FLAM tiene un espacio donde difundir sus iniciativas”.

Para el comunicador quien también es el director de los Premios Arte y Cultura Fradique Lizardo, el apoyo que el realiza a esta organización es una inversión, pero en procura de forjar un mejor futuro para estos niños que son la esperanza del mañana.  

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