El
proyecto de ley para el control de salarios en el sector público, ha dado mucho
que hablar. Han surgido patriotas favorecedores de la igualdad salarial en las
posiciones de jerarquía orgánica similar en los diferentes sectores que
componen el sector público.
En su
patriotismo igualitario, han dejado de lado las normas contenidas en nuestra
Constitución que regulan de alguna forma a instituciones públicas.
Sin
embargo, han dejado de lado la regulación salarial dentro del poder
legislativo, ¿Es justo el salario y demás prebendas recibidas por nuestros
legisladores? ¿Es justo el famoso barrilito? ¿Quién controla que la labor
legislativa sea congruente con los niveles salariales recibidos? Estas
preguntas deben ser abordadas y contestadas por los mismos hacedores de leyes,
ellos de manera justa e imparcial deben establecer normas al respecto.
Es por
tanto sorprendente que se promuevan en el Congreso gestiones que culminarían en
un proyecto de antemano conocido como contentivo de graves fallas constitucionales.
¿De qué sirve apurar el conocimiento de algo que se sabe tiene graves
violaciones constitucionales? Se procura demostrar una simple rapidez en el
conocimiento de proyectos de leyes, que más adelante ocasionaría un
extraordinario retraso debido a las correcciones que otros tendrían que hacer.
Eso no
es eficiencia, eso no es para lo que se eligieron nuestros congresistas, se
eligieron para que produzcan proyectos “viables” , es decir, que contribuyan a
un trato justo de todos los sectores tanto del sector público como del privado,
no que se constituyan en muñecos de interminables discusiones sobre su
inconstitucionalidad o no.